Recién descubro en Carne Cruda a James Rodhes, y no puedo parar de escucharle a todas horas. Impresionante. Su historia impacta. Su búsqueda de la belleza y sus ansias por compartirla, aún más. No dejéis de asomaros a descubrirle...
"Alguna gente amará el Segundo concierto de Rachmaninov, otra gente lo odiará y preferirá a Bach. No tengo ningún problema con la gente que afirma odiar la música clásica. Lo tengo con la gente que afirma eso, pero que no la ha escuchado. Que lo dice solo por prejuicio, porque cree que pertenece a otro tipo de personas en otro lugar. La música clásica se ha polarizado, hoy en día. Se disculpa por su propia existencia continuamente. Así que las dos únicas opciones a tu alcance van a ser: 1) Alguien en frac, pajarita blanca, una concepción sagrada e intocable del concepto, entradas carísimas, nada de ruido, nada de aplaudir si no toca, o b) Alguien en bikini, con una batería, y máquina de hielo seco, y los Cincuenta mejores clásicos del chill out. Creo que la música clásica tiene que realizar un salto a un punto medio de todo esto. La música es solo música. Una recopilación en Spotify es una introducción perfectamente adecuada al tema. No tiene que ser música inaccesible ni tampoco banalizada. De Bach a Rachmaninov, y todo lo que va en medio. Mucha gente, estoy seguro, desearía saber más de música clásica, pero es difícil saber por dónde empezar. Pongamos que quieres escuchar la Quinta sinfonía de Beethoven. Ta-ta-ta-taaaa. Esa todo el mundo la conoce. Vamos a iTunes y existen trescientas grabaciones del mismo tema. Con portadas horribles. Si eso no es suficiente barrera, luego te topas con: ¿Movimiento?, ¿qué coño es un movimiento?, ¿allegro, scherzo, adagio…? ¿Hay tres, hay cuatro? Así que te acabas comprando los Cincuenta mejores clásicos del chill out. Todo eso es innecesario. La música no necesita cambiar, solo la forma en que se presenta, para que sea aceptable."
sábado, 2 de abril de 2016
jueves, 31 de marzo de 2016
El trabajo a través de ojos de mujeres
Una entrada aparecida hace ya tiempo en Una antropóloga en la luna que permite asomarse a algunas revisiones del mundo del trabajo y los cuidados desde una perspectiva feminista. Muy interesante.
"La cadena de montaje empieza en la cocina, en el
lavabo, en nuestros cuerpos." Silvia Federici, historiadora.
En lengua cañarí (Ecuador) las ideas de trabajo asalariado, por cuenta propia, empleo, etc. no existían. Las distintas formas de trabajo reconocidas eran:
Según Vandana Shiva, las sociedades humanas se mueven dentro del funcionamiento de tres esferas económicas: la economía de la naturaleza, la economía de la supervivencia y la economía de mercado. Ésta última ha crecido exponencialmente a costa de las otras dos, que no han hecho más que disminuir y deteriorarse. El problema es que ellas son la base de la última, pues conforman la economía de la vida."
Para nosotras, la idea de que el trabajo doméstico institucionaliza a la
mujer en casa no era válida: es la falta de dinero, de autonomía, la
que la mantiene encerrada en casa. Bajo el capitalismo, muchas de las diferencias que promueven las
discriminaciones han sido organizadas a través del salario.
El salario ha sido el instrumento con el cual se han
construido las jerarquías.
Sí, creo que sigue
teniendo lugar una caza de brujas.
En EE UU, durante los últimos
20 años, las políticas implementadas
por los Estados constituyen un ataque
económico muy directo sobre
las mujeres.
Todos estos recortes en sanidad y
ámbitos reproductivos, como el cuidado
de los niños y ancianos, tienen
un fuerte impacto sobre las mujeres.
Esta situación demanda mucho más
trabajo no pagado que ahora las mujeres
tienen que hacer. Al mismo
tiempo, ha crecido toda una campaña
ideológica que pretende controlar
la vida de las mujeres, su sexualidad,
su cuerpo, un esfuerzo mayor por
controlar la capacidad reproductiva
de las mujeres. En varios Estados se
criminaliza a las mujeres si pueden
“probar” que estando embarazadas
han puesto en riesgo la vida del feto
que están gestando. Y desde luego la
cuestión del aborto es muy importante.
