Pues sí, infectado ando, escuchando una y otra vez el último disco de Calle 13, Multi_Viral, lleno de buenas rimas, exploraciones de ámbitos antes no visitados por el grupo e invitados sorprendentes, como el impagable Silvio. Simplemente genial.
miércoles, 30 de abril de 2014
sábado, 26 de abril de 2014
Paz y vida compartida
Realmente muy interesante el pensamiento y la propuesta de Juan Gutierrez, coordinador de un grupo de trabajo sobre Memoria y Procomún que aporta una visión diferente y muy necesaria frente sobre la construcción, o mejor dicho, el tejido de la paz. Acá van unos extractos de una entrevista que le hicieron hace ya unos años:
¿Cómo defines la paz?
¿Cómo defines la paz?
La
paz tiene dos caras entrelazadas e inseparables pero distintas. Varios
expertos (Johan Galtung, Adam Curle, etc.) llaman a una cara paz
positiva y a la otra paz negativa. Para definir la paz negativa,
arrancan de Kant y su famoso ensayo sobre la paz perpetua. Allí Kant
dice que la paz no es sólo ausencia de guerra, sino también ausencia de
la amenaza de guerra. Pero Kant sólo considera lo que ocurre entre
Estados y deja fuera lo que pasa dentro de una sociedad, dentro de cada
casa. Después de un viaje a Gambia, Adam Curle vio claramente cómo el
bienestar de unas vidas puede destruir otras vidas y se dijo que eso
había que incluirlo también en el concepto de violencia. La paz negativa
es también superadora de eso. Galtung dibujó lo que llamaba un
“triángulo de las violencias”: hay violencia directa, estructural y
cultural. La violencia directa es la que tiene un actor claro que ejerce
la violencia. La violencia estructural es mucho más anónima: vives bajo
una estructura que mejora la vida de unos mientras empeora la de otros.
Por ejemplo, en una familia puede haber amor, pero en Roma el pater familias
podía matar o vender como esclavos a la mujer y a los hijos. Fíjate
dentro de qué estructuras se establece ese amor, estructuras violentas y
asimétricas. El cariño y las manifestaciones del amor pueden darse,
pero como acto, no tienen estructura que las proteja. Y por último, la
violencia cultural es por ejemplo la que va señalando blancos sobre los
que disparar (clichés peyorativos como “sudaca”) o la naturalización de
las jerarquías a las que se refería Mandela en su autobiografía cuando
recuerda que los negros bajo el apartheid llamaban “papá” y
“mamá” a los amos blancos. Así que el concepto de paz negativa se ha ido
abriendo desde Kant para incorporar otras violencias que circulan en el
seno de la sociedad: ya no sólo relaciones dañinas, sino también
estructuras que las sostienen o culturas que las alientan. Es un gran
avance.
Pero esa es sólo una cara…
En
la comunidad de investigadores más o menos hay acuerdo en que la paz
negativa consiste en rechazar la violencia y la guerra. Pero lo que yo
no veo son muchos acercamientos a la otra cara de la paz, la paz
positiva. Las más de las veces no se recoge entera, bien definida. Creo
que todavía impera el punto de vista dialéctico: la violencia es el No a
la vida, por tanto el No a la violencia es el Sí a la vida. Sobre este
“pasodoble del No”, como yo le digo, hay grandes construcciones, desde
Hegel a la Escuela de Frankfurt… O el mismo Marx cuando en el Manifiesto
dice “el obrero no tiene patria, no tiene religión, no tiene familia,
por tanto encarna al género humano”. Es el No a las especificidades que
son el No al género humano. Durante al menos 150 años, la generosidad de
mucha gente se ha entregado a esta fórmula: el No al No para llegar al
Sí. Pero yo creo que esa clave está exhausta, en muchos sitios con el No
ya no se avanza más. O se genera simplemente un espacio de justicia
donde una vida no daña a otra, pero lo ocupa rápidamente el homo económicus
que es estrecho de pecho, sólo se interesa por su propia vida
individual y hace bien a otro sólo en la medida en que le trae cuenta.
