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martes, 17 de octubre de 2023

17 de Octubre, Día Mundial de la Erradicación de la ...


Hablamos mucho de pobreza, y de muchas maneras. En estos días, alrededor del 17 de octubre, día marcado en el calendario en torno a esta palabra, volveremos a hablar sobre ella y compartiremos informaciones, actos y conmemoraciones de muy diverso tipo. Serán diversas precisamente porque hay diferentes concepciones de lo que es la pobreza. Es, como muchos otros, un término tan usado para nombrar diferentes realidades que al final se ha convertido en un cajón desastre en el cabe casi todo, y que más que aclarar, nos confunde.

Pero creo que en este caso la tensión entre las diferentes realidades que cohabitan dentro de esta palabra nos confunde aún más que con otros términos. El primer significado que suele venir a la mente cuando pensamos en pobreza se relaciona con escasez de dinero y recursos. Sobre eso se suele hablar mayoritariamente en medios y discursos mayoritarios: niveles de ingreso, prestaciones, donaciones, ayudas... Algo que se puede resolver aportando bienes a quienes no los tienen. ¿Eso es todo?

No, no es todo. Ni siquiera esté bien enfocado el tema. Miramos a  un lado mientras que lo esencial puede que esté en otro lugar. Una de las cosas que más me ha impactado desde que conocí ATD Cuarto Mundo y lo que Wresinski llamó "el pueblo del Cuarto Mundo", es que aquellas personas a las que se llama "pobres" hablan de lo insoportable que viven como algo que va mucho más allá de las condiciones materiales. Hablan del maltrato que sufren por parte de la sociedad y las instituciones, de desprecio, de sentirse ninguneados, del sufrimiento que provoca el no sentir reconocida su dignidad como personas. En este tiempo he conocido a familias del Cuarto Mundo de diferentes países, europeas, africanas, americanas... y pese a las realidades tan diferentes en las que viven, el punto común que he encontrado expresado en sus distintos idiomas es la misma frase: "nos tratan peor que a perros"

En una investigación reciente junto a la Universidad de Oxford, "Las dimensiones ocultas de la pobreza", militantes Cuarto Mundo que viven en condiciones muy difíciles,  junto con académicas y profesionales de diferentes países del mundo, aportaron un nuevo marco para entender qué es la pobreza, ampliando el foco más allá de lo material para incluir aspectos relacionales y el sufrimiento personal que esta situación conlleva. Un paso importante, la verdad, para entender mejor... pero en el que seguimos encontrando por todos lados la palabra pobreza, tan usada y manoseada que en vez de clarificar nos confunde, creo yo. 

Pero, ¿y si dejamos de hablar de pobreza, de qué hablamos? ¿Cómo nombrar esta realidad que genera tanto sufrimiento y que es intolerable para todo ser humano? Revisando la propia historia del 17 de octubre aparecen algunas pistas interesantes. Naciones Unidas reconoció este día en 1992 como Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, pero su origen se remonta al 17 de octubre de 1987, cuando Wresinski convocó una movilización ciudadana que culminó en la Plaza del Trocadero, en París, y que tuvo continuidad en años posteriores con otro nombre diferente al luego acordado por la ONU. La convocatoria original fue a conmemorar el Día del Rechazo a la Miseria, y su sentido quedó fijado en la placa que luego se ha reproducido en diferentes lugares del mundo, poniendo el foco sobre varios aspectos fundamentales:

«Allí donde hay personas condenadas a vivir en la miseria, los derechos humanos son violados.

Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado.

P. Joseph Wresinski

Miseria, no pobreza. Ese fue el término que eligió Wresinski, y que aparece en muchos de sus textos. Suena fuerte, demasiado fuerte, quizás por eso la hemos dejado de usar en estos tiempos, porque nos incomoda, nos violenta. Pero justamente ahí reside su importancia, su potencia. Nombra algo que es insoportable, y por eso molesta. Y nombra algo que va más allá del tener o no tener recursos, que tiene que ver con la mirada que se tiene sobre quien sufre esa condición. Nadie se autodefine como miserable, sino que se utiliza esta palabra para nombrar a quienes sentimos por debajo, no dignos de pertenecer nuestro mismo grupo o comunidad, para atacar, denigrar, distanciar... Por eso, cuando la cambiamos, como se ha hecho frecuentemente, por "extrema pobreza", tratando de explicar que no hablamos de cualquier tipo de pobreza sino de aquella que afecta a toda la persona, perdemos por el camino gran parte de su significado original. Un significado que va más allá de lo que se tiene o lo que no se tiene y que señala el lugar social y las relaciones que se tienen con el resto de la sociedad.

La miseria es una condena. Eso señala también la frase de la placa. Hay personas que son condenadas a vivir en la miseria, en condiciones de vida indignas, no por propia voluntad ni por dejadez, sino por nuestro modo de organización social, que les juzga y abandona en un lugar del que se pretende que no escapen. Esta imagen rompe con esa otra tan frecuente de "caer en la pobreza", como algo fortuito y de lo que se puede salir simplemente con el esfuerzo personal y quizás un poco de ayuda extra. Esos casos existen, pero no es lo que se vive desde la experiencia del pueblo del Cuarto Mundo. Quienes han vivido toda su vida en pobreza ven como hay dinámicas sociales que les atrapan impidiéndoles romper de manera definitiva con esa carga que arrastran, y que además se van transmitiendo de generación en generación, como una condena o una maldición que cae también sobre sus hijos y nietas (sobre esto estamos trabajando en una investigación de la que presentaremos  resultados en unos meses, "Romper con la herencia de la extrema pobreza"). La miseria no es algo puntual, episódico, sino que se construye y permanece a lo largo del tiempo, estrechando en gran medida el horizonte de liberación posible para quienes crecen atrapadas en ella.

Un tercer aspecto clave del texto de la placa es que la miseria se concreta en el no reconocimiento de los derechos. Por eso, más allá de tapar carencias materiales, la esencial para escapar de esta situación es disponer de unas seguridades básicas e integrales que permitan aportar libremente a la sociedad, sin dependencias ni tutelas, creando vínculos y participando en la comunidad. 

Por eso el llamado final no es a hacer donativos, aportar recursos, enseñar, ni siquiera a luchar... La invitación, la provocación, es a unirnos a aquellas que sufren la miseria en el día a día, a acercarnos y reconocernos... a partir de ahí, de ese mirarnos a los ojos desde la dignidad que compartimos, es como será posible entender mejor cómo actuar y lo que cada cual puede aportar para acabar con las dinámicas y estructuras que mantienen a tantas y tantas personas atrapadas en unas condiciones de vida que destruyen y matan día a día. 

No lo llamemos pobreza si estamos hablando de tantas cosas que desbordan esta palabra. Necesitamos hablar más claro para entender mejor. ¿Es miseria la palabra que debemos usar? No lo sé... quizás sí, o quizás ya no y nos toca inventar otra... lo que sea... pero no dejemos de intentar nombrar lo insoportable de estas realidades... rompamos el silencio, por más que moleste e incomode, y construyamos una nueva humanidad compartida.



lunes, 31 de octubre de 2022

¿Y si dejamos de resistir?

Vivimos días extraños, tiempos agónicos que nos atrapan entre el derrumbe de algunos (¿o muchos?) logros sociales conquistados a lo largo de décadas y la amenaza inminente de un colapso que no terminamos de saber en qué va a consistir, pero sí que se anuncia bastante catastrófico. Tiempos cada vez más estrechos entre ese pasado que nos abandona y ese futuro que se abalanza, dejándonos un presente cada vez más estrecho y asfixiante. Y en este pequeño espacio en el que vamos haciendo equilibrios para no caer, con lo difícil que nos resulta mirar hacia ese futuro que nos angustia, muchos terminamos girando el rostro hacia lo que vamos perdiendo mientras lanzamos un llamamiento a resistir.

Frente a la destrucción del sistema público de salud, frente al abandono de la escuela pública, frente a la precarización de las condiciones de vida y trabajo, frente al crecimiento del individualismo, la fobia al que es diferente y la polarización social extrema, la consigna es similar desde muchos lados: ¡Resistir! ¡Resistir! ¡Resistir!

Pero frecuentemente en esa resistencia no hay esperanza. Es una resistencia que llama a aferrarse al pasado, a herramientas o dinámicas que en otros momentos funcionaron, pero que van perdiendo pie en la realidad actual. Es una resistencia que apela al deber, a la responsabilidad, atrapando toda la energía en proteger algo agónico y en retirada, sabiendo que no es posible evitarla, pero al menos haciendo su desaparición más lenta, más suave, aunque quizás también más dolorosa.

¿Y qué pasaría si en vez de aferrarnos a esa resistencia liberamos la energía que esta nos consume para poder enfocarla a acoger lo que va llegando y acompañar a partir de ahí los procesos en marcha que nos permitan desarrollar nuevas herramientas? Acoger no quiere decir aceptar o aprobar, sino recibir lo que hay, no lo que nos gustaría que hubiera, no lo que creemos que debería ser, ponernos en movimiento a partir de ahí en vez de tratar de echar el pie a tierra y fracturarnos superados por la apisonadora de estos tiempos cada vez más acelerados.  