Tengo una amiga que volvió de Ghana hace poco y me explicó que, por la
noche, en la televisión, hacen unos programas donde te enseñan cómo
reconocer a una bruja. Hay un documental muy interesante
que salió el año pasado, llamado The Witches of Gambaga, que habla sobre
los campos de brujas que hay al norte de Ghana, donde viven mujeres que
han tenido que dejar sus pueblos e ir a vivir allí, acusadas de ser
brujas, porque sino las hubieran matado. Estos campos están financiados
por el gobierno, y cuando han pasado unos años, en algunos casos, las
dejan volver a sus pueblos, pero a otras muchas las matan. Pero no sólo
es Ghana, es también Tanzania, Kenya; también en la India se mata a
muchas mujeres acusadas de brujería."
La economía de las brujas: la economía del cuidado.
"La cadena de montaje empieza en la cocina, en el
lavabo, en nuestros cuerpos." Silvia Federici, historiadora.
"La economía ya no es producir valor ni satisfacer necesidades. Economía es dinero y dinero es economía, no hay más." Amaia Perez Orozco, economista.
"Un Estado de bienestar que crea un modelo económico que ignora las dinámicas naturales y la equidad entre personas es engañoso." Yayo Herrero, antropóloga y educadora.
Amaia Perez Orozco, economista.
"La
economía, tal como la conocemos hoy,
es una construcción social y no algo que haya existido siempre.
En lengua cañarí (Ecuador) las ideas de trabajo asalariado, por cuenta propia, empleo, etc. no existían. Las distintas formas de trabajo reconocidas eran:
LLAMCAY, trabajo;
MINCA, trabajo comunitario;
AINI, trabajo
colectivo familiar;
RANTINPAC, trabajo solidario, de ayuda mutua;
MITA,
trabajo obligado, forzado por los españoles / por turnos en el incaico; y
MAQUIMAÑACHII, trabajo de colaboración mutua, que se devuelve.
No se encuentra traducción para
palabras que hoy utilizamos diariamente como sueldo, salario, riqueza, oferta, privado, acumular, individuo, empleo. La
palabra economía fue introduciéndose con la llegada de los españoles
como MISA CANA (MISA mezquino, tacaño / CANA hacer el oficio ‐ futuro).
“Tal vez por
el proceso indiscriminado de la colonia, los indios vieron a
la economía colonizadora como un sistema egoísta con el futuro”
(Escobar, 2008).
Este es un primer motivo para preguntarnos
qué es la economía. Nuestra forma de entender la economía surge en el
siglo XVIII con la Revolución Industrial y el capitalismo, con los
autores de lo que llamamos economía política clásica (Adam Smith, David
Ricardo, John Stuart Mill, Karl Marx…). Y hay, al menos, un segundo
motivo: la profunda molestia que sentimos las
mujeres cuando se dice que hemos estado durante largos años inactivas.
¿Inactivas cómo?, ¿sin hacer nada?, ¿dependiendo de que otros nos dieran de comer?, ¿de brazos cruzados?
La economía ya no es producir valor ni satisfacer necesidades, sino que
lo económico viene definido por los
movimientos de dinero. Economía es dinero y dinero es economía, no hay más. Y trabajo es
el que se paga, no hay otro. La economía va dejando de ser social, y cada vez es más técnica.
La
crisis de los cuidados es un problema socioeconómico de primer
orden que sólo puede
percibirse en toda su magnitud si dejamos de centrar la visión en los
mercados y lo monetizado y la situamos la sostenibilidad de la vida; es decir, si buscamos comprender
“las formas en que cada sociedad resuelve sus problemas de sostenimiento
de la vida humana” (Carrasco, 2001a: 12).
La economía no es
reductible a los mercados, sino que economía es mantener la vida, sea o
no a través de las esferas monetizadas.
Necesidad de cuidados implica que es ésta una necesidad de todas las personas en todos los momentos del ciclo vital. Hoy se
contempla el daño o la necesidad de cuidado como un hecho individual.
