viernes, 18 de enero de 2019

¿Cuándo gobernarán los unicornios alados?

- Papá, ¿cuándo gobernarán los unicornios alados?
Así podría subir la montaña sin miedo a caerme.

Una imagen sorprendente, luminosa, soñadora...
Y un poso, un eco que guarda en mi oído
la pregunta que me lanzas.

Porque elevarse agranda el vacío,
lo hace más hondo y solitario.
Mientras, el verde se apaga
junto a la vegetación,
cada vez más escondida 
en la memoria.

- Papá, ¿cuándo gobernarán los unicornios alados?
Así podría subir la montaña sin miedo a caerme.

Sí. 
Yo también
 necesito aferrarme a la belleza
como roca que me salve,
acallar miedos y ansias
confiando en un sostén
que aparece como magia.

Pero no lo es.
No es magia, no.
Es un sueño que me empuja,
un deseo de crear, 
de liberar y cuidar.

Un unicornio.
Un unicornio alado
en el que montar 
e invitarte 
a subir,
a confiar, 
a vivir.

- Papá, ¿cuándo gobernarán los unicornios alados?
- En cuanto les dejemos volar.



lunes, 14 de enero de 2019

El derecho a la fraternidad

Hay determinadas relaciones que de primeras suenan impostadas, irreales, erróneas. Y es curioso ver como, cuando se profundiza un poco en las tensiones que hay entre los distintos polos de estas, aparecen más puntos de encuentro de los esperados, y al mismo tiempo la historia de cómo se ha ido construyendo y en función de qué intereses la imposibilidad de conjugar juntas ciertas cuestiones.

Es lo que pasa por ejemplo cuando se juntan derecho y fraternidad. De primeras, la sensación es que se trata de términos enfrentados. Pero no hay más que acompañar a Angel Puyol en el recorrido que hace desde la Grecia clásica hasta el la sociedad actual, pasando por la Revolución Francesa, para descubrir que no solo hay muchas conexiones posibles entre ambas cuestiones, sino que es prioritario recuperar la potencia revolucionaria que tienen si logramos articularlas. Acá van algunos fragmentos...

"El derecho a la fraternidad tiene dos significaciones mutuamente dependientes: una emancipadora y otra asistencial. En su sentido emancipador, la fraternidad es un ideal político cuyo fin es que todos los individuos, sin excep­ción, se liberen del poder, la autoridad, la tutela o cualquier tipo de subordinación o dependencia civil, social y económi­ca que puedan padecer. La fraternidad actúa como una metá­fora en la que los individuos o ciudadanos libres se tratan políticamente a sí mismos como hermanas y hermanos de una misma familia extendida que es la sociedad, de modo que ninguna desigualdad que pueda haber entre ellos, por natural o legítima que sea, llegue nunca a convertirse en un abuso de poder, en la sujeción del débil al poderoso. En su sentido asistencial, la fraternidad significa que los indivi­duos deben protegerse unos a otros de los males evitables de la existencia, garantizando el acceso de todos al disfrute de los bienes considerados básicos, como la educación, la salud, el trabajo, la cultura o la seguridad.

En la actualidad, podríamos pensar que la solidaridad es una buena sustituta de la fraternidad, ya que conservaría su genuino sentido político sin asumir el lastre religioso, sexista y emocional que suele acompañar a la idea tradicional de fraternidad. (...) Si bien es cierto que la idea de solidaridad acoge con facilidad el sentido asistencial de la fraternidad, plasmado en el Estado de bienestar, se desentiende por completo de su sentido emancipador, esto es, de la lucha contra las múltiples formas sociales de exclusión, sumisión, arbitrariedad, discriminación y humillación. Además, la fraternidad exige que los fraternos se traten entre sí como iguales, como iguales son las hermanas y her­manos de una misma familia, mientras que la solidaridad no se siente incómoda con relaciones asimétricas. Nos solidari­zamos con los pobres del tercer mundo, con los desplazados por las guerras y con las ballenas en extinción, pero no cues­tionamos la posición privilegiada o los mayores derechos de quienes ejercen la solidaridad. Esta ni supone ni impone, como su propia condición de posibilidad, la instauración de unas relaciones de respeto igualitario entre unos y otros. Tam­poco asegura el derecho de cada uno a beneficiarse de la pro­tección de todos, tal como vemos hoy día con la vergonzosa reducción de la solidaridad social a un concurso de méritos en que los perceptores de los subsidios sociales deben acreditar propósito de enmienda, buen comportamiento y hasta agra­decimiento para ser dignos de la ayuda que necesitan.

(...)

No se trata de saber si la fraternidad se puede decretar, sino si puede constituir un principio fundamental susceptible de inspirar al derecho o a la política, si puede dar lugar a ciertas traducciones jurídicas concretas vinculantes. En este sentido, lo que realmente importa al derecho es si la fraternidad es un principio capaz de motivar al legislador y de producir, como hacen los principios de libertad y de igualdad, las normas aplicables a la Sociedad y, por tanto, si funciona como un verdadero principio jurídico o un verdadero fundamento de derecho."



lunes, 7 de enero de 2019

Congelados

Y de repente llegan regalos que de manera inesperada te rompen los esquemas llevándote a nuevos lugares... Ayer, entre diversos libros que amacieron al pie de nuestros zapatos, uno de ellos nos pilló al despiste y entre dobles sentidos y risas complices nos llevó a un abrazo inesperado...