Dejar de resistir no tiene porque ser abandonar. Ni dejar de estar donde estamos para escondernos en un lugar cómodo. Ese es otro tipo de parálisis que también nos anula. Dejar de resistir tiene sentido si conseguimos hacer algo tan simple y tan complejo al mismo tiempo como cambiar el foco. Asumir el momento presente, con todas sus dificultades, no como un tiempo del que protegerse mirando al pasado, sino como el espacio en el que es posible sembrar semillas que puedan germinar en el futuro. Semillas que no surgen de la nada, sino que son fruto de todo lo que fue capaz de generar vida anteriormente, aunque ahora no puedan florecer por los vientos que soplan en contra. Semillas que cada cual llevamos en nuestra mochila, pero no como algo estático, ya que se pueden seguir transformando, incluso generando otras nuevas, a través de encuentros, de movimientos que nos llevan, que nos comparten, que nos cruzan con otras personas y grupos permitiéndonos aprender sobre todo de quienes son más diferentes, de quienes nos resultan más invisibles u ocultos.

Este es el gran reto: abandonar la búsqueda del triunfo presente como principal horizonte, levantar la mirada para habitar plenamente los espacios y tiempos por los que nos movemos, dejándonos afectar por la realidad, buscando encuentros que nos empujen a transformar lo posible y a sembrar lo que todavía no lo es, preguntándonos quiénes somos en todo esto junto con otras que andan también en camino, mirándonos, tocándonos y tomándonos el tiempo necesario para reconocernos, para atrevernos a inventar un nombre colectivo en el que muchas se reconozcan para desde ahí transformar cada calle, cada pueblo, cada mundo. 

¿De qué manera situarnos para ser semilla? ¿Cómo poder enriquecerla junto a otras? ¿Hacia dónde dejarla ir?

Los vientos siguen soplando...


Texto que toma muchas ideas de diversos escritos de Amador Fernández-Savater y su libro "Habitar y gobernar"




miércoles, 25 de mayo de 2022

¿De qué participación hablamos cuando hablamos de participación?

 La participación es una de esas palabras que se ha ido transformando en fetiche, que por todos lados se nombra y en ningún proyecto que se precie puede faltar, pero sobre la que hay tantas perspectivas y visiones que cuesta entender a qué nos referimos cuando la utilizamos. 

En los últimos tiempos he revisado más este tema en el ámbito de la Acción Comunitaria en Salud, al encuadrarse más mi actividad en este campo. Y ahí he encontrado algunos materiales interesantes para clarificar las claves de una participación efectiva, primero en la Guía para profesionales sobre Participación Comunitaria, luego con una Guía ciudadana Participar para ganar salud y posteriormente con el esquema de las dimensiones de la participación que recogimos en la Guía de Acción Comunitaria para ganar salud
Ministerio de Sanidad. Acción comunitaria para ganar salud.
O cómo trabajar en red para mejorar las condiciones de vida. Madrid, 2021.



Hasta ahora este esquema me parecía el más completo, al explicar que la participación debe apuntar al mayor grado de interacción/capacidad de decisión posible por parte del vecindario, pero también que dos elementos clave de la misma son el alcance (a cuántas personas se está implicando en el proceso) y la amplitud (la diversidad de las personas que participan).

Sin embargo, revisando las experiencias de trabajo y reflexiones que aparecen en el libro "Recorriendo veredas para colaborar en el desarrollo humano sostenible", que recoge la experiencia de 25 años de trabajo del Programa de Investigación Interdisciplinario "Desarrollo Humano” de la Universidad Autónoma de México Xochimilco, me doy cuenta de que este tipo de abordajes que venía manejando se centran mucho en el "cómo", pero no en el "para qué" de la participación. Y en realidad esta cuestión es clave, quizás la más importante, ya que plantea el sentido que tiene, lo que buscamos al promoverla y hasta dónde podremos llegar con ella. 

En el capítulo del libro dedicado a la participación diferencian dos visiones diferentes sobre esta:
  • Visión instrumental: se invita a la ciudadanía a colaborar en la gestión de proyectos, o políticas públicas locales, incrementando su eficiencia y eficacia. De esta manera, los procesos participativos están dentro de márgenes predefinidos y los instrumentos para la participación son poco flexibles y están diseñados para obtener resultados previstos con anterioridad. 
  • Visión estratégica: pretende desarrollar un proceso participativo "de abajo hacia arriba", que no solo responda a los deseos y demandas de la ciudadanía sino que busque promover cambios en las relaciones entre esta y las instituciones, generando contrapoderes y nuevas formas de consenso   
Frecuentemente se promueve la participación instrumental argumentando que a través de ella se pueden promover cambios que de otra forma no serían posibles. Se considera que otorgando un papel en la toma de decisiones a sectores habitualmente no tomados en cuenta se fortalece el desarrollo de los proyectos y se avanza en el cumplimiento de ciertos derechos sociales básicos. De esta manera, la participación se da por medio de un cierto nivel de representación en espacios de decisión por parte de sectores considerados prioritarios (población en situación de pobreza, mujeres, minorías étnicas). Esto, además, proporciona cierta legitimidad a las acciones a desarrollar y se ofrece como una forma de posibilitar el empoderamiento de estos sectores. Pero un empoderamiento limitado dentro de los márgenes abiertos por la institución. 

A diferencia de la participación instrumental, que se limita a la definición y acotamiento de un conjunto de necesidades a resolver y a la identificación de ciertos satisfactores, cuando la participación se aborda desde una perspectiva estratégica las necesidades identificadas apuntan a generar cambios en el sistema de relaciones técnico-económicas, sociales, culturales y políticas, lo que da a éstas el carácter de necesidades radicales. Así, por ejemplo, esto implica pasar de la salud entendida como necesidad individual a la salud como necesidad de cambiar diferentes relaciones (de trabajo, de género, etcétera) que impactan directamente las condiciones de vida. Implica pasar de la educación asumida como necesidad de instrumentar un cierto conocimiento a la educación como valoración cultural y base para el ejercicio de los derechos sociales, culturales y políticos.

No hay que desdeñar los avances que se pueden lograr con una participación instrumental, pero si ser conscientes de sus limitaciones, sobre todo en relación a abordar las condiciones que originan y reproducen la exclusión social y los factores que explican la negación de los derechos económicos, sociales, políticos y culturales de los sectores a quienes se pretende abrir canales de participación. Es en este sentido en el que la participación estratégica abre nuevas puertas al incorporar el cuestionamiento de las relaciones entre los diferentes actores sociales y de las dinámicas de poder existentes entre ellos, promoviendo una transformación de estas y a una resignificación de los valores y las instituciones.

Participación, sí, claro... Pero, ¿para qué? ¿desde dónde? ¿con quién?

Nadie dijo que fuera fácil... (o, si lo dijo, quizás es que nos estaba engañando).




viernes, 23 de noviembre de 2018

Mi utopía es la vida real

Dicen que las utopías son propias de la adolescencia y la juventud, de esa etapa de ensoñación en la que los pies dudan a veces entre el terreno que pisan y las ganas de volar hacia nuevos parajes o crear nuevos mundos. Siempre rechacé esta idea, que me pareció derrotista, pero justamente hoy, celebrando un año más que cae en mi saca, comienzo la lectura de "Historia de las Utopías", de Lewis Mumford, precisamente una obra de juventud, y desde sus primeras páginas me reconozco en lo que dice, no como voz de la ensoñación frustrada, sino como palabra enraizada en un abrirse a la vida que puede llevar más lejos (y más cerca) aún de lo que uno esperaba cuando empezaba a batir las alas.

"Al intentar extraer el elemento ideal de la matriz de la sociedad contemporánea, los utopistas clásicos, a menudo en ese mismo esfuerzo por lograr una forma más pura de comunidad, dejaban fuera muchos componentes necesarios que, como los elementos más básicos de una aleación, fortalecen los metales preciosos y los hacen más duraderos. El funcionamiento del entorno natural y de la historia humana provee incluso a la comunidad más pobre de un rico abono, que es mucho más favorable a la vida de lo que podría serlo el más racional de los esquemas ideales si le faltase un suelo semejante sobre el que desarrollarse. Con todo, en mi juventud, la creencia utópica en que la vida presenta distintas potencialidades latentes e inutilizadas que podrían cultivarse y llevarse a la perfección se me antojaba algo saludable; y todavía conservo tal creencia en la permanente posibilidad de la autotransformadón y autotrascendenda del hombre.

(...)

Bien es verdad que los revoludonarios del siglo XVIII y sus seguidores más recientes a menudo exageraban la maleabilidad de la sociedad y, lo que es peor, imaginaban que descartando meramente el pasado conseguirían la dave de un futuro mejor, completamente racional en sus propósitos y, en consecuencia, ideal conforme a su propio criterio. Para ellos, y siguiendo a Locke, la sociedad humana era producto de la mente humana y debía ser tratada como un folio en blanco sobre el cual cada generación podría, tras borrar el pasado, dejar su propia impronta ideal. De ahí que se equivocasen al sobrevalorar tanto la cantidad como el valor de las mutaciones creativas que se producían en cada generación y al infravalorar la importanda de los «vestigios» y las «persistencias» que habia ido depositando cada generación anterior, que aumentaban de forma inimaginable la riqueza de la vida humana y que, por cierto, resultaban — como el lenguaje mismo— esenciales para su supervivenda.