El cuidador o cuidadora que sólo cuida, el dependiente, que sólo recibe
cuidados. No se concibe que todos en toda relación somos a la vez
cuidadores y objeto de cuidados, curadores y objeto de cura.”
Yayo Herrero, antropóloga y educadora.
"Un Estado de bienestar que crea un
modelo económico que ignora las dinámicas naturales y la equidad entre
personas es engañoso. El aire limpio, los trabajos relacionados con los
cuidados de la vida
humana y la reproducción social, la propia renovación generacional de la
mano de obra, el trabajo de la fotosíntesis que realizan las plantas, o
los servicios del regulación del clima que realiza la Naturaleza,
siendo imprescindibles para el mantenimiento la vida, no suman en ningún
lugar.
La actual crisis civilizatoria es también una crisis de la forma en que
se percibe y valora la riqueza. Uno de los ejes centrales de cambio es asumir que vivimos en un mundo con límites.
Límites en cuanto a la naturaleza y en cuanto al propio cuerpo humano
vulnerable y finito. Aceptar la existencia de ambos límites es
imprescindible para la consecución de una vida digna para todas las
personas compatible con la sostenibilidad del planeta.
El mercado se nos presenta como protagonista de la actividad humana,
aunque su aportación a nuestra supervivencia es mucho menor que la que
tiene el trabajo asociado a la reproducción social y de la naturaleza. Para ejemplificar esta desproporción, tanto la economía feminista como
la ecológica usan la metáfora del iceberg. Flotando en la superficie
visible está el mercado. Debajo, haciéndolo flotar, con un tamaño mucho
mayor, el trabajo oculto de los hogares y la aportación de los ciclos
naturales.
Según Vandana Shiva, las sociedades humanas se mueven dentro del funcionamiento de tres esferas económicas: la economía de la naturaleza, la economía de la supervivencia y la economía de mercado. Ésta última ha crecido exponencialmente a costa de las otras dos, que no han hecho más que disminuir y deteriorarse. El problema es que ellas son la base de la última, pues conforman la economía de la vida."
Silvia Federici, historiadora.
"Nosotros decimos que la cadena de montaje empieza en la cocina, en el
lavabo, en nuestros cuerpos. El capitalismo ha entendido esto, puesto
que es el sistema de explotación que más que cualquier otro ha
enfatizado la importancia del trabajo. Así que tiene muy claro que las
mujeres son el sujeto productivo más importante, pero para mantener esta
producción de la forma más barata posible, este trabajo se ha hecho
invisible.
La expulsión del
campesinado de sus tierras, el proceso de colonización, el comienzo del
tráfico de esclavos y la caza de brujas: todos estos
fenómenos están conectados, y son parte de la acumulación
capitalista, de la acumulación de la clase trabajadora, de la
acumulación de fuerza de trabajo.
En muchas sociedades, antes de los procesos de colonización, los hombres
y las mujeres tenían tareas diferentes, y existía una división de las
tareas. De este modo, las mujeres no dependían de los hombres, tenían
acceso a sus propias cosechas y las utilizaban para auto subsistir si
era necesario. Así que el hecho de hacer tareas diferentes no implica
automáticamente grados de poder diferentes: la cuestión es qué valores
están asociados a estas diferencias. Tal como yo lo veo, las diferencias no son el problema, el problema es
la jerarquía. La jerarquía hace que las diferencias se vuelvan una
fuente de discriminación, de devaluación y de subordinación.
Para nosotras, la idea de que el trabajo doméstico institucionaliza a la
mujer en casa no era válida: es la falta de dinero, de autonomía, la
que la mantiene encerrada en casa. Bajo el capitalismo, muchas de las diferencias que promueven las
discriminaciones han sido organizadas a través del salario.
El salario ha sido el instrumento con el cual se han
construido las jerarquías.
Quise estudiar la historia para tratar de comprenderlo,
empezando por el siglo XIX y después más atrás, donde me encontré con la
caza de brujas. La caza de brujas también constituye un intento feroz de destruir el
poder que habían ejercido las mujeres sobre su capacidad reproductiva,
que resulta demonizado.