Mejor no contar nada para no perderse los descubrimientos que trae cada página, simplemente decir que este libro es una joya: "El lobo en calzoncillos ¡Se me congelan!"

martes, 1 de enero de 2019

¿Qué sueño para el 2019? Que seamos capaces de escucharnos, enredarnos y crear desde lo individual y lo común como invita a hacer Bobby McFerrin en este genial vídeo:

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Joder, Lichis, otra vez...

¿Que qué he hecho este año que acaba? Dificil recordar tantas cosas que han pasado, que han ido surgiendo, que he abrazado... Pero sin embargo, tras gran parte de ellas resuena la misma banda sonora, esas canciones que han ido lloviznando los días de este último otoño, insistentes pero nunca de más... Una banda sonora de mariposas y torneos de verano, una banda sonora del Lichis, que años después de atraparme con la Cabra Mecánica y tras haberme distanciado de él en su último viraje, de repente redescubro maravillado. Melodías que van calando poco a poco para hacerse imprescindibles, letras y palabras que sin saber muy bien por qué hacen eco profundo con lo que vivo y quiero vivir...

Gracias, Lichis. Que gusto reencontrarte como viejo, amigo aunque no me conozcas. Gracias por seguir cambiando los discos que van cambiando mi vida.







martes, 25 de diciembre de 2018

Esa vida que se abre paso...

Un año más, la vida se abre paso frente al rechazo de quienes levantan muros y cierran puertas. La buena noticia se hace presente en los márgenes, en las grietas, allá donde los focos señalan tan solo para asustar.

Mientras tanto, algunos dicen hacer memoria de otro nacimiento, de otro milagro nacido a las afueras de la sociedad bienpensante y denostado por el poder reinante en la época.

En esa sombra y en esta, en aquel frío y en el de este invierno nuestro, el abrazo tierno y el calor de quienes desde la humana sencillez acogen sin preguntar alumbra y sostiene la vida.

Que dejen de blasfemar. Quienes hipócritamente celebran aquel nacimiento lejano mientras abandonan a su suerte y rechazan a la humanidad que lucha por sobrevivir, que dejen de blasfemar. 

Contemplemos, acojamos y abracemos a esta vida que, un año más, un día más, se abre paso... 


viernes, 23 de noviembre de 2018

Mi utopía es la vida real

Dicen que las utopías son propias de la adolescencia y la juventud, de esa etapa de ensoñación en la que los pies dudan a veces entre el terreno que pisan y las ganas de volar hacia nuevos parajes o crear nuevos mundos. Siempre rechacé esta idea, que me pareció derrotista, pero justamente hoy, celebrando un año más que cae en mi saca, comienzo la lectura de "Historia de las Utopías", de Lewis Mumford, precisamente una obra de juventud, y desde sus primeras páginas me reconozco en lo que dice, no como voz de la ensoñación frustrada, sino como palabra enraizada en un abrirse a la vida que puede llevar más lejos (y más cerca) aún de lo que uno esperaba cuando empezaba a batir las alas.

"Al intentar extraer el elemento ideal de la matriz de la sociedad contemporánea, los utopistas clásicos, a menudo en ese mismo esfuerzo por lograr una forma más pura de comunidad, dejaban fuera muchos componentes necesarios que, como los elementos más básicos de una aleación, fortalecen los metales preciosos y los hacen más duraderos. El funcionamiento del entorno natural y de la historia humana provee incluso a la comunidad más pobre de un rico abono, que es mucho más favorable a la vida de lo que podría serlo el más racional de los esquemas ideales si le faltase un suelo semejante sobre el que desarrollarse. Con todo, en mi juventud, la creencia utópica en que la vida presenta distintas potencialidades latentes e inutilizadas que podrían cultivarse y llevarse a la perfección se me antojaba algo saludable; y todavía conservo tal creencia en la permanente posibilidad de la autotransformadón y autotrascendenda del hombre.

(...)

Bien es verdad que los revoludonarios del siglo XVIII y sus seguidores más recientes a menudo exageraban la maleabilidad de la sociedad y, lo que es peor, imaginaban que descartando meramente el pasado conseguirían la dave de un futuro mejor, completamente racional en sus propósitos y, en consecuencia, ideal conforme a su propio criterio. Para ellos, y siguiendo a Locke, la sociedad humana era producto de la mente humana y debía ser tratada como un folio en blanco sobre el cual cada generación podría, tras borrar el pasado, dejar su propia impronta ideal. De ahí que se equivocasen al sobrevalorar tanto la cantidad como el valor de las mutaciones creativas que se producían en cada generación y al infravalorar la importanda de los «vestigios» y las «persistencias» que habia ido depositando cada generación anterior, que aumentaban de forma inimaginable la riqueza de la vida humana y que, por cierto, resultaban — como el lenguaje mismo— esenciales para su supervivenda.

(...)