(...)

Desde el principio era consciente de otra virtud que curiosamente se había pasado por alto: todas las obras utópicas clásicas habían considerado la sociedad como un todo y le habían hecho justicia, al menos en la imaginación, a la interacción entre el trabajo, la gente y el espacio, y a la interrelación entre las funciones, la instituciones y los propósitos humanos. (...) El pensamiento utópico, tal como yo llegué a concebirlo, era pues lo opuesto al unilateralismo, el sectarismo, la parcialidad, el provincianismo y la especialización. Quien practicase el método utópico debía contemplar holísticamente la vida y verla como un todo interrelacionado: no como una mezcla azarosa, sino como una unión de piezas orgánica y crecientemente organizable, cuyo equilibrio era importante mantener — como en el caso de cualquier organismo viviente— a fin de promover el crecimiento y la trascendencia. Gracias al ejemplo de Patrick Geddes, uno de mis primeros maestros, dicha creencia en el equilibrio y la totalidad ya estaba profundamente enraizada en mí cuando escribí este libro. Si no al duro trabajo, sí había renunciado a las recompensas del especialista y había emprendido conscientemente mi carrera como un «generalista», como alguien más interesado en unir los fragmentos conforme a un patrón ordenado y significativo que en investigar minuciosamente cada una de las piezas aisladas.

(...)

No tengo una utopía privada. Si la tuviera, tendría que incluir las utopías privadas de muchos otros hombres y los ideales realizados de muchas otras sociedades, pues la vida aún contiene demasiadas potencialidades como para ser abarcadas por los proyectos de una sola generación, o por las esperanzas y creencias de un solo pensador. Al contrario que la mayoría de los utopistas, en cualquier plan tengo que dejar un lugar para los desafios, la oposición y el conflicto, para el mal y la corrupción, pues resultan visibles en la historia natural de todas las sociedades; y si pongo el énfasis en las virtudes salutíferas y apunto hacia fines más trascendentales, es porque los momentos negativos de la vida se las apañan bien por sí solos y no necesitan de mayores estímulos. Uno no tiene que planear el caos y la degradación, pues estos se producen cuando el espíritu cesa de estar al mando. Mi utopía es la vida real, aquí o en cualquier parte, llevada hasta los límites de sus posibilidades ideales. Por eso, para mí el pasado es una fuente de utopías tanto como el futuro, y la intensa interacción entre todos esos aspectos de la existencia, incluidos muchos acontecimientos que no pueden ser plenamente formulados o captados, constituye a mis ojos una realidad que sobrepasa todo lo que uno pueda imaginar o representarse mediante el solo ejercicio de la inteligencia pura.

De mi estudio de las utopías derivaron dos ideas positivas fundamentales que se han visto refrendadas por estudios y reflexiones posteriores. Tales ideas constituían la confirmación de las mismas intuiciones que, en un primer momento, me habían impulsado a emprender un estudio sistemático. La primera era la idea de que cualquier comunidad posee, además de sus instituciones vigentes, toda una reserva de potencialidades, en parte enraizadas en su pasado, vivas todavía aunque ocultas, y en parte brotando de nuevos cruces y mutaciones que abren el camino a futuros desarrollos. Aquí se constata la función pragmática de los ideales, pues ninguna sociedad será plenamente consciente de su naturaleza intrínseca o de sus perspectivas naturales si ignora el hecho de que existen múltiples alternativas al sendero por el que de hecho se ha encaminado, así como una multitud de fines posibles además de aquellos que resultan inmediatamente visibles. La otra idea positiva derivada de las utopías es la idea de totalidad y equilibrio, que, como ha demostrado la ciencia biológica, son atributos esenciales de todos los organismos. Tales atributos se convierten en imperativos conscientes para el hombre, precisamente por ser su equilibrio, tanto en lo que se refiere a su vida personal como a su vida comunitaria, algo tan delicado, y porque su propia integridad a menudo se ha visto amputada, y restringida su capacidad de acción, a causa de un perverso y excesivo énfasis en una ideología, institución o mecanismo, supuestamente de suma importancia.

(...)

Así pues, las intuiciones originales que subyacen a ´Historia de las utopías´, en lugar de verse desmentidas, han sido confirmadas en lo esencial por la experiencia de los últimos cuarenta años. La necesidad de comprender las múltiples potencialidades de la vida, de lograr el equilibrio y la integridad en todos los aspectos de nuestra existencia, de perseguir la perfección en otros ámbitos distintos de la técnica jamás fue tan grande como es hoy en día."

Pues eso. A seguir en esta utopía de la vida real, explorando sus límites y equilibrios en estos tiempos tan descolocados...


martes, 1 de mayo de 2018

¿Te atreves a ser más débil?


Una reseña de una charla de Judith Butler en la que apunta hacia una de las cuestiones que en mi opinión debemos atrevernos a afrontar. (Vía El Salto)

“No me ahorro incomodidades”, dijo nada más erigirse frente altar de su conferencia. Empezó concluyendo: “al final, es el Estado el que de forma violenta viene a decirnos quiénes son los violentos”. Para después descomponerlo todo y llevarnos a otro lugar. Marina Garcés, filósofa (de guerrillas) la había presentado con referencias obvias a lo que ha estado pasando en los últimos meses en Cataluña. Así que con los aforismos y la actualidad claras, descendió a los conceptos más básicos para que todas las que nos dábamos cita allí nos deconstruyéramos juntas para volver más sólidas.

Para entender la no-violencia, una teórica de las identidades tenía que empezar por preguntarse quiénes éramos nosotras. Las que estábamos allí una tarde de abril en el hall del CCCB. Somos humanas y “algo hay que nos une para estar todas allí” porque de lo contrario, no estaríamos, pero seguramente no podríamos considerarnos ni de la misma región, ciudad o Estado ni aunque lo fuéramos. Lo que estaba claro es que no éramos autosuficientes, porque esa teoría del hombre que lo es ya es, de por sí, ridícula y sexista.

Primer punto clave. Los hombres en islas que no necesitan a nadie ni a nada son un absurdo. La teoría que así los presenta “olvida que las personas no nacen adultas”. Nacen niñas y pasan de unas manos a otras, literalmente, hasta que aprenden a comer, caminar o hablar, cosa que tardan años en hacer. Esta reflexión tan a todas luces obvia no existe en el contrato social bajo el que nos relacionamos. Nuestras leyes y normas sociales se basan en ese modelo en el que somos seres individuales y adultos que no dependen unos de otros y nunca lo han hecho. Pero es esa dependencia la que nos hace iguales. Necesitar a los otros para ser quienes somos, porque igual que de pequeños necesitamos que nos alimenten y nos sujeten para estar de pie, de mayores necesitamos supermercados, fabricantes de cocinas, pavimentos y semáforos para lo mismo. ¿Quién puede entonces pensar que somos autosuficientes?

Si a estas alturas seguís el hilo, cosa que la misma Butler se preguntaba en la charla, ya estáis a punto de entender esta deriva. Siguiente punto clave. La única manera de sobrevivir es ser conscientes de la dependencia. La única manera de asegurar que vivamos en igualdad es aceptar la dependencia y hacernos aún más dependientes. Sólo si los gobiernos saben, pero sabiéndolo de verdad, que dependen unos de otros, pueden luchar contra el cambio climático, que es global. Si yo contamino en mi país, lo estoy haciendo en todo el mundo. Este agua contaminada llegará a todo el mundo. El aire que contamine otro país en la otra parte del mundo lo llegaremos a respirar aquí.

Tomar decisiones globales es difícil. Pero es hacia ahí hacia donde tenemos que avanzar. Y sólo hay una forma: aceptar la dependencia y con ella, la vulnerabilidad. Es difícil convencerse de que ser vulnerables es bueno cuando vivimos en un sistema capitalista que busca que seamos expertos en todo para no tener que pedir ayuda a nadie. Pero si lo que queremos es ser iguales y avanzar juntos, sólo puede ser aceptando que dependamos unos de otros por igual. Saber que necesitamos al otro y el otro a nosotros es la única manera de avanzar sin pisar cabezas, básicamente. Y esta es la verdadera clave de todo.

Se trata de depender de otros y de que otros dependan de nosotros. De lo contrario, estaríamos hablando de colonización. El problema no es ser vulnerables, es que alguien explota esa vulnerabilidad. Que el Estado nos abandone política y económicamente es la traducción de esa explotación. Y a la vez, lo que nos une a las personas de otras partes del mundo con las que no compartimos normas ni sistema legal, pero sí el abandono. Somos todas bastante igual de vulnerables, admitámoslo.

