Sin embargo, mirando más de cerca lo que ha pasado en este tiempo, me vuelve la sonrisa y la esperanza en estos días. Uno de los cambios que he vivido ha sido el pasar de vivir en la ciudad a hacerlo en un pueblo que, aunque cercano a esta, me ha permitido vivir y enredar de manera diferente y concreta mi cotidiano junto a otras personas con ganas de compartir. Otro, el haber podido participar en un proyecto de co-investigación y co-formación en salud comunitaria entre profesionales y personas en pobreza de Vallecas y Tetuán, puesto en marcha por el nuevo ayuntamiento madrileño. Y así podría seguir sumando encuentros, aprendizajes y redes que ayudan a sostener la vida, la mía y la tuya, la nuestra... La común, como dice este vídeo. Porque entre tantas propuestas que no hacen sino remarcar diferencias, buscar enfrentamientos y pelear fronteras, no queda otra que apostarlo todo a mirarnos a los ojos, reconociéndonos en lo que nos une, en lo que nos diferencia y en lo que podemos hacer conjuntamente si sumamos fuerzas, inteligencias y horizontes.
El gasto militar de 2013 asciende a 23.604,91 millones de euros, lo que supone un 6,83% de los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Esta cifra incluye el gasto de las Fuerzas Armadas, asignado al Ministerio de Defensa u otros Ministerios, y el dinero destinado al control social (cuerpos policiales, gastos penitenciarios, etc.). Sin embargo, atendiendo a que todos los años el gasto ejecutado supera con creces al presupuestado, se calcula que en 2014 el gasto real llegará a los 34.019,88 millones de euros (9,84% de los PGE), lo que supone un gasto de 721,83 € por persona y año.
La Objeción Fiscal al Gasto Militar es una herramienta que nos permite superar la pasividad y el papel de meras víctimas de las políticas injustas. Es una invitación a la esperanza, un gesto sencillo de resistencia y desobediencia a todo militarismo que visibiliza la coacción que el poder impone para perpetuarse y defender sus privilegios.
El rostro más conocido del militarismo es el ejército, o de forma más amplia el “complejo militar-industrial”, que desempeña un papel estratégico en el mantenimiento del statu quo económico mundial. Su otra cara, el control social, se infiltra poco a poco en cada resquicio de la sociedad. Vigilancia —legal o ilegal— permanente, criminalización de toda disidencia, mayores atribuciones e impunidad de las diferentes policías y vigilantes de seguridad, endurecimiento del Código Penal... En estos momentos en que se está tramitando la “ley mordaza” es un imperativo ético impulsar todas aquellas campañas de Desobediencia Civil que nos permitan enfrentar estos ataques a la libertad y dignidad de las personas.