Todos estos recortes en sanidad y
ámbitos reproductivos, como el cuidado
de los niños y ancianos, tienen
un fuerte impacto sobre las mujeres.
Esta situación demanda mucho más
trabajo no pagado que ahora las mujeres
tienen que hacer. Al mismo
tiempo, ha crecido toda una campaña
ideológica que pretende controlar
la vida de las mujeres, su sexualidad,
su cuerpo, un esfuerzo mayor por
controlar la capacidad reproductiva
de las mujeres. En varios Estados se
criminaliza a las mujeres si pueden
“probar” que estando embarazadas
han puesto en riesgo la vida del feto
que están gestando. Y desde luego la
cuestión del aborto es muy importante.lunes, 28 de marzo de 2016
Represión en marcha
Una nueva visita al libro de "Enclaves de riesgo". ¿En qué ha cambiado las leyes y el control de las conductas en los últimos años?
"En definitiva, el civismo busca disciplinar un espacio urbano en el que no se ha podido contener la ingobernabilidad. Las mencionadas reglamentaciones intentan que el uso del espacio público se pliegue a «los valores morales de una clase media biempensante y virtuosa, que ve una y otra vez frustrado su sueño dorado de un amansamiento general de las relaciones sociales». En otras palabras, se trata —en nombre de los valores de orden y consensode romper los lazos comunitarios y de generar sentimientos de atomización e inseguridad con el propósito de configurar un sujeto individual, pasivo y consumidor. Además del deseo oficial de colonizar plazas y parques con mobiliario urbano, terrazas y negocios al servicio de un ocio mercantilizado (como se está planificando en el caso de la madrileña Puerta del Sol), dichas normas locales pretenden privatizar el espacio público, hacerlo patrimonio exclusivo de las élites y los intereses dominantes y, de paso, debilitar las prácticas populares de sociabilidad y apoyo mutuo que han comenzado a reverdecer con el nuevo ciclo de conflictividad.
(...)
En lo que respecta a la regulación del espacio público, la Ley de Seguridad Ciudadana recién aprobada establece, por ejemplo, como responsables objetivos de las infracciones cometidas en el contexto de una manifestación a cualquier promotor y hasta inspirador de la concentración. Se regulan, además, otras cuestiones que formalmente nada tienen que ver con la seguridad ciudadana, como el ejercicio de la prostitución en el espacio público o determinados usos lúdicos del mismo. Por su parte la reforma del Código Penal realiza una jugada muy peculiar: eliminar las faltas. El gobierno alega para ello razones ilustradas y humanistas: sacar del ámbito de lo penal conductas menores, para reconducirlas al más benévolo ámbito administrativo. Pero en realidad, ese otro ámbito no es más benévolo y de hecho elimina garantías fundamentales del proceso de las cuales la primera es el derecho a la tutela judicial, algo que en el proceso administrativo ocurre en la mayoría de los casos solo en la última fase de un largo proceso. La despenalización de las faltas parece, así, reflejar el descontento de un ejecutivo que se ha topado con una judicatura reticente a sancionar por la vía penal a quienes toda vía no son, citando a contrapelo a Wacquant, «enemigos adecuados». A este paquete de reformas de regulación hay que sumar la reforma de la Ley de Seguridad Privada, que las complementa expandiendo las funciones de la seguridad privada (tan fundamentales en el mantenimiento de un espacio público tomado por los grandes establecimientos comerciales) y sus deberes de colaboración con las fuerzas públicas.
(...)
Lo trascendente, lo que previsiblemente tendrá repercusiones históricas, no es que la nueva Ley de Seguridad Ciudadana sea más autoritaria, sino que está pensada para blindar el ejercicio mismo del autoritarismo al crear una suerte de «nueva jurisdicción punitiva especial» ―la administrativa― que, al fin, podrá funcionar de forma autónoma y por debajo del radar de los derechos fundamentales, mientras queda salvaguardada frente a eventuales controles jurisdiccionales. Es verdad que solo parece un ejercicio «blando» de control, una represión de baja intensidad sin pelotas de goma, sin porrazos, que logra escamotear de la mirada pública su alcance disuasorio para evitar posibles muestras de solidaridad con las personas represaliadas. Sin embargo, forma parte de una empresa de derribo del garantismo jurídico que en mayor o menor medida se ha construido en España desde la transición de la dictadura franquista a la monarquía constitucional."