En ese abandono, en esa posibilidad de que aquello de lo que dependemos se comporte de forma no predicha, de una forma que no podemos controlar y nos haga daño es donde nace la agresión. Y la mejor manera de combatir esa violencia no es cuidándonos más, es dependiendo más, siendo más vulnerables. De la misma manera que lo más efectivo para luchar contra la violencia es la no violencia, la resistencia. Porque siendo vulnerables, defendiendo los cuidados, es como acabaremos con esa “masculinidad indiferente” que mata para defenderse. Le pondremos fin cuando todos aprendamos que matar al otro es matarnos a nosotros mismos, porque todos cuidamos de todos y dependemos de todos. Suena inocente pero, ¿no es ser sociales y apoyarnos unos en otros lo que nos diferencia del resto de animales? ¿No hay declaración más feminista que reconocer la interdependencia?

La dependencia limita la destrucción y potencia la ética, que es de lo que había venido a hablarnos Butler. Hay que repetirlo más porque, de momento, cargárselo todo es lo más normal del mundo. Quienes protestan son los vulnerables que se han aliado y constituyen la resistencia. Y al sentirse abandonados es cuando han entendido que la no violencia es la mejor manera de luchar contra la violencia. Resistirse es también un acto violento, porque se lucha casi siempre contra un poder legal y hace falta que ocurra la violencia para oponerse a ella. Para resistir, para oponerse sin violencia hay que cultivar el odio y aprender a transformarlo. A Butler le dijeron que esa afirmación era débil. Entonces, la T de su semblante serio cambió dando lugar a una sonrisa y contestó: “eso es lo que quiero, ser más débil”. Ahí es donde reside la fuerza. Y cuanto antes lo sepamos, mejor.

sábado, 7 de abril de 2018

Enseñándonos a mirar la luna

"¿Qué has aprendido hoy en el cole?". Hoy ya no escucho tanto esta frase a mi alrededor, por lo menos en mi círculo cercano, entre idas y venidas sobre cómo no encerrar la educación en una mera acumulación de conocimientos que poder inventariar. Pero sí que es una frase en la que me retumban ecos de otros tiempos y lugares, y que sigue latiendo en el fondo de la preocupación que todxs tenemos por nuestrxs hijxs, aunque nos cueste más enunciarla ahora. Pero ahí está la cuestión: ¿qué aprenden mis hijas en su escuela?¿qué me gustaría que aprendieran?¿qué hecho en falta?¿qué sueño de cara a su futuro?

Así que echo la vista atrás, pidiendo a la memoria que me dé pistas sobre los tesoros recopilados a lo largo de estos años. Y es un alivio descubrir cómo en este caminar, aún corto en el caso de mis hijas, medianamente amplio en el mío, se van acumulando momentos, encuentros y procesos que ofrecen indicaciones de por donde continuar.

En mi vida, un momento clave: el encuentro con las familias del Pozo del Huevo, marcadas por la pobreza y la dignidad a partes iguales, donde me descubrí privilegiado por el simple hecho de poder entrar y salir de allí cada semana tras hacer unas horas de voluntariado, frente al encierro de quienes allí vivían, atrapadxs en una realidad de la que por mucho que luchaban día a día, no había posibilidad de escapar: sin trabajo y sin vivienda adecuada, con el eterno cartel de "fracaso escolar" a cuestas, forzados a la dependencia porque las alternativas que encuentran para salir adelante se criminalizan, culpabilizados siempre de su situación. Como he escuchado muchas veces desde entonces a muchxs en situaciones parecidas: "es como darse contra un muro, como si lo tuvieras que tirar a cabezazos, y al final te rompes". Pero ese muro para mi no es tal, sino una puerta que puedo elegir cuando traspasar, y si es para entrar o para salir. Yo puedo decidir si ir o no ir, si quedarme o marchar. Y hace tiempo decidí que quería dejarla siempre abierta, para poder pasar tiempos dentro viendo cómo enfrentar lo que para ellxs es un muro.

Qué gusto poder recuperar también muchos momentos en los que mis hijas han ido pudiendo experimentar de manera más natural ese encuentro más allá de las barreras que fraccionan nuestra sociedad. Me emociona por ejemplo recordar la pequeña escuela infantil de Tetuán a la que fuimos durante 5 años, donde cada clase era un crisol diverso de gitanxs, payxs, latinxs y africanxs y cada 15 días se juntaba el cole entero para celebrar su riqueza y el gozo de aprender juntxs en torno a un proyecto común, desde lxs mxs peques a lxs mayores. Me emociona especialmente recordar a mis hijas jugando con sus amigxs sin diferenciar colores ni clases sociales, en contraste con los propios miedos con los que yo crecí, aterrado durante toda mi infancia por los prejuicios que descubría en mi mismo hacia el mundo gitano. Miedo que, por otro parte, aún me pesa, y eso que ahora tengo unxs cuantxs amigxs gitanxs. Pero aún hay encuentro en mí ese resquicio de rechazo a primera vista ante todo el que me conecte de nuevo con ese miedo infantil. Ojalá pudiera arrancarme ese automatismo, pero... ahí anda.

Qué gusto poder recordar los primeros años de mis hijas, cuando las calles de Madrid aún bullían en manifestaciones y creíamos que el cambio estaba cerca. Qué gusto que pudieran experimentar ese salir en común, esa fuerza de la lucha y la esperanza compartida.Qué gusto que pudieran cantar, gritar, dejarse invadir por ese grito "¡Si se puede!¡Sí se puede!". Eso quedará grabado, aunque no entendieran muy bien de que iba la cosa en concreto. Frente a las dificultades, cuando no haya salidas claras, ese recuerdo les empujará a buscar con otrxs, y a reafirmar que no hay nada imposible si nos unimos.

Eso no es poca cosa. Porque por todos lados nos bombardean para que nos encerremos con quienes son similares, con quienes nos son cercanos o compartimos determinadas visiones del mundo. Cada vez más encerradxs en burbujas aisladas dentro de las cuales creemos encontrar protección. Y cada vez más muros que dejan fuera a quiénes pueden poner estas burbujas en riesgo. Cada vez más soledad. Cada vez más aislamiento. Cada vez más impotencia. Porque para cambiar las cosas, para darle la vuelta a las realidades que duelen y generan sufrimiento, no hay otra manera que sumar, que sumarnos, que construir puentes, abrir puertas y mirarnos a los ojos. Eso mismo que yo tardé años en poder hacer mientras que para mis hijas fue un juego, muchos juegos. 

En una de esas manifestaciones, todavía con dos años y medio, mi hija de repente miró hacia el cielo y me dijo "Mira, papá.. ¡la luna!". Eso me enseñó ella ese día. Que estando juntxs tenemos que atrevernos a mirar la luna, por lejos que parezca.

Como hicieron por ejemplo en el colegio público Nuñez de Arenas, en Entrevías. Un cole que pasó de ser ejemplo de fracaso y abandono a poner en marcha una revolución desde lo cotidiano pero que apunta muy alto. Y todo porque entre algunas docentes y familias decidieron romper el guetto que se había consolidado, apostando y comprometiendo mucho en el camino. Pero mirando, desde la experiencia compartida, hacía ese horizonte que solo se puede conquistar en común. 

¿Qué es lo que quiero que mis hijas aprendan? A situarse en el mundo en el que viven, en la sociedad en la que estamos, desgraciadamente injusta y desigual. Pero no desde la resignación o la frustración. sino siendo capaces de identificar las oportunidades y herramientas que haya en cada momento para vincularse a otrxs, a lxs que se les parecen y a quienes son más diferentes, para buscarse las mañas con las que construir el "¡Sí se puede!". Y para ello no queda otra que implicarnos, día a día, en hacer posible que su colegio sea cada vez más diverso, dialogante, para todxs (y eso solo es posible dentro de la educación pública) y abierto a la creación colectiva. En ello quiero empeñarme, junto con otras madres y padres que también quieren apostar por ello. Y de eso seguro que aprenderan nuestrxs hijxs, no tanto en función de si tenemos éxito o fracasamos, sino de si somos capaces de seguir enseñándonos mutuamente para no perder de vista donde está la luna. 


sábado, 27 de enero de 2018

Volverse ingobernables

Esta claro que las lecturas-manifiestos del Comite Invisible generan controversias e incomodidad. Es para ello para lo que est´´an pensadas, y en esa confrontación abren espacio para reflexionar sobre algunas cuestiones sobre las que muchas veces pasamos demasiado deprisa. Acá van algunas notas que rescato de su libro "Ahora" y que quiero digerir poco a poco...