Desde el principio era consciente de otra virtud que curiosamente se había pasado por alto: todas las obras utópicas clásicas habían considerado la sociedad como un todo y le habían hecho justicia, al menos en la imaginación, a la interacción entre el trabajo, la gente y el espacio, y a la interrelación entre las funciones, la instituciones y los propósitos humanos. (...) El pensamiento utópico, tal como yo llegué a concebirlo, era pues lo opuesto al unilateralismo, el sectarismo, la parcialidad, el provincianismo y la especialización. Quien practicase el método utópico debía contemplar holísticamente la vida y verla como un todo interrelacionado: no como una mezcla azarosa, sino como una unión de piezas orgánica y crecientemente organizable, cuyo equilibrio era importante mantener — como en el caso de cualquier organismo viviente— a fin de promover el crecimiento y la trascendencia. Gracias al ejemplo de Patrick Geddes, uno de mis primeros maestros, dicha creencia en el equilibrio y la totalidad ya estaba profundamente enraizada en mí cuando escribí este libro. Si no al duro trabajo, sí había renunciado a las recompensas del especialista y había emprendido conscientemente mi carrera como un «generalista», como alguien más interesado en unir los fragmentos conforme a un patrón ordenado y significativo que en investigar minuciosamente cada una de las piezas aisladas.

(...)

No tengo una utopía privada. Si la tuviera, tendría que incluir las utopías privadas de muchos otros hombres y los ideales realizados de muchas otras sociedades, pues la vida aún contiene demasiadas potencialidades como para ser abarcadas por los proyectos de una sola generación, o por las esperanzas y creencias de un solo pensador. Al contrario que la mayoría de los utopistas, en cualquier plan tengo que dejar un lugar para los desafios, la oposición y el conflicto, para el mal y la corrupción, pues resultan visibles en la historia natural de todas las sociedades; y si pongo el énfasis en las virtudes salutíferas y apunto hacia fines más trascendentales, es porque los momentos negativos de la vida se las apañan bien por sí solos y no necesitan de mayores estímulos. Uno no tiene que planear el caos y la degradación, pues estos se producen cuando el espíritu cesa de estar al mando. Mi utopía es la vida real, aquí o en cualquier parte, llevada hasta los límites de sus posibilidades ideales. Por eso, para mí el pasado es una fuente de utopías tanto como el futuro, y la intensa interacción entre todos esos aspectos de la existencia, incluidos muchos acontecimientos que no pueden ser plenamente formulados o captados, constituye a mis ojos una realidad que sobrepasa todo lo que uno pueda imaginar o representarse mediante el solo ejercicio de la inteligencia pura.

De mi estudio de las utopías derivaron dos ideas positivas fundamentales que se han visto refrendadas por estudios y reflexiones posteriores. Tales ideas constituían la confirmación de las mismas intuiciones que, en un primer momento, me habían impulsado a emprender un estudio sistemático. La primera era la idea de que cualquier comunidad posee, además de sus instituciones vigentes, toda una reserva de potencialidades, en parte enraizadas en su pasado, vivas todavía aunque ocultas, y en parte brotando de nuevos cruces y mutaciones que abren el camino a futuros desarrollos. Aquí se constata la función pragmática de los ideales, pues ninguna sociedad será plenamente consciente de su naturaleza intrínseca o de sus perspectivas naturales si ignora el hecho de que existen múltiples alternativas al sendero por el que de hecho se ha encaminado, así como una multitud de fines posibles además de aquellos que resultan inmediatamente visibles. La otra idea positiva derivada de las utopías es la idea de totalidad y equilibrio, que, como ha demostrado la ciencia biológica, son atributos esenciales de todos los organismos. Tales atributos se convierten en imperativos conscientes para el hombre, precisamente por ser su equilibrio, tanto en lo que se refiere a su vida personal como a su vida comunitaria, algo tan delicado, y porque su propia integridad a menudo se ha visto amputada, y restringida su capacidad de acción, a causa de un perverso y excesivo énfasis en una ideología, institución o mecanismo, supuestamente de suma importancia.

(...)

Así pues, las intuiciones originales que subyacen a ´Historia de las utopías´, en lugar de verse desmentidas, han sido confirmadas en lo esencial por la experiencia de los últimos cuarenta años. La necesidad de comprender las múltiples potencialidades de la vida, de lograr el equilibrio y la integridad en todos los aspectos de nuestra existencia, de perseguir la perfección en otros ámbitos distintos de la técnica jamás fue tan grande como es hoy en día."

Pues eso. A seguir en esta utopía de la vida real, explorando sus límites y equilibrios en estos tiempos tan descolocados...


viernes, 19 de octubre de 2018

Pasear la dignidad

"Yo por esta calle nunca he podido caminar de esta manera, con esta tranquilidad. Si vengo yo solo, enseguida la policía se pone en alerta... No me echan directamente, no me dicen nada, pero me van rodeando, agobiando, hasta que no me doy cuenta y ya me han sacado de la zona".

Esto me comentaba una de las personas que participó en la acción "Pasear y Visibilizar" convocada por ATD Cuarto Mundo, San Carlos Borromeo y Apoyo por el Día Mundial para la Erradicación de la Pobreza. Una propuesta de hacer visible la realidad de la pobreza existente a nuestro lado en la "milla de oro" de la Calle Serrano. Una invitación a abrir los ojos, por un lado, pero también a recuperar un espacio prohibido para algunas personas que no es que sean invisibles, sino que se las expulsa y oculta, como si su presencia no pudiera ser más que una amenaza.