"En definitiva, el civismo busca disciplinar un espacio urbano en el que no se ha podido contener la ingobernabilidad. Las mencionadas reglamentaciones intentan que el uso del espacio público se pliegue a «los valores morales de una clase media biempensante y virtuosa, que ve una y otra vez frustrado su sueño dorado de un amansamiento general de las relaciones sociales». En otras palabras, se trata —en nombre de los valores de orden y consensode romper los lazos comunitarios y de generar sentimientos de atomización e inseguridad con el propósito de configurar un sujeto individual, pasivo y consumidor. Además del deseo oficial de colonizar plazas y parques con mobiliario urbano, terrazas y negocios al servicio de un ocio mercantilizado (como se está planificando en el caso de la madrileña Puerta del Sol), dichas normas locales pretenden privatizar el espacio público, hacerlo patrimonio exclusivo de las élites y los intereses dominantes y, de paso, debilitar las prácticas populares de sociabilidad y apoyo mutuo que han comenzado a reverdecer con el nuevo ciclo de conflictividad.
(...)
En lo que respecta a la regulación del espacio público, la Ley de Seguridad Ciudadana recién aprobada establece, por ejemplo, como responsables objetivos de las infracciones cometidas en el contexto de una manifestación a cualquier promotor y hasta inspirador de la concentración. Se regulan, además, otras cuestiones que formalmente nada tienen que ver con la seguridad ciudadana, como el ejercicio de la prostitución en el espacio público o determinados usos lúdicos del mismo. Por su parte la reforma del Código Penal realiza una jugada muy peculiar: eliminar las faltas. El gobierno alega para ello razones ilustradas y humanistas: sacar del ámbito de lo penal conductas menores, para reconducirlas al más benévolo ámbito administrativo. Pero en realidad, ese otro ámbito no es más benévolo y de hecho elimina garantías fundamentales del proceso de las cuales la primera es el derecho a la tutela judicial, algo que en el proceso administrativo ocurre en la mayoría de los casos solo en la última fase de un largo proceso. La despenalización de las faltas parece, así, reflejar el descontento de un ejecutivo que se ha topado con una judicatura reticente a sancionar por la vía penal a quienes toda vía no son, citando a contrapelo a Wacquant, «enemigos adecuados». A este paquete de reformas de regulación hay que sumar la reforma de la Ley de Seguridad Privada, que las complementa expandiendo las funciones de la seguridad privada (tan fundamentales en el mantenimiento de un espacio público tomado por los grandes establecimientos comerciales) y sus deberes de colaboración con las fuerzas públicas.
(...)
Lo trascendente, lo que previsiblemente tendrá repercusiones históricas, no es que la nueva Ley de Seguridad Ciudadana sea más autoritaria, sino que está pensada para blindar el ejercicio mismo del autoritarismo al crear una suerte de «nueva jurisdicción punitiva especial» ―la administrativa― que, al fin, podrá funcionar de forma autónoma y por debajo del radar de los derechos fundamentales, mientras queda salvaguardada frente a eventuales controles jurisdiccionales. Es verdad que solo parece un ejercicio «blando» de control, una represión de baja intensidad sin pelotas de goma, sin porrazos, que logra escamotear de la mirada pública su alcance disuasorio para evitar posibles muestras de solidaridad con las personas represaliadas. Sin embargo, forma parte de una empresa de derribo del garantismo jurídico que en mayor o menor medida se ha construido en España desde la transición de la dictadura franquista a la monarquía constitucional."
domingo, 20 de marzo de 2016
Como si no
Un crudo poema de Javier Gallego que recoge la realidad nuestras fronteras, últimamente alzadas como murallas que expulsan silencio, olvido y muerte. (Se recomienda escuchar el audio mientras se visitan los mapas de la página The refugee project)
Se hunden sus cuerpos como un diluvio en el agua
Se hunden sus cuerpos como un diluvio en el agua
En el ácido mar que deshace sus huesos
Sin dejar rastro ni restos.