Tras la fachada de la institución lo que se trama es siempre algo distinto de lo que pretende ser, incluso precisamente aquello de lo que la institución pretendía haber librado al mundo: la muy humana comedia de la coexistencia de redes, fidelidades, clanes, intereses, linajes, dinastías incluso, una lógica de la lucha encarnizada por los territorios, los medios, los títulos miserables, la influencia, historias de faldas y cornamentas de viejas amistades y de enemistad de recocidas. Toda institución es, en su regularidad misma, el resultado de un intenso bricolaje y, en cuanto institución, de la negación de dicho bricolaje. El verdadero modelo de toda institución es universalmente la Iglesia. Del mismo modo que la Iglesia no tiene como fin, manifiestamente, conducir al rebaño humano a la salvación divina, sino constituir su propia salvación en el tiempo, la presunta función de una institución no es más que un pretexto para su existencia. (...) Reducir la delincuencia, defender la sociedad, no es más que el pretexto de la institución penitenciaria. Si después de todos sus siglos de existencia no la ha logrado jamás, vien al contrario, y se mantiene a pesar de todo, es porque su objetivo es otro: continuar existiendo y crecer cuanto sea posible, y con este fin salvaguardar el vivero de la delincuencia y gestionar los legalismos. El objetivo del institución médica no es cuidar de la salud de la gente, si no producir los pacientes que justifiquen su existencia y una definición de la salud correspondiente. (...) El fracaso aparente de las instituciones es, muchas veces, su función real. (...) Por supuesto, no faltan en todo institución gentes sinceras que creen verdaderamente que están ahí para cumplir con su misión. Pero no es casualidad que sean estos los que ven como sistemáticamente les meten el palo en las ruedas, los que son sistemáticamente apartados, castigados, acosados, condenados enseguida al ostracismo con la complicidad de todos los "realistas" que no abren la boca.

(...)

Contra la más mínima posibilidad revolucionaria en Francia, uno siempre se encontrará con la institución de Yo y el Yo de la institución. En la medida en que ser alguien socialmente, en última instancia, siempre se reduce al reconocimiento de, a la lealtad alguna institución, en la medida en que tener éxito es ajustarse al reflejo que se os ofrece en el laberinto de espejos del juego social, la institución aferra a cada cual por el Yo.

(...)

En latín destituere significa: poner de pie aparte, erigir aisladamente, abandonar, apartar, dejar en la estacada, suprimir, decepcionar, engañar. Mientras la lógica constituyente viene a estrellarse contra el aparato de poder del que pretende tomar el control, una potencia destituyente se preocupa más bien de escapar de él, de arrebatarle todas presa sobre ella a medida que la gana sobre el mundo que forma al margen. Su gesto propio es la salida, en tanto que el gesto constituyente es típicamente la toma por asalto.

Destituir no es en primer lugar atacar a la institución, sino a la necesidad que tenemos de ella. No es criticarla, sino asumir realmente lo que se supone que hace, pero fuera de ella. Destituir la universidad es establecer lejos de ella lugares de investigación, formación y pensamiento más vivos y más exigentes de lo que ella es, ver como fluyen a ellos los últimos espíritus vigorosos, cansados de frecuentar a los zombies académicos, y solo entonces darle el golpe de gracia. La justicia es aprender a arreglar nosotros mismos nuestros desacuerdos, ponerle método, paralizar su facultad de juzgar y expulsar a sus esbirros de nuestras vidas. Destituir la medicina es saber lo que es bueno para nosotros y lo que nos enferma, arrancar a la institución los saberes apasionados que sobreviven ocultos en sus sombras y no volver a encontrarse nunca más solo, en el hospital, con el cuerpo entregado a la soberanía artística de un cirujano desdeñoso. Destituir el gobierno es volverse ingobernables.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Una mirada (entre la denuncia y la esperanza)

Hay discursos que tienen la curiosa habilidad de establecer diálogos muy personales con cada persona que los escucha, ofreciendo elementos múltiples sobre los cuales poder ir avanzando a partir de tu propia experiencia y perspectiva. Esto es lo que ocurrió la semana pasada en la presentación de la tesis de Miguel Sánchez Moñita, "La construcción fotográfica de la sostenibilidad". Así que no pretendo resumir la charla, sino más bien compartir a donde me ha lanzado su investigación, dentro de mis caminos y búsquedas (sería interesante que cada cual que estuvo en la charla hiciera lo mismo, haríamos un crisol la mar de majo de trayectorias enracimadas).

El punto de partida era claro: revisar cómo se ha reflejado y construido la imagen de la sostenibilidad a través de la fotografía. Se inicia así un recorrido lleno de imágenes que nos enfrentan al brutal impacto  que supone nuestra manera de estar en el mundo actualmente, por un lado en relación a los recursos naturales limitados que nos rodean, pero por otro también en relación a nuestra propia construcción personal y social. Así, la superficie del planeta va siendo transformada por una fiebre urbanizadora que impone en todos los lados los mismos modelos de vivienda y entorno, segregados según cual sea tu lugar en el mundo (si te puedes permitir tener aspiraciones o estás al servicio de las de otros/as) y determinando de esta manera los propios sueños que puedes permitirte intentar cumplir. Y residuos, muchos residuos que golpean y transforman el planeta en múltiples dimensiones.

Hay muchas imágenes que recogen estas realidades para denunciarlas. Como explicó Miguel, el discurso apocalíptico en torno a las amenazas que provocamos con este modelo de sociedad ha empujado desde el principio la lucha ecologista. Mientras tanto, el mundo de la empresa y del capital, ante el empuje de estas constataciones y de las alternativas que se han ido proponiendo, ha encontrado su propia manera de situarse, pero construyendo una imagen que cambia el miedo por el deseo, la amenaza por la promesa. Y ahí es donde, en mi opinión, nos vuelven a ganar la partida una vez más.

Miguel planteó en varios momentos que era necesario transformar el discurso apocalíptico enarbolado hasta ahora en otro que reflejara la esperanza posible de cambiar las cosas y vivir de manera sostenible. Pero hoy por hoy esta esperanza está por construir, más allá de nuestra fe en ella. Las imágenes que denuncian las consecuencias de nuestro modelo irracional de vida son necesarias para tomar conciencia, pero debemos dar un paso más y construir todo un imaginario de esperanza, de posibles ya en marcha, de alternativas que ya caminan. Y eso, como quedó patente en la charla, es una tarea pendiente, hay muy poco hecho hasta ahora.

Para que esto sea posible creo que un aspecto clave es educar la mirada de manera que nos permita situarnos mejor en el mundo y entender qué somos y qué no somos. Porque en la fotografía de denuncia se sigue reflejando mucho esa dicotomía entre lo natural (que refleja lo bueno, lo puro, lo sostenible) frente a lo "maquinal" (contaminante, deshumanizante, destructivo de la naturaleza y de la persona). Parece así que debemos volver a una Ítaca virgen en la que reencontrarnos con lo que verdaderamente somos, invisibilizando así que hay sendas que no se pueden desandar. Ya lo apuntaba Donna Haraway en el manifiesto ciborg, los esencialismos nos confunden y es necesario abordar nuestra realidad actual de hibridación a diferentes niveles. Las máquinas, las pantallas, la técnica se ha incorporado a nuestro ser humanos/os no como una simple herramienta que puedo coger o dejar, sino transformando nuestra humanidad, nuestra manera de pensar, de relacionarnos. Lo refleja muy bien también Bifo cuando habla de la Generación Post-Alfa, que sería la primera para la cual el alfabeto no ha tenido la función formativa que tuvo en las generaciones anteriores, desde la invención de la imprenta y la difusión de la educación formal, ya que ha crecido rodeada de máquinas, especialmente de tecnologías de la información que le permiten navegar indistintamente por mundos virtuales y conectarse en la inmediatez con cualquier nodo informático, experimentando así coordenadas espacio-temporales totalmente distintas a las de sus padres. Esto transforma radicalmente la subjetividad, la manera de construir conocimiento, el ser y el estar en el mundo.

Por supuesto que esta hibridación en la que andamos inmersos tiene aspectos amenazadores y conlleva pérdidas. Pero también ganancias, y más allá de hacer un juicio valorativo lo que necesitamos es profundizar en eso que somos, en nuestra manera de vincularnos y en las posibilidades de construir presente y futuro a partir de ahí. En este sentido me parece interesante el señalamiento de Bifo de que es el momento de pasar del antagonismo propio del siglo XX a la autoorganización como respuesta a la realidad actual:

"La mayor parte del deseo social va precisamente en la misma dirección que el ciclo productivo en red, hacia la participación en el juego que constituye la mente global, y no hacia el antagonismo que ya no sirve y ya no produce ninguna perspectiva de alternativas ni de autonomía a largo plazo. El movimiento global que se ha extendido tras la revuelta de Seattle no es un movimiento antagonista. Es un movimiento de autoorganización. Su función y su vocación no son abatir el capital. ¿Cómo se puede abatir un modelo, una regla, una relación, una forma reptante, proliferante y difusa? La premisa dialéctica del abatimiento (o abolición) ya no significa nada en la época de la penetración. El movimiento global, sin embargo, tiene como vocación y como objetivo hacer posible una autoorganización de las fuerzas productivas que el capital domina y organiza según sus reglas y su código."

(...)

"La tarea estratégica del activismo mediático es mantener activas, durante la mutación posthumana, las capacidades cognitivas, creativas éticas y estéticas cuya supervivencia está amenazada por las formas que dicha mutación impone al organismo biosocial.

No se trata de mantener con vida al ser humano pretecnológico, sino de traspasar a Anthropos 2.0 la empatía, la solidaridad, la colaboración no competitiva, la creatividad y, sobre todo, la sensualidad. La tarea estratégica del activismo mediático es salvar la capacidad sensible planetaria de la glaciación de los automatismos tecnolingüísticos y de la congestión de los automatismos psicótico-identitarios."