Lo define con mucha gracia Kant cuando dice que un mundo poblado por
diablos viviría en paz, porque serán malos pero no tontos y se dan
cuenta de que miran mejor por su propio interés comerciando que haciendo
la guerra.
¿Entonces?
Pues
vayamos directamente al Sí, a un Sí que no tiene que pasar por dos NO.
La paz positiva es este Sí a la vida. Pero a una vida ancha, que quiere
vivir y vive compartiendo con otros. Hay paz positiva en una sociedad
allí donde cada vida da y recibe vida más allá de balances contables,
donde hay estructuras que sostienen ese tejido cálido y una cultura que
alienta compartir afectos y actos. Donde
cada vida sufre lo que te toca sufrir, pero está bañada por la alegría
de convivir y abierta a un horizonte de reconciliación.
Así, la paz, que ya rechaza la violencia con su cara negativa, además
la trasciende. Llega a una vida ancha, abierta y compartida donde no
lleva el simple encadenamiento de Noes.
Etiquetas:
Buscando encuentros,
Comunes,
Comunicación,
Formación,
Hazlo tu mismo,
Investigación-Acción,
Lucha,
Noviolencia,
Pobreza-Exclusión,
Reflexión,
Saborear,
Violencia
jueves, 24 de abril de 2014
La utopía, más acá
Para leer todos los días cuando nos levantamos por las mañana, de parte de Slavoj Zizek.
Piensen acerca de una extraña situación actual. Hace 30, 40 años nosotros debatíamos acerca de como debía ser el futuro: Comunista, fascista, capitalista, lo que sea. Hoy, ya nadie debate acerca de estos temas. Todos aceptamos silenciosamente que el capitalismo global llego para quedarse. Por otro lado, estamos obsesionados con las catástrofes cósmicas. La vida entera en la Tierra desaparecerá a causa de algún virus, o porque un asteroide chocará con la Tierra, etc., etc.
Entonces, la paradoja es que es mucho más fácil imaginar el fin de toda la vida en la Tierra que un mucho más modesto cambio radical en el capitalismo, lo que esto significa es que debemos reinventar la utopía, pero, ¿en qué sentido? Hay dos significados falsos de utopía. Una es la vieja noción de imaginar una sociedad ideal, la cuál, todos sabemos, nunca será realizada. La otra es la utopía capitalista. En el sentido de nuevos deseos perversos a los que, no sólo puedes tener acceso sino incluso, estas obligado a realizar.
La verdadera utopía surge cuando la situación no puede ser pensada, cuando no hay un camino que nos guíe a la resolución de un problema cuando no hay coordenadas posibles que nos saquen de la pura urgencia de sobrevivir tenemos que inventar un nuevo espacio. La utopía no es una especie de libre imaginación. La utopía es una cuestión de la más profunda urgencia. Eres forzado a imaginarlo como el único camino posible, y esto es lo que necesitamos hoy.
La necesidad de la Utopía
Piensen acerca de una extraña situación actual. Hace 30, 40 años nosotros debatíamos acerca de como debía ser el futuro: Comunista, fascista, capitalista, lo que sea. Hoy, ya nadie debate acerca de estos temas. Todos aceptamos silenciosamente que el capitalismo global llego para quedarse. Por otro lado, estamos obsesionados con las catástrofes cósmicas. La vida entera en la Tierra desaparecerá a causa de algún virus, o porque un asteroide chocará con la Tierra, etc., etc.
Entonces, la paradoja es que es mucho más fácil imaginar el fin de toda la vida en la Tierra que un mucho más modesto cambio radical en el capitalismo, lo que esto significa es que debemos reinventar la utopía, pero, ¿en qué sentido? Hay dos significados falsos de utopía. Una es la vieja noción de imaginar una sociedad ideal, la cuál, todos sabemos, nunca será realizada. La otra es la utopía capitalista. En el sentido de nuevos deseos perversos a los que, no sólo puedes tener acceso sino incluso, estas obligado a realizar.