Como si nada sucediera.
Como si nunca hubieran sido.
Como si no fueran nadie.
Como si no.
Lluvia que acribilla la piel del océano
que no sangra y apenas se estremece.
Como si nada.
Como si nunca.
Como si nadie.
Como si no.
El mar los devora en silencio
Con su hambre sin dientes
Su lengua de buitre.
Su boca de cárcel.
Su tripa de cal.
Se los traga y no se sacia.
Se los bebe y tiene sed.
Los ahoga y ni se entera.
Como si apenas.
Como si casi.
Como quizás.
Como que no.
La tierra no los quiere y los echa al mar.
La barca no los quiere y los tira por la borda.
Las olas no los quieren y las algas los devoran.
Sus cuerpos se derraman en el agua
Como arena de un saco.
Como piedras.
Como llanto.
Como adiós.
Su carne se disuelve en la bañera
Crepita, hace espuma y burbujea
Con un ruido de lombrices
De huesos que se derriten
Como si fueran de sal.
Como si fueran de nada.
Como si el mar fuera lava.
Como si fuera alquitrán
Que se les pega a las piernas y a los brazos
Al estómago, al oxígeno y al ánimo
Como un traje de petróleo, sombra y plomo
Que sus músculos no pueden soportar.
Arañan con las uñas la espina del aire
como si agarrasen una cuerda invisible
Y dejan un reguero de sangre entre las nubes
Con el que las gaviotas enrojecen la tarde
Estiran los brazos al cielo
Como si el cielo les oyera.
Como si alguien.
Como si aún.
Como si Dios.
Pero hasta el cielo
Les ha dado la espalda
y no hay un alma a esta hora.
No hay un alma.
No quedan almas
Ni guardas costeras.
Sólo barcos piratas
Que les llevan en galeras.
Mecen las olas a los niños
en su cuna de agua,
en su tumba de sal,
en su nicho de mar,
Mientras sus madres se ahogan
Y se agarran a sus cuerpos que flotan
Como si fueran madera
Como si no fueran.
Como si viento.
Como si muerte.
Como si no.
Son sólo burbujas en la superficie
Espuma de jabón que desaparece
Bajo el voraz oleaje
Cadáveres que el mar escupe a veces
Sobre playas de turistas impasibles
O acaban descosidos contra un arrecife
Tal vez en las redes de los pescadores.
Son peces sin branquias que boquean
Que se beben Adriáticos de un trago
Y les cabe un océano en los pulmones
Como si nada.
Como si aire.
Como silencio.
Como si ruido.
Como si la marea la llevaran por dentro.
Hacen un túnel en el agua
Para llegar hasta el fondo.
Donde no hay luz.
Donde no hay pez.
Donde no hay nadie.
Donde no hay.
Aguacero de gotas negras
en una noche tan oscura
como los ojos de un buey.
Van hasta el fondo, yo lo sé,
y allí en el fondo se clavan
Como arterias
Como dientes
Como la sangre
Como la hiel
Como estandartes
De un ejército derrotado
Mecido por la corriente
Que les balancea incesante
Como espigas de un maizal.
Parece un maizal quemado.
Un negro maizal de cieno.
Maizal de carbón helado.
Un campo de nervios nerviosos
Un cementerio de clavos
en una negrura lunar.
Pero el blanco de sus ojos
da un halo de luz suficiente
para guiar a las sierpes
Que les devoran la carne
Y les dejan en los huesos
Como si fueran de leche
Como si fueran de sol
Como si de cera.
Como si de luna.
Como si de no.
No saben cuántos han sido.
Ni siquiera saben si fueron.
Ni si han dejado de ser.
No están ni vivos ni muertos.
Ni entre la vida y la muerte
Ni ayer ni mañana ni hoy.
Podrían haber muerto.
Podrían haber muerto.
Dicen en las noticias.
Podrían haber muerto mil.
Dicen los titulares.
Podrían haber muerto más.
Dicen las ONG.
Pero son tan negros estos negros
Tan oscuros son sus cuerpos
Que son como el fondo
Que son como el lodo
Que son como un pozo.