En esta apuesta por mantener la esperanza en estos tiempos mutantes, la mirada es fundamental. Una mirada que sea capaz de reconocer esa humanidad en resistencia y creación constante, especialmente en aquellas circunstancias más difíciles. Desde mi experiencia acompañando a personas machacadas por la pobreza, personas que se suponía que deberían estar destruidas por lo que han vivido, la esperanza se reafirma al ser testigo de esta capacidad nuestra de, pese a todo, seguir amando, abrazando, reivindicando la dignidad propia y ajena.

Esa mirada, esas imágenes que contempla y que comparte al mundo, es la semilla que toca cuidar para que de un fruto visible y transformador. 

lunes, 2 de octubre de 2017

Autonomía

Mucho estamos hablando sobre el derecho a decidir, y entre idas y venidas terminamos perdidxs, desnortadxs, enfrentadxs... mientras nos miramos el ombligo que nos encierra en nuestro pequeño mundo. Y sin embargo, a poco que alcemos la mirada, podemos descubrir experiencias y caminares que ya transitan desde hace tiempo sendas a las que nos deberíamos atrever a asomarnos.

En una esquina del estado mejicano, ahí siguen las comunidades zapatistas construyendo su autonomía, su búsqueda del buen gobierno, desconectada del estado central, hasta el punto que les lleva a apostar por un sistema sanitario y educativo propio. Es lo que han llamado los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno:

"Los Caracoles serán como puertas para entrarse a las comunidades y para que las comunidades salgan; como ventanas para vernos dentro y para que veamos fuera; como bocinas para sacar lejos nuestra palabra y para escuchar la del que lejos está. Pero, sobre todo, para recordarnos que debemos velar y estar pendientes de la cabalidad de los mundos que pueblan el mundo”.

El 19 de julio del 2003, y tras el incumplimiento por parte del gobierno mejicano de los acuerdos de San Andrés, en un comunicado firmado por el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y por los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas de Chiapas, los zapatistas anuncian que “El EZLN decidió suspender totalmente cualquier contacto con el gobierno federal Mexicano y los partidos políticos, y los pueblos zapatistas ratificaron hacer de la resistencia su principal forma de lucha”. Ese comunicado anunciaba que “los pueblos indígenas zapatistas y rebeldes han preparado una serie de cambios que se refieren a su funcionamiento interno y a su relación con la sociedad civil nacional e internacional”.

¿Que si les funciona? Pues ellas mismas hacen inventario en “Y en las comunidades Zapatistas?”un resumen de los informes de los y las compañerxs responsables en los pueblos responsables de comisiones (por ejemplo de salud, educación, jóvenxs, etc), autoridades autónomas y responsables organizativos.

"¿Cómo sabemos si vamos bien o mal? Pues para nosotras, nosotros, zapatistas, es muy sencillo: los pueblos hablan, los pueblos mandan, los pueblos hacen, los pueblos deshacen. En el momento que alguien agarra mal camino, rápido el colectivo le da como quien dice su zape y, o corrige o va para fuera.

Eso es nuestra autonomía: es nuestro el camino, nosotr@s lo caminamos, nosotr@s acertamos, nosotr@s nos equivocamos, nosotr@s nos corregimos."

¿Nos atrevemos a caracolear?

"Dicen aquí que los más antiguos dicen que otros más anteriores dijeron que los más primeros de estas tierras tenían aprecio por la figura del caracol. Dicen que dicen que decían que el caracol representa el entrarse al corazón, que así le decían los más primeros al conocimiento. Y dicen que dicen que decían que el caracol también representa el salir del corazón para andar el mundo, que así llamaron los primeros a la vida. Y no sólo, dicen que dicen que decían que con el caracol se llamaba al colectivo para que la palabra fuera de uno a otro y naciera el acuerdo. Y también dicen que dicen que decían que el caracol era ayuda para que el oído escuchara incluso la palabra más lejana. Eso dicen que dicen que decía. Yo no sé. Yo camino contigo de la mano y te muestro lo que ve mi oído y escucha mi mirada."




lunes, 18 de septiembre de 2017

#LosCuidados - Escuchar la vida, acompañar a un barrio

Hace ya unos años, cuando iba e empezar la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria, una antigua compañera me dijo: "no lo dudes, vete al Vicente Soldevilla". Y como yo soy muy de fiarme de la gente que se gana mi confianza, allá me fui, a ese centro de salud, a descubrir sobre esa apuesta en la que unxs cuantxs profesionales llevaban tiempo tratando de conjugar la salud, la comunidad, la ternura y la revolución.

Y ahora, entre quienes estaban y quienes hemos ido pasando andamos queriendo recoger y compartir lo aprendido a lo largo de esa historia. Pero, una vez más, solxs no podemos. ¿Nos echas un cable con la campaña de crowdfunding, apoyando económicamente y difundiendo?

¡Gracias!



Explicación del proyecto
Con este proyecto queremos poner en valor el enfoque comunitario en el mantenimiento de la vida y la salud de nuestros barrios. De manera muy resumida: vamos a enunciar de una manera sensible y entretenida un campo de conocimientos y experiencias que interpretan la salud y el cuidado desde sus condicionantes de género, ambientales, sociales y culturales.

Lo vamos a hacer gracias a la potencia del relato audiovisual, mediante su difusión en redes sociales, actividades formativas y medios de comunicación. Empleamos los recursos de la narratología y el storytelling para superar los límites estrechos de los ámbitos de conocimiento más especializados.

La película relata una experiencia que actúa como universal particular: aquella compartida por profesionales de la salud y vecinas de Vallecas en torno al Centro de Salud Vicente Soldevilla. Doctoras y enfermeras, redes vecinales y de cuidados, en un barrio popular, reivindicativo y vulnerable al este de Madrid.

En este contexto, muchas de nosotras hemos aprendido a entender la Salud Comunitaria como la expresión colectiva de la salud individual, familiar y grupal en una comunidad definida, determinada por la interacción entre las características individuales y familiares, el medio social, cultural y ambiental, así como los servicios de salud y la influencia de factores sociales y económicos, políticos y globales.

Este aprendizaje ha tenido como eje la atención primaria de salud, que es la asistencia sanitaria esencial accesible a todas las personas y familias de la comunidad a través de medios aceptables para ellas, con su plena participación y a un costo asequible para la comunidad y el país.

Nuestras trayectorias compartidas resumen diferentes saberes, actitudes y aprendizajes, también un cierto horizonte de necesidad: el de dar forma y formar parte de la reorientación del modelo de atención vigente, transitando hacia un enfoque que considere tanto las dimensiones de la salud comunitaria como el abordaje de los cuidados.

De esta manera, queremos poner de relieve toda una serie de valores, creencias y dilemas. Ejes de investigación y problematización que trataremos tanto en el contenido audiovisual como en la publicación que acompaña la película. Éstos puntos son:

+ El conflicto de la vida de las personas, el cuidado personal y de las demás.
+ La salud en su visión más amplia y no sólo en relación con la asistencia sanitaria.
+ La desigualdad social como determinante clave en la desigualdad en salud.
+ Los derechos a la vida, a la SALUD (en mayúsculas) y a la asistencia sanitaria.
+ La medicalización de la vida, la mercantilización de la asistencia sanitaria, la sanitarización del cuidado.
+ El paradigma biopsicosocial frente al biomédico y tecnológico.
+ Las relaciones de “poder” en el sistema asistencial, el papel activo y empoderado de las personas en el cuidado de la vida y en la atención a los problemas de salud, así como en el cuidado del entorno de la naturaleza y en la “comunidad” donde se habita.
+ Los activos comunitarios para la vida y la SALUD.

martes, 29 de agosto de 2017

Desempoderando desde la vida cotidiana

Hace tiempo ya leí algunos textos interesante sobre el "Ilusionismo Social" y su enfoque me resultó diferentes. Ahora, casi de casualidad, llega a mis manos un libro "Sin Poder", que recoge y amplía sus planteamiento, y me sigue removiendo. Acá van algunas ideas que se me han ido quedando en la cabeza en estos días de lectura.

"Lo importante de la vida cotidiana no es el contenido sino las formas de relación (...). Cualquier transformación en lo local debe partir desde los espacios y los tiempos de la cotidianidad; que son donde nacen los miedos, las certezas y las alegrías de ser diferentes al ideal construido por la cultura de masas; estos tiempos y espacios cotidianos dan la oportunidad de participar en una diversidad de situaciones que permiten el cambio individual facilitando la transformación desde lo colectivo; se crea el deber ser no como ejercicio externo (impuesto/consentido), sino como compromiso autoconstruido y autogestionado, y la transformación llega con las mediaciones sociales deseadas y el desempoderamiento.  

(...)