El pasado 17 de octubre, estas personas, junto a quienes nos comprometemos a su lado, paseamos nuestro llamamiento para unirnos en la lucha contra la pobreza, que no es algo inevitable, por uno de los espacios "prohibidos" habitualmente para ellas. Pudieron decir "aquí estamos".

El paseo de la dignidad, la resistencia y la esperanza.



miércoles, 16 de mayo de 2018

Política en femenino

Es un libro pequeño, pero lleno de experiencia, razonamiento y esperanza que lucha por abrirse paso. Se llama "Horizontes comunitario-populares", y su autora es Raquel Gutiérrez Aguilar, apujntando a lugares muy interes, como el de política en femenino. Así explica lo que es:

El calificativo «en femenino», cuya intención es la distinción de una forma específica de lo político, busca enfatizar dos cuestiones. 

En primer lugar, establecer que el eje de atención y el punto de partida de esta forma de lo político es el compromiso colectivo con la reproducción de la vida en su conjunto, humana y no humana. Siguiendo la perspectiva analítica de Silvia Federici, quien señala que una de las más graves consecuencias del histórico avance y predomino del capitalismo a lo largo y ancho del mundo es la escisión brutal de la vida humana en dos ámbitos segmentados y excluyentes: el de la producción —de mercancías, esto es, de capital— y el de la reproducción de la vida en su conjunto —incluyendo la procreación—, recojo el desafío que la autora lanza convocándonos a pensar lo relativo a las posibilidades de transformación social —asuntos políticos por excelencia— desde el ámbito de la reproducción de la vida material y no de alguna variante en la gestión de la acumulación del capital. 

En segundo lugar, utilizo la expresión «política en femenino» porque al asumir como punto de partida y eje de lo político lo relacionado con la producción, la defensa y la ampliación de las condiciones para la reproducción de la vida en su conjunto, se hace inmediatamente necesario establecer algún tipo de sentido de inclusión, que es difícilmente analizable desde cánones clásicos de comprensión de lo político predominantemente masculinos y ligados a la acumulación de capital asentados en la consagración de términos de pertenencia, es decir, de definiciones que establecen exclusiones y separaciones. Algunas autoras llaman a estas formas de lo político, formas comunitarias o incluso, políticas indígenas. Elijo nombrarlas «políticas en femenino» en tanto su eje y corazón es la reproducción de la vida material, centro de atención tradicional de la actividad femenina no exclusiva pero sí crucial y en tanto su calidad expansiva y subversiva se afianza en la posibilidad de incluir y articular la creatividad y actividad humanas para fines autónomos. Claramente, la política en femenino, en tanto es una política que no ambiciona gestionar la acumulación del capital, sino que busca reiteradamente limitarla, es una política no estado-céntrica. Esto es, no se propone como asunto central la confrontación con el estado ni se guía por armar estrategias para su «ocupación» o «toma»; sino que, básicamente, se afianza en la defensa de lo común, disloca la capacidad de mando e imposición del capital y del estado y pluraliza y amplifica múltiples capacidades sociales de intervención y decisión sobre asuntos públicos: dispersa el poder en tanto habilita la reapropiación de la palabra y la decisión colectiva sobre asuntos que a todos competen porque a todos afectan.  

Los ejes de esta forma de lo político suelen ser el cuidado-conservación así como la reapropiación social de la riqueza y los bienes producidos colectivamente que garantizan la posibilidad de reproducción de la vida colectiva. Tal contenido entonces, antes que un modelo de gobierno señala un camino de vida y de lucha, y confronta enormes dificultades para expresarse a través de pensamientos abiertos y flexibles, en medio del enorme cúmulo existente de nociones y sentidos comunes —centrados en el predominio del capital, del estado, del mando y de lo masculino— acerca de lo político que se van volviendo cada vez más rígidos e impotentes.

martes, 1 de mayo de 2018

¿Te atreves a ser más débil?


Una reseña de una charla de Judith Butler en la que apunta hacia una de las cuestiones que en mi opinión debemos atrevernos a afrontar. (Vía El Salto)

“No me ahorro incomodidades”, dijo nada más erigirse frente altar de su conferencia. Empezó concluyendo: “al final, es el Estado el que de forma violenta viene a decirnos quiénes son los violentos”. Para después descomponerlo todo y llevarnos a otro lugar. Marina Garcés, filósofa (de guerrillas) la había presentado con referencias obvias a lo que ha estado pasando en los últimos meses en Cataluña. Así que con los aforismos y la actualidad claras, descendió a los conceptos más básicos para que todas las que nos dábamos cita allí nos deconstruyéramos juntas para volver más sólidas.

Para entender la no-violencia, una teórica de las identidades tenía que empezar por preguntarse quiénes éramos nosotras. Las que estábamos allí una tarde de abril en el hall del CCCB. Somos humanas y “algo hay que nos une para estar todas allí” porque de lo contrario, no estaríamos, pero seguramente no podríamos considerarnos ni de la misma región, ciudad o Estado ni aunque lo fuéramos. Lo que estaba claro es que no éramos autosuficientes, porque esa teoría del hombre que lo es ya es, de por sí, ridícula y sexista.