La verdadera utopía surge cuando la situación no puede ser pensada, cuando no hay un camino que nos guíe a la resolución de un problema cuando no hay coordenadas posibles que nos saquen de la pura urgencia de sobrevivir tenemos que inventar un nuevo espacio. La utopía no es una especie de libre imaginación. La utopía es una cuestión de la más profunda urgencia. Eres forzado a imaginarlo como el único camino posible, y esto es lo que necesitamos hoy.
martes, 15 de abril de 2014
viernes, 4 de abril de 2014
Voto y rebelión
Pues por acá va otro texto de Alba Rico, esta vez en diálogo directo a muchos de los cuestionamientos actuales en torno a la democracia, sacado también de "La ciudad intangible". ¡Ay, si de verdad nos diéramos cuenta de esto!
"El voto fue originalmente una concesión del ciudadano virtualmente armado, depositario siempre de una fuerza formalmente superior, a los gobiernos; hoy, al contrario, es una concesión que hace el gobierno armado, a condición de que sea compatible con el "mundus" capitalista, a los ciudadanos inermes. Se ha olvidado, en efecto, que en el marco fundacional de la legitimidad histórica del estado de Derecho es la capacidad de rebelión la que concede el voto al pueblo y este voto, pues, no es una concesión del gobierno sino, más bien, una concesión que el pueblo hace al gobierno. Cuando los políticos pretenden que el voto mismo es la "solución" y no el instrumento subrogado de una virtual rebelión permanente y reconocen, así, al mismo tiempo, a los pueblos incapaces de rebelión y a los votos privados de capacidad decisoria con la frase "¿para qué rebelarse si podemos votar?", hace falta mucho sufrimiento, mucho sometimiento, mucha violencia directa para que la población de un país haga este descubrimiento maravilloso pero fatal, pues afirma definitivamente la discontinuidad entre rebelión y voto: "¿para qué votar si podemos rebelarnos?"."
"El voto fue originalmente una concesión del ciudadano virtualmente armado, depositario siempre de una fuerza formalmente superior, a los gobiernos; hoy, al contrario, es una concesión que hace el gobierno armado, a condición de que sea compatible con el "mundus" capitalista, a los ciudadanos inermes. Se ha olvidado, en efecto, que en el marco fundacional de la legitimidad histórica del estado de Derecho es la capacidad de rebelión la que concede el voto al pueblo y este voto, pues, no es una concesión del gobierno sino, más bien, una concesión que el pueblo hace al gobierno. Cuando los políticos pretenden que el voto mismo es la "solución" y no el instrumento subrogado de una virtual rebelión permanente y reconocen, así, al mismo tiempo, a los pueblos incapaces de rebelión y a los votos privados de capacidad decisoria con la frase "¿para qué rebelarse si podemos votar?", hace falta mucho sufrimiento, mucho sometimiento, mucha violencia directa para que la población de un país haga este descubrimiento maravilloso pero fatal, pues afirma definitivamente la discontinuidad entre rebelión y voto: "¿para qué votar si podemos rebelarnos?"."