Las mediaciones Institucionales (impuestas o consentidas) y de Mercado (compradas o consentidas) entran así en conflicto al intentar conseguir que l@s ciudadan@s concluyan en la misma visión del mundo: se produce la tensión entre las mediaciones impuestas y/o consentidas y/o compradas y las deseadas. Junto a esta colonización del mundo de la vida por parte de las Instituciones y del Mercado encontramos una sociedad compleja con multitud de grupos diferentes, donde las situaciones y las reflexiones sobre su sentido son constantemente renegociadas/re-definidas desde los múltiples cultivos sociales con las que se enredan, interactúan y donde, indudablemente encontramos conflictos como base de una sociedad profundamente desigual. 
En estos cultivos sociales, priman procesos de comunicación multidireccional, que suponen espacios de interacción y de transformación continua entre las personas, resultando imprescindibles en la construcción de la realidad social. (...)   posibilita una plurideterminación de la realidad social, dotando a los grupos sociales de capacidad para tener su propia “versión de realidad”, y situarla -y de este modo situarse- en la invisibilidad, dejando a ciegas a la realidad Institucionalizada y de Mercado. 

Lo importante es que los actos fundamentales de las personas estén vinculados: al unir la participación en la construcción de los significados, a la acción y a lo sentido; resultando un ámbito imprescindible para la construcción de una ciudadanía con una  “densidad social crítica” que le permita tomar parte en las decisiones que le afectan de forma común, impidiendo la absorción de la sociedad por parte del Mercado o del Estado. Esto supone, la existencia de un ecosistema que permita la satisfacción de las necesidades y que las personas puedan incidir en la construcción y el cuidado del ecosistema. Hablar de desarrollo social desde estos paradigmas implica fomentar las relaciones entre los colectivos desde parámetros de cooperación; incidir en la capacidad de acción desde el conocimiento de sus entornos; aumentar la libertad desde la autonomía que supone estar vinculados a múltiples cultivos sociales, que generan información y procesos de comunicación (como intercambio y construcción de saberes, haceres y sentimientos) que habilitan y posibilitan la acción social, en una sociedad profundamente desigual, pero que paradójicamente sirve de punto de partida para nuevas vivencias y formas de vivir los imposibles.

Provocar espacios de transformación social es hacer trascender la vida cotidiana. Si intentamos crear estructuras de participación, convocatorias, esquemas metodológicos, etc..., dirigimos a la gente hacia el binomio social (donde sólo se puede elegir entre opciones construidas por el Poder, nunca podemos
construir colectivamente con esas opciones). Solamente la trascendencia de la vida cotidiana construye complejidad y, con ella, la creatividad social, que en ciertos momentos podrá optar por crear estructuras cambiantes, con suficiente fluidez para no esclerotizar los procesos. Y de ahí la necesidad de trabajar en las mediaciones sociales deseadas."

  
 

martes, 8 de agosto de 2017

No vale con "ayudar"

Pocas veces escuchamos las palabras de quienes situamos en los márgenes, y pocas veces toman la palabra con la claridad con la que lo hace Moraene Roberts, una militante de ATD Cuarto Mundo que nos ayuda a entender lo perverso que puede llegar a ser un sistema de "ayudas" construido sin la perspectiva de quienes se supone que son ayudadxs.

Para ver  unas cuantas veces...

lunes, 19 de junio de 2017

Seguimos

El otro día tuvimos asamblea de ATD Cuarto Mundo España, en la que poder encontrarnos de nuevo quienes andamos embarcadxs en este compromiso colectivo de acabar con la injusticia y la violencia que supone la existencia de la extrema pobreza. Y nuevamente, como siempre, el diálogo con quienes viven situaciones más duras nos removió a todxs, poniendo encima de la mesa la impotencia y la frustración de ver cómo pese a toda la lucha que tratamos de sostener, las cosas siguen estando muy complicadas, en muchos aspectos más aún que antes, para quienes lo tienen más difícil para salir adelante. Una impotencia y una frustración que compartimos también quienes nos comprometemos a su lado, y que señala la urgencia ineludible de generar transformaciones reales... pero también el muro cada vez más reforzado y dispuesto a impedirlas.

Esto no es nuevo... Ya hace unos años escribia con dos militantes con experiencia de pobreza que la crisis fundamental a la que nos enfrentamos es una crisis de esperanza . ¿Cómo sostener entonces el compromiso, la lucha colectiva por una sociedad más justa? ¿A qué aferrarse? Y entonces me encuentro con este maravilloso texto de Marina Garcés en su "Fuera de Clase" y reconozco lo que nos sigue uniendo, lo que nos sigue permitiendo mantenernos en pie aún sin saber si nos atrevemos a mirar de frente al horizonte: la voluntad de exigir reconocimiento y dignidad a quienes son tantas veces golpeadxs, la experiencia de que la vida sigue resistiendo y creando aún en las condiciones más difíciles, la confianza y el cariño que impide que nos abandonemos unxs a otrxs y a nosotrxs mismxs. Contra toda esperanza, seguimos, compartiendo risas y llantos, empujando día a día los límites de ese "posible" que nos imponen para asfixiarnos.

Contra toda esperanza


Luchar para cambiar las cosas abre esperanzas, pero muchas luchas nacen de la desesperación. O de la necesidad. O del deseo. O de la alegría. O de la rabia. O de la dignidad. De hecho, si la determinación de cambiar las cosas dependiese de la esperanza, muchas luchas no se darían, no empezarían, se apagarían tan pronto sus resultados se encallasen y sus expectativas se desvaneciesen. Pongámonos en un caso extremo, el de las madres que luchan por la memoria de sus hijos muertos o desaparecidos en guerras o bajo regímenes dictatoriales: ¿qué esperanza pueden tener quienes han perdido toda esperanza, la más absoluta, que es la de recuperar en vida un hijo muerto? Precisamente porque no tienen ninguna, pueden dárnosla toda. Eso es lo que en el momento más oscuro de la historia reciente de Europa pensó Walter Benjamin, cuando decía que la única esperanza es la de quienes han perdido toda esperanza. No era una apología de la desesperanza, ni un elogio del fracaso. Apuntaba a un principio fundamental: que el sentido de la revuelta no está en lo que se espera conseguir sino en el daño que se quiere reparar. Reparar el daño no es restaurar la situación perdida o buscar una compensación. Una madre no podrá recuperar nunca a su hijo ejecutado. Es declarar inútil la derrota. Es declarar que la vida puede mantenerse en pie incluso allí donde todo está perdido. Desde este principio, en el que la esperanza puede transmitirse a pesar de no tenerla, se abre otra relación entre lo que somos y lo que es posible. 



Tradicionalmente, en cambio, la esperanza apunta a un futuro o a un más allá. El futuro es el del progreso. El más allá, el de la vida eterna. Dice la teología cristiana que  la esperanza es una virtud que solo Dios puede darnos. Por eso, conjuntamente con la fe y la caridad es una virtud teologal o infundida. Una virtud sobrenatural. El pensamiento utópico y revolucionario moderno desplaza esta expectativa a la idea de una sociedad perfecta. En los dos casos, la esperanza da sentido al tiempo vivido y al tiempo histórico desde un horizonte de salvación y de reconocimiento, donde la lucha entre los posibles que desgarran nuestras vidas quedaría del todo resuelta. El mundo contemporáneo no sólo nace de la muerte de Dios, sino de la renuncia al horizonte de la salvación. Renunciar a la salvación es rebelarse, también, contra toda condena. No seremos salvados porque no estamos condenados. El sentido de la lucha es el que tiene ahora, aquí, para nosotros. El horizonte lo desplazamos cada día, desafiando y empujando los límites que nos imponen la impotencia y la resignación. No estamos en el mejor de los mundos posibles, pero tampoco nos espera otro mejor al final del camino. Porque no hay camino. Lo que hay son deseos, objetivos, retos, alegrías, necesidades, desafíos. En definitiva, la latencia de lo que es inmediato. Un sentido de lo posible que, como escribió Ernst Bloch en los mismos años que Benjamín, solo puede ser despertado contra toda posibilidad.

lunes, 15 de mayo de 2017

Caridad y humillación

No es la lectura más entretenida del mundo, pero el enfoque del libro "La sociedad decente", de  Avishai Margalit, es muy interesante: una sociedad decente, o una sociedad civilizada, es aquella cuyas instituciones no humillan a las personas sujetas a su autoridad, y cuyos ciudadanos no se humillan unos a otros. Lo que la filosofía política necesita urgentemente es una vía que nos permita vivir juntos sin humillaciones y con dignidad.

Desde que comencé mi compromiso en ATD Cuarto Mundo, siempre me ha impactado el peso de la vergüenza y la humillación que sienten quienes viven en condiciones de mayor pobreza y exclusión, así como la invisibilidad de esta dimensión para muchas de las personas e instituciones que se acercan en muchas ocasiones para ayudar. Por eso, pese a que es difícil de sostener en algunas circunstancias, mantenemos la importancia de no caer en el asistencialismo. Una opción que la lectura del siguiente texto que aparece al final de este libro me ayuda a comprender mejor:

"Desde la perspectiva del receptor, si las personas le dan caridad por motivos egoistas,  su propia disposición a aceptar la dádiva ya satisface al donante , por tanto, los receptores no tienen ninguna necesidad de sentir que deben algo a los donantes. Están obligados a dar las gracias, pero no a sentir agradecimiento. Sólo se esta obligado a sentir agradecimiento hacia aquellos donantes cuya motivación para dar es exclusivamente su preocupación por los necesitados. En realidad, los donantes no pueden pedir gratitud, puesto que no actúan con ánimo de recibirla, aunque por su parte los receptores están obligados a sentirla, puesto que se benefician de la generosidad de los donantes. Sentir agradecimiento cuando no se puede corresponder a la amabilidad, tiende a situar a las personas en una posición de inferioridad. Esta situación cambia si los donantes actúan por consideraciones egoístas, ya que, en este caso, lo único que deben los receptores a sus benefactores no es gratitud, sino palabras de agradecimiento.