Primer punto clave. Los hombres en islas que no necesitan a nadie ni a nada son un absurdo. La teoría que así los presenta “olvida que las personas no nacen adultas”. Nacen niñas y pasan de unas manos a otras, literalmente, hasta que aprenden a comer, caminar o hablar, cosa que tardan años en hacer. Esta reflexión tan a todas luces obvia no existe en el contrato social bajo el que nos relacionamos. Nuestras leyes y normas sociales se basan en ese modelo en el que somos seres individuales y adultos que no dependen unos de otros y nunca lo han hecho. Pero es esa dependencia la que nos hace iguales. Necesitar a los otros para ser quienes somos, porque igual que de pequeños necesitamos que nos alimenten y nos sujeten para estar de pie, de mayores necesitamos supermercados, fabricantes de cocinas, pavimentos y semáforos para lo mismo. ¿Quién puede entonces pensar que somos autosuficientes?

Si a estas alturas seguís el hilo, cosa que la misma Butler se preguntaba en la charla, ya estáis a punto de entender esta deriva. Siguiente punto clave. La única manera de sobrevivir es ser conscientes de la dependencia. La única manera de asegurar que vivamos en igualdad es aceptar la dependencia y hacernos aún más dependientes. Sólo si los gobiernos saben, pero sabiéndolo de verdad, que dependen unos de otros, pueden luchar contra el cambio climático, que es global. Si yo contamino en mi país, lo estoy haciendo en todo el mundo. Este agua contaminada llegará a todo el mundo. El aire que contamine otro país en la otra parte del mundo lo llegaremos a respirar aquí.

Tomar decisiones globales es difícil. Pero es hacia ahí hacia donde tenemos que avanzar. Y sólo hay una forma: aceptar la dependencia y con ella, la vulnerabilidad. Es difícil convencerse de que ser vulnerables es bueno cuando vivimos en un sistema capitalista que busca que seamos expertos en todo para no tener que pedir ayuda a nadie. Pero si lo que queremos es ser iguales y avanzar juntos, sólo puede ser aceptando que dependamos unos de otros por igual. Saber que necesitamos al otro y el otro a nosotros es la única manera de avanzar sin pisar cabezas, básicamente. Y esta es la verdadera clave de todo.

Se trata de depender de otros y de que otros dependan de nosotros. De lo contrario, estaríamos hablando de colonización. El problema no es ser vulnerables, es que alguien explota esa vulnerabilidad. Que el Estado nos abandone política y económicamente es la traducción de esa explotación. Y a la vez, lo que nos une a las personas de otras partes del mundo con las que no compartimos normas ni sistema legal, pero sí el abandono. Somos todas bastante igual de vulnerables, admitámoslo.

En ese abandono, en esa posibilidad de que aquello de lo que dependemos se comporte de forma no predicha, de una forma que no podemos controlar y nos haga daño es donde nace la agresión. Y la mejor manera de combatir esa violencia no es cuidándonos más, es dependiendo más, siendo más vulnerables. De la misma manera que lo más efectivo para luchar contra la violencia es la no violencia, la resistencia. Porque siendo vulnerables, defendiendo los cuidados, es como acabaremos con esa “masculinidad indiferente” que mata para defenderse. Le pondremos fin cuando todos aprendamos que matar al otro es matarnos a nosotros mismos, porque todos cuidamos de todos y dependemos de todos. Suena inocente pero, ¿no es ser sociales y apoyarnos unos en otros lo que nos diferencia del resto de animales? ¿No hay declaración más feminista que reconocer la interdependencia?

La dependencia limita la destrucción y potencia la ética, que es de lo que había venido a hablarnos Butler. Hay que repetirlo más porque, de momento, cargárselo todo es lo más normal del mundo. Quienes protestan son los vulnerables que se han aliado y constituyen la resistencia. Y al sentirse abandonados es cuando han entendido que la no violencia es la mejor manera de luchar contra la violencia. Resistirse es también un acto violento, porque se lucha casi siempre contra un poder legal y hace falta que ocurra la violencia para oponerse a ella. Para resistir, para oponerse sin violencia hay que cultivar el odio y aprender a transformarlo. A Butler le dijeron que esa afirmación era débil. Entonces, la T de su semblante serio cambió dando lugar a una sonrisa y contestó: “eso es lo que quiero, ser más débil”. Ahí es donde reside la fuerza. Y cuanto antes lo sepamos, mejor.

sábado, 7 de abril de 2018

Enseñándonos a mirar la luna

"¿Qué has aprendido hoy en el cole?". Hoy ya no escucho tanto esta frase a mi alrededor, por lo menos en mi círculo cercano, entre idas y venidas sobre cómo no encerrar la educación en una mera acumulación de conocimientos que poder inventariar. Pero sí que es una frase en la que me retumban ecos de otros tiempos y lugares, y que sigue latiendo en el fondo de la preocupación que todxs tenemos por nuestrxs hijxs, aunque nos cueste más enunciarla ahora. Pero ahí está la cuestión: ¿qué aprenden mis hijas en su escuela?¿qué me gustaría que aprendieran?¿qué hecho en falta?¿qué sueño de cara a su futuro?