martes, 1 de abril de 2014
Tecnología, Progreso y Pérdidas
Sé que soy un poco pesado con las lecturas que me enganchan, y ya en otras ocasiones he presentado acá textos de Alba Rico, pero es que hombre atina bastante a mi modo de ver. Acá algunas reflexiones sobre el tema de la tecnología, el progreso y las transformaciones que conlleva, sacadas de "La ciudad intangible":
"Toda ventaja nos hace perder una retícula de relaciones establecidas. Cada momento tecnológico es también un conjunto estable, independiente y (más o menos) positivo de intercambios mundanos. Toda pérdida, en este sentido, modifica al mismo tiempo las relaciones del hombre con las cosas y las relaciones de los hombres entre sí. La ecología ha hecho la crítica de los cambios que la Tecnología ha introducido en las relaciones del hombre con el mundo. ¿No es legítimo y necesario hacer lo mismo en lo tocante a las relaciones de los hombres con los hombres? ¿Una máquina muy buena para trasladarse en diagonal a velocidad vertiginosa no podría ser —en hipótesis— perjudicial para la mirada de los pintores y de los enamorados? Hay cosas que no se pueden hacer a caballo, es verdad, pero hay otras que sólo pueden hacerse a caballo. En coche se puede ir mucho más deprisa y transportar más objetos y personas, pero no se puede cazar un zorro. Bien, puede legítimamente considerarse que no es muy importante cazar un zorro (y que siempre se puede prescindir del entramado de intercambios sociales, económicos y culturales que acompañan a este deporte tradicional británico), pero con no menos legitimidad se puede considerar poco importante ir muy deprisa (la rapidez es menos una ventaja que un imperativo; tener un "micro-ondas" puede ser muy ventajoso cuando falta tiempo, pero lo que a todas luces constituye una ventaja, con "micro-ondas" o sin él, es tener tiempo). Quiero pensar -y lo declaro en voz alta para evitar equívocos— que no hay ninguna incompatibilidad esencial entre la Tecnología, por un lado, y el Mundo y la Cultura por otro; pero inevitablemente ocurre que, bajo ciertas condiciones y a partir de cierto nivel de acumulación y generalización (inseparable de esas condiciones) incompatibilidades muy serias se producen o pueden producirse. Pues bien, digo que lo razonable, cada vez que surge un conflicto entre la industria y el bosque o entre la rapidez y la conversación, debería ser discutir las ventajas enfrentadas y las consecuencias a largo plazo de la hegemonía de unas sobre otras; y digo que si jamás se discute es justamente porque, bajo las mencionadas condiciones, la Tecnología es indiscutible.
(...)
"Toda ventaja nos hace perder una retícula de relaciones establecidas. Cada momento tecnológico es también un conjunto estable, independiente y (más o menos) positivo de intercambios mundanos. Toda pérdida, en este sentido, modifica al mismo tiempo las relaciones del hombre con las cosas y las relaciones de los hombres entre sí. La ecología ha hecho la crítica de los cambios que la Tecnología ha introducido en las relaciones del hombre con el mundo. ¿No es legítimo y necesario hacer lo mismo en lo tocante a las relaciones de los hombres con los hombres? ¿Una máquina muy buena para trasladarse en diagonal a velocidad vertiginosa no podría ser —en hipótesis— perjudicial para la mirada de los pintores y de los enamorados? Hay cosas que no se pueden hacer a caballo, es verdad, pero hay otras que sólo pueden hacerse a caballo. En coche se puede ir mucho más deprisa y transportar más objetos y personas, pero no se puede cazar un zorro. Bien, puede legítimamente considerarse que no es muy importante cazar un zorro (y que siempre se puede prescindir del entramado de intercambios sociales, económicos y culturales que acompañan a este deporte tradicional británico), pero con no menos legitimidad se puede considerar poco importante ir muy deprisa (la rapidez es menos una ventaja que un imperativo; tener un "micro-ondas" puede ser muy ventajoso cuando falta tiempo, pero lo que a todas luces constituye una ventaja, con "micro-ondas" o sin él, es tener tiempo). Quiero pensar -y lo declaro en voz alta para evitar equívocos— que no hay ninguna incompatibilidad esencial entre la Tecnología, por un lado, y el Mundo y la Cultura por otro; pero inevitablemente ocurre que, bajo ciertas condiciones y a partir de cierto nivel de acumulación y generalización (inseparable de esas condiciones) incompatibilidades muy serias se producen o pueden producirse. Pues bien, digo que lo razonable, cada vez que surge un conflicto entre la industria y el bosque o entre la rapidez y la conversación, debería ser discutir las ventajas enfrentadas y las consecuencias a largo plazo de la hegemonía de unas sobre otras; y digo que si jamás se discute es justamente porque, bajo las mencionadas condiciones, la Tecnología es indiscutible.
(...)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)