Se podría pensar que las personas que están dispuestas a dar caridad por puro altruismo también lo estarían a hacer sus donaciones anónimamente. Ello liberaría a los receptores de la necesidad de expresar agradecimiento, aunque no resolvería el problema. El problema es el sentimiento degratitud, no las palabras de agradecimiento. Quienes reciben donaciones anónimas quedan eximidos de dar las gracias, pero no de sentir gratitud. El problema es admitir que están en una situación de inferioridad tal que les impide corresponder a la amabilidad que se ha tenido con ellos. Además, los donantes no necesitan que se les devuelva ningún favor por su dádiva. El principio de reciprocidad de dar y recibir está roto. Este principio está en el núcleo del problema de la caridad, un problema que ni siquiera se puede resolver mediante las donaciones anónimas"

jueves, 6 de abril de 2017

Por un Madrid en el que la vivienda no sea un lujo, sino un derecho

¿Te imaginas que el derecho a la vivienda fuera una realidad? ¿Que se garantizara su cumplimiento y se pusieran los medios (ya existentes) para que quienes siempre lo han visto vulnerado no se quedaran de nuevo a la intemperie? Pues de eso va la Iniciativa Legislativa Popular que han lanzado desde la PAH, ALA y la FRAVM, y que necesita recoger 50.000 firmas antes del 26 de mayo.

El baile de encuentros y diálogos está en marcha...



¿Que dónde? Mira este mapa...



Y para profundizar en la propuesta, bucea en la web http://www.ilpviviendamadrid.com/
o mira el resumen de la propuesta y el texto de la ley que se propone.

domingo, 19 de febrero de 2017

Pobreza Nunca más

 Este 2017 tenemos que conseguir que esta campaña resuene por todos lados. No podemos permitir que la lucha contra la pobreza siga siendo un decorado de fondo...


Pobreza Nunca más


La extrema pobreza es violencia, provoca humillaciones, encierra en el silencio y destruye vidas. Sin embargo, la miseria no es inevitable. Así como rechazamos la esclavitud y el apartheid, rechazamos la extrema pobreza y el derroche humano que representa. Quienes la sufren no dejan de resistir y el mundo necesita de su inteligencia y valentía para superar los desafíos que afronta. En el mundo entero, personas en situación de exclusión se hacen oír y actúan, otras se suman a ellas para construir juntas un mundo de paz que no deje a nadie atrás.




Y para quien quiera conocer quién está en el origen de este Movimiento, nada mejor que este vídeo:

domingo, 5 de febrero de 2017

Desde la comunidad

El libro de "Política y miseria", de Raul Zibecci, es ideal para una lectura compartida y debatida, porque abunda en temas polémicos con un posicionamiento muy claro, con el que no termino de estar de acuerdo, pero que obliga a replantear la toma de postura que cada uno tenemos. Y, sobre todo, apunta al final algunas cuestiones que creo que es esencial tomar en cuenta a la hora de plantearnos una transformación a fondo y con sentido del sistema. Acá recojo algunas de ellas sobre el tema de la comunidad como clave de resistencia y lucha:

"La forma comunidad es la que revisten tanto las micro-resistencias como las grandes rebeliones. En el taller, en la cotidianeidad, se enfrentan decenas y cientos de obreros y obreras con un puñado de controladores, en una clara situación de inferioridad individual. Deben asumir la forma anónima de un todo orgánico, indivisible, para evitar la sanción y el castigo que siempre son individualizados, ya que el castigo colectivo no hace sino fortalecer la comunidad. 

Por comunidad entiendo la experiencia compartida; pero esa experiencia en la realidad no la comparten los miles de obreros de una fábrica, sino sólo las decenas o escasos cientos que integran una sección. La lucha de toda una fábrica es una situación poco común, que se puede producir durante un lapso breve cada cierto tiempo. En general, son luchas de secciones, y hay ciertamente secciones mucho más conflictivas que otras, ya sea por las condiciones de trabajo, el tipo de personas que las integran o por la presencia de personajes odiados por el colectivo. Que una sección entera pare cada vez que llega el capataz, como sucedía todos los días en Telares en Juan Lacaze, es porque el personaje es odiado por todos, y porque todos forman un cuerpo único por lo menos frente a ese capataz. Cuando una sección hace un paro porque una obrera fue manoseada por el jefe, sucede algo similar: la sección se ha convertido en una comunidad en la cual la agresión a un miembro es sentida como una violencia inaceptable por el colectivo.


El capital aborrece la comunidad, no puede dominarla y por lo tanto no puede extraerle plusvalor. El capital llegó al mundo destruyendo la comunidad, porque “la llamada acumulación primitiva no es sino la destrucción de la comunidad precapitalista” (Chatterjee, 167). El Estado-Nación, aliado necesario del capital, también necesita anular la comunidad, trasmutarla en nación porque “no puede reconocer dentro de su jurisdicción ninguna forma de comunidad, excepto la forma singular, predeterminada y demográficamente cuantificable de la nación” (ídem: 171). Por eso las independencias de nuestras naciones, que conjugaron en un mismo proceso la creación del Estado-Nación y la profundización del capitalismo, le hicieron la guerra a las comunidades indias, negras, cimarronas y aun criollas donde las hubiera, hasta exterminarlas. Y, por eso también, las resistencias al capital y a la dominación asumen la forma ética y política de comunidad."



domingo, 4 de diciembre de 2016

Mano a mano con Juan, Toni, Rosa, José...

Pues sí, acá ando de nuevo, lanzando un recordatorio de que estamos en la cuenta atrás de la primera fase de la campaña "Realojando Derechos" de la que ya te mandé información en su día. Antes del viernes 9 tenemos que llegar al mínimo que hemos fijado, y aunque no estamos lejos necesitamos pequeños empujones de mucha gente para poder llegar.


Ya sé que campañas de estas hay mil y una, y que cada uno contamos nuestro rollo de por qué es importante. Pero bueno, no está de más explicarse tampoco, ¿no?

Para mí esta campaña, este informe que queremos hacer, está muy relacionado con lo que he vivido y aprendido en la Asamblea Vivienda Digna para Todas las Personas en los últimos dos años, y en concreto con  Juan, Toni, Rosa, José y tantas otras personas que han participado en él poniendo en juego su experiencia y conocimiento de luchar desde los márgenes con poder tener un espacio digno y seguro en el que vivir.

Con Juan, por ejemplo, fui hace año y medio al Parlamento Europeo, invitados a una jornada de trabajo sobre sinhogarismo. La intervención que construimos mano a mano, entre los dos, es uno de los momentos de los que más orgulloso me siento, por esa sensación de trabajo en equipo para conseguir explicar de la mejor manera posible la reflexión que habíamos construido con otros en Madrid. Hay un audio por si lo quieres oir (no muy bueno, pero para quien quiera cotillerar). Ahí fue cuando Juan lanzó su frase que hemos repetido luego como mantra: "Sin vivienda no existes".


El curso pasado dimos un paso más: organizamos nuestras propuestas en un documento, "5 compromisos y 5 garantías por la vivienda digna", que presentamos a diferentes grupos políticos de la Comunidad de Madrid y de los Ayuntamientos de Madrid y Alcalá. Una oportunidad para que Juan, Rosa, Toni, Asunción tomarán la palabra frente a los representates políticos y pudieran dialogar de tú a tú con ellos, y hablando no sólo de su situación, sino de la de muchas otras personas y familias. Como volvió a decir Juan, esta vez a la directora de la Agencia de Vivienda Social de la Comunidad de Madrid, en relación a las familias de las Sabinas, en Móstoles, que se quedan fuera del realojo del barrio que se espera en los próximos meses: “No estoy hablando de mi caso, sino de todas las personas que están viviendo en poblados chabolistas. Habrá que buscar una alternativa porque cuando todas esas personas se queden el la calle van a vivir lo mismo que yo, que llevo 15 años dando tumbos por las calles sin encontrar ninguna solución.”

Por eso queremos hacer este informe para el que buscamos apoyo. Para dar más solidez a lo que vamos aprendiendo juntos, para poder compartirlo de manera más clara y para que sea una herramienta en la lucha por la vivienda digna sin exclusiones.




Si quieres leer más sobre el tema, acá van algunos artículos que hemos publicado en estos días.


El salmón contracorriente - Sin vivienda no existes para la sociedad
3500 millones (El País): No dejar a nadie fuera
Entre Paréntesis -  Vivienda Digna para Todas las Personas