Así que echo la vista atrás, pidiendo a la memoria que me dé pistas sobre los tesoros recopilados a lo largo de estos años. Y es un alivio descubrir cómo en este caminar, aún corto en el caso de mis hijas, medianamente amplio en el mío, se van acumulando momentos, encuentros y procesos que ofrecen indicaciones de por donde continuar.

En mi vida, un momento clave: el encuentro con las familias del Pozo del Huevo, marcadas por la pobreza y la dignidad a partes iguales, donde me descubrí privilegiado por el simple hecho de poder entrar y salir de allí cada semana tras hacer unas horas de voluntariado, frente al encierro de quienes allí vivían, atrapadxs en una realidad de la que por mucho que luchaban día a día, no había posibilidad de escapar: sin trabajo y sin vivienda adecuada, con el eterno cartel de "fracaso escolar" a cuestas, forzados a la dependencia porque las alternativas que encuentran para salir adelante se criminalizan, culpabilizados siempre de su situación. Como he escuchado muchas veces desde entonces a muchxs en situaciones parecidas: "es como darse contra un muro, como si lo tuvieras que tirar a cabezazos, y al final te rompes". Pero ese muro para mi no es tal, sino una puerta que puedo elegir cuando traspasar, y si es para entrar o para salir. Yo puedo decidir si ir o no ir, si quedarme o marchar. Y hace tiempo decidí que quería dejarla siempre abierta, para poder pasar tiempos dentro viendo cómo enfrentar lo que para ellxs es un muro.

Qué gusto poder recuperar también muchos momentos en los que mis hijas han ido pudiendo experimentar de manera más natural ese encuentro más allá de las barreras que fraccionan nuestra sociedad. Me emociona por ejemplo recordar la pequeña escuela infantil de Tetuán a la que fuimos durante 5 años, donde cada clase era un crisol diverso de gitanxs, payxs, latinxs y africanxs y cada 15 días se juntaba el cole entero para celebrar su riqueza y el gozo de aprender juntxs en torno a un proyecto común, desde lxs mxs peques a lxs mayores. Me emociona especialmente recordar a mis hijas jugando con sus amigxs sin diferenciar colores ni clases sociales, en contraste con los propios miedos con los que yo crecí, aterrado durante toda mi infancia por los prejuicios que descubría en mi mismo hacia el mundo gitano. Miedo que, por otro parte, aún me pesa, y eso que ahora tengo unxs cuantxs amigxs gitanxs. Pero aún hay encuentro en mí ese resquicio de rechazo a primera vista ante todo el que me conecte de nuevo con ese miedo infantil. Ojalá pudiera arrancarme ese automatismo, pero... ahí anda.

Qué gusto poder recordar los primeros años de mis hijas, cuando las calles de Madrid aún bullían en manifestaciones y creíamos que el cambio estaba cerca. Qué gusto que pudieran experimentar ese salir en común, esa fuerza de la lucha y la esperanza compartida.Qué gusto que pudieran cantar, gritar, dejarse invadir por ese grito "¡Si se puede!¡Sí se puede!". Eso quedará grabado, aunque no entendieran muy bien de que iba la cosa en concreto. Frente a las dificultades, cuando no haya salidas claras, ese recuerdo les empujará a buscar con otrxs, y a reafirmar que no hay nada imposible si nos unimos.

Eso no es poca cosa. Porque por todos lados nos bombardean para que nos encerremos con quienes son similares, con quienes nos son cercanos o compartimos determinadas visiones del mundo. Cada vez más encerradxs en burbujas aisladas dentro de las cuales creemos encontrar protección. Y cada vez más muros que dejan fuera a quiénes pueden poner estas burbujas en riesgo. Cada vez más soledad. Cada vez más aislamiento. Cada vez más impotencia. Porque para cambiar las cosas, para darle la vuelta a las realidades que duelen y generan sufrimiento, no hay otra manera que sumar, que sumarnos, que construir puentes, abrir puertas y mirarnos a los ojos. Eso mismo que yo tardé años en poder hacer mientras que para mis hijas fue un juego, muchos juegos. 

En una de esas manifestaciones, todavía con dos años y medio, mi hija de repente miró hacia el cielo y me dijo "Mira, papá.. ¡la luna!". Eso me enseñó ella ese día. Que estando juntxs tenemos que atrevernos a mirar la luna, por lejos que parezca.

Como hicieron por ejemplo en el colegio público Nuñez de Arenas, en Entrevías. Un cole que pasó de ser ejemplo de fracaso y abandono a poner en marcha una revolución desde lo cotidiano pero que apunta muy alto. Y todo porque entre algunas docentes y familias decidieron romper el guetto que se había consolidado, apostando y comprometiendo mucho en el camino. Pero mirando, desde la experiencia compartida, hacía ese horizonte que solo se puede conquistar en común. 

¿Qué es lo que quiero que mis hijas aprendan? A situarse en el mundo en el que viven, en la sociedad en la que estamos, desgraciadamente injusta y desigual. Pero no desde la resignación o la frustración. sino siendo capaces de identificar las oportunidades y herramientas que haya en cada momento para vincularse a otrxs, a lxs que se les parecen y a quienes son más diferentes, para buscarse las mañas con las que construir el "¡Sí se puede!". Y para ello no queda otra que implicarnos, día a día, en hacer posible que su colegio sea cada vez más diverso, dialogante, para todxs (y eso solo es posible dentro de la educación pública) y abierto a la creación colectiva. En ello quiero empeñarme, junto con otras madres y padres que también quieren apostar por ello. Y de eso seguro que aprenderan nuestrxs hijxs, no tanto en función de si tenemos éxito o fracasamos, sino de si somos capaces de seguir enseñándonos mutuamente para no perder de vista donde está la luna. 


jueves, 15 de marzo de 2018

Apoyo social, castigo penal ¿por qué apostamos?

Me recuerda mr. facebook que hace unos años escribí esto sobre Criminalización de la Pobreza.Y justo el mes me toca acompañar a 3 familias denunciadas por bancos y grandes empresas por su precariedad. Las fuerzas que deberían emplearse en salir adelante, encontrar soluciones efectivas y cuidar a lxs suyxs se ven atrapadas en el torbellino de angustia y miedo que generan estas demandas.

En el primero de los casos, una denuncia por usurpación en un caso de ocupación, la abogada de turno de oficio fue clara: "entiendo tu situación, y voy a hacer todo lo posible por tu caso, pero no te quiero engañar, es muy difícil. La ley protege el derecho del banco a recuperar su propiedad mucho más que el tuyo para tener una vivienda".

Tras escuchar esto miro alrededor en la sala de espera del juzgado y la veo inundada de rostros muy similares a los que pueblan los centros de Servicios Sociales. Y esto me hace recordar lo que Pedro Cabrera, profesor de sociología en Comillas, nos comentaba hace años sobre que un gran problema en España es que para tapar la falta de desarrollo de las políticas sociales se respondía con un mayor desarrollo del sistema penal. Donde no prevenimos ni protegemos, castigamos y encerramos. Si no puedes evitar que el pobre deje de serlo, quítale de enmedio, parece ser la premisa. ¿Y si invertiéramos de verdad en poder responder  de manera efectiva desde el ámbito social en vez de profundizar las desigualdades por vía penal?

Un ejemplo rídiculo pero dolorosamente cierto. Acompañé a una mujer a recoger la notificación de la multa que debía pagar tras haber sido condenada en otro juicio por usurpación. No sólo la echan a la calle sin alternativa sino que la imponen el pago de 2 euros al día durante 90 días.

     - Pero es que no puedo pagar esos 180 euros porque no tengo ingresos, me han quitado la Renta Mínima de Inserción justamente por no estar empadronada en lugar en el que vivía, porque es difícil empadronarse en un piso de ocupa.

     - Bueno, pues si no tiene ingresos la alternativa es el arresto domiciliario durante 45 días.

     - Pero si me está desahuciando... Si me echa a la calle ¿dónde voy a cumplir el arresto domiciliario?

     - Pues si no tiene vivienda para poder cumplir... Tendrá que ir a la cárcel 45 días.

¿Y todo esto para qué? ¿Qué se pretende redimir o reformar con este castigo? ¿De que sirve multar a alguien que ocupa por no tener ingresos?¿Va a dejar de buscar un techo a su familia?¿O es para quitarle de en medio unos días en el talego? La obsesión punitiva de nuestro sistema es alucinante...

martes, 13 de febrero de 2018

Pintando con palabras

Mi prima y sus pinceles, decía...



Y resulta que no es solo su prima, sino que la familia de Josele Santiago está llena de pasión por la pintura, y que cuando a él mismo le preguntan por el significado de una canción, de una historia, en realidad a lo que se aferra es a una imagen, a un fresco pintado con palabras que te invita a observar y... dejarte inundar por él.

Así que acá van algunos de sus cuadros... Mejor cerrar los ojos para poder verlos y navegar por ellos.







viernes, 9 de febrero de 2018

Fragmentos, vínculos y espejismos

Sigo con la lectura de "Ahora", del Comité Invisible, y me encuentro con una revisión muy potente y cuestionadora sobre la alternancia construida entre lo individual y lo social, desmontada en un momento de identidades y experiencias tan fragmentarias. Interesante que lo planteen no como una perdida, sino más bien como una oportunidad de recuperar la centralidad de lo que nos va construyendo con otrxs: los vínculos.

Acá van a bocajarro algunos extractos, para leer una y varias veces...

"No hay jamás comunidad como entidad, solo como experiencia. Y se trata de la experiencia de la continuidad entre seres o con el mundo. En el amor, la amistad, experimentamos esa continuidad. No hay yo y el mundo, yo y los demás, hay yo, con los míos, en este pequeño pedazo del mundo que amo, irreductiblemente. Ya hay bastante belleza en el hecho de estar aquí y en ningún otro lugar.

Sin experiencia, aunque sea puntual, de la comunidad, nos morimos, nos deseamos, nos volvemos cínicos, duros, desérticos. Nuestra necesidad de comunidad es tan imperiosa que, tras haber arrasado todos los vínculos existentes, el capitalismo ya no carbura más que con la promesa de comunidad. ¿Qué son las redes sociales, las aplicaciones de citas, sino esa promesa perpetuamente incumplida?

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Sí desde hace tres buenos siglos individuo y sociedad no han cesado de afirmarse el uno a expensas del otro, es porque este dispositivo afinado y oscilante hace girar año tras año esa encantadora bobina llamada economía. Ahora bien, al contrario de lo que nos pinta la economía, lo que hay en la vida no son individuos dotados de toda la suerte de propiedades, de las que podrían hacer uso o de las que podrían deshacerse. Lo que hay en la vida son apegos, agenciamientos, seres situados que se mueven en todo un conjunto de vehículos.

¿Qué diferencia gramatical hay cuando yo hablo de "mi hermano" o de "mi barrio" y Warren Buffett dice "mi holding" o "mis acciones"? Ninguna. Y sin embargo, en un caso se habla de apego y en el otro de propiedad legal, de algo que me constituye por un lado y de un título que poseo por el otro. Solo sobre la base de tal confusión hemos podido figurarnos que un sujeto como la "Humanidad" podría existir. La "Humanidad", es decir, todos los hombres arrancados de forma similar de lo que teje su existencia determinada y fantasmaticamente reunidos en un enorme trasto inencontrable. 

La operación de la que vive la ficción social consiste en pisotear todo lo que conforme la experiencia situada de cada ser humano singular, borrar los vínculos que nos constituyen, negar los agenciamientos en los que entramos, para a continuación recuperar los átomos, bastante lisiados, así obtenidos y retomarlos en un vínculo completamente ficticio: el famoso y espectral vínculo social. De modo que contemplarse como ser social es siempre aprehenderse desde fuera, relacionarse consigo mismo haciendo abstracción de uno mismo.

Una sociedad es siempre una alianza, una asociación voluntaria a la que uno se adhiere y de la que uno se retira de acuerdo con sus intereses. Se trata, en definitiva, de una relación, de un "vínculo" en exterioridad, un "vínculo" que no toca nada de nosotros y del que uno se despide indemne, un "vínculo" sin contacto, y en consecuencia no se trata en absoluto de un vínculo.

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El genio de la operación económica consiste en ocultar el plano en el que comete sus fechorías, ese en el que libra su verdadera guerra: el plano de los vínculos. No sufrimos en cuanto individuos, sufrimos por intentar serlo. Como la entidad individual no existe ficticiamente más que desde el exterior, ser un individuo exige mantenerse fuera de sí, extranjeros de nosotros mismos; exige en el fondo renunciar a todo contacto tanto con uno mismo como con el mundo y con los otros.

Estamos compuestos por fragmentos, rebosamos de vidas menores. En hebreo, la palabra vida es un plural, al igual que la palabra rostro. Porque en una vida hay muchas vidas y en un rostro muchos rostros. Los vínculos entre los seres no se establecen de entidad a entidad. Todo vínculo va de fragmento de ser a fragmento de ser, de fragmento de ser a fragmento del mundo, de fragmento del mundo a fragmento del mundo. Se establece más acá y más allá de la escala individual. Agencia inmediatamente entre ellas porciones de seres que de golpe se descubren al mismo nivel, se experimentan como continuos. Esta unidad entre fragmentos es lo que se siente como comunidad. Un agenciamiento se produce. Todo encuentro recorta en nosotros un dominio propio en el que se mezclan indistintamente elementos del mundo del otro y de uno mismo. 

Amar no es nunca estar juntos, sino devenir juntos. Sí amor no deshiciese la unidad ficticia del ser, el otro no sería capaz de hacerme sufrir hasta ese punto.

Lo que la percepción en términos de vínculos viene a revocar positivamente es toda la alternativa entre lo individual y lo colectivo. Un "yo" que, en situación, suena justo puede ser un nosotros de una rara potencia. Del mismo modo, la felicidad propia de toda Comuna remite a la plenitud de las singularidades, a cierta calidad de los vínculos, el resplandor en su seno de cada fragmento del mundo."

domingo, 4 de febrero de 2018

Explorando

Un día te acercas a alguien que se mueve en otros parámetros, en otros ambientes, en otras músicas, y a poco que te detengas a escuchar, aparecen y te atrapan nuevas sonoridades, nuevas propuestas, nuevas invitaciones que, como te enganchen, te arrastrarán por su caminos...

... Y a mi no me queda más que celebrar el haberme asomado a estas músicas, como la de Tremenda Jauría, que andan con paso firme acá a mi lado sin que hasta ahora me haya dado cuenta...



... O a Sara Hebe, que desde el otro lado del charco enreda y enreda sin parar...



... Y que me recuerda a Ana Tijoux, que sigue siendo un misterio para mí...



... Todo un descubrimiento también descubrir a Rebeca Lane, una revolución bien enraizada en su tierra guatemalteca...



... Y, sobre todo, este grupo que te traerá de cabeza si te dejas llevar por él... a saber donde, ¡porque lo transitan todo! ¡Esxs Mafalda!



Para terminar, este genial vídeo de Bomba Estereo que se ha convertido en el top one de la música familiar compartida con mis hijas...