Que son como el cosmos
Que ni siquiera los ves.
Pero están ahí.
Porque en algún sitio han de estar.
Porque los vieron partir.
Porque hay quien los echa de menos.
Y han rescatado a algunos
Que han contado que eran muchos.
Dicen que novecientos.
Algunos otros que mil.
Puede que mil quinientos.
O quizá fuera un millón.
Quién sabe.
Tanto da.
Han dejado de contar.
Han perdido la cuenta.
Han cesado la búsqueda.
Ya sólo lo sabe el mar.
Ni siquiera su muerte es segura.
Tampoco entonces su vida.
Podrían haber muerto.
Podrían.
Pero también podrían no.
Como si nada hubiera sucedido.
Como si nunca hubieran sido.
Como si no fueran nadie.
Como si nada.
Como si nunca.
Como si nadie.
Como si no.
Pero sí.
Pero eran.
Pero mueren.
Pero fueron.
Pero son.
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miércoles, 16 de marzo de 2016
Alargascencia
Apunten esta web de recursos para luchar contra la obsolescencia programada (y contra la no programada también):
Alargascencia es un directorio de establecimientos en los que
puedes reparar objetos, alquilar, hacer trueque y encontrar o vender
productos de segunda mano. Facilita la búsqueda de aquellos
pequeños comercios, cooperativas y otro tipo de iniciativas, cercanos a
tu casa donde puedes encontrar todos estos servicios.
Somos conscientes de que cada vez los productos son menos duraderos y más difíciles de reparar y reutilizarse. También sabemos que el sistema actual promueve esta realidad y consideramos que la ciudadanía es la más perjudicada. Queremos dar la vuelta a esta situación, conocida como obsolescencia programada, poniendo en marcha esta herramienta colaborativa.
La obsolescencia acorta la vida útil de los productos. Esta web propone opciones para alargarla y así reducir el consumo de recursos naturales.
La ingente producción de residuos y el despilfarro de recursos en vertederos e incineradoras tienen solución: reducir, reutilizar y reciclar. El reciclaje es una excelente opción cuando un producto ha perdido su utilidad y no se puede aplicar ninguna de las opciones previas: la reducción o la preparación para la reutilización.
No obstante, el reciclaje no es suficiente para reducir el uso de recursos naturales, si la demanda de consumo sigue la actual espiral de crecimiento. Así que proponemos empezar por el principio, la reducción. Apostamos por el uso de bienes duraderos, reparables, compartidos y comunales.
¡Toma las riendas de tu consumo! Encuentra en Alargascencia los establecimientos más cercanos donde puedes reparar tus cosas, intercambiarlas, comprar de segunda mano y alquilar lo que necesitas.Rebélate frente a la obsolescencia y el sobreconsumo de recursos naturales. ¡Larga vida a la materia!
Alargascencia es un directorio de establecimientos en los que
puedes reparar objetos, alquilar, hacer trueque y encontrar o vender
productos de segunda mano. Facilita la búsqueda de aquellos
pequeños comercios, cooperativas y otro tipo de iniciativas, cercanos a
tu casa donde puedes encontrar todos estos servicios.Somos conscientes de que cada vez los productos son menos duraderos y más difíciles de reparar y reutilizarse. También sabemos que el sistema actual promueve esta realidad y consideramos que la ciudadanía es la más perjudicada. Queremos dar la vuelta a esta situación, conocida como obsolescencia programada, poniendo en marcha esta herramienta colaborativa.
La obsolescencia acorta la vida útil de los productos. Esta web propone opciones para alargarla y así reducir el consumo de recursos naturales.
La ingente producción de residuos y el despilfarro de recursos en vertederos e incineradoras tienen solución: reducir, reutilizar y reciclar. El reciclaje es una excelente opción cuando un producto ha perdido su utilidad y no se puede aplicar ninguna de las opciones previas: la reducción o la preparación para la reutilización.
No obstante, el reciclaje no es suficiente para reducir el uso de recursos naturales, si la demanda de consumo sigue la actual espiral de crecimiento. Así que proponemos empezar por el principio, la reducción. Apostamos por el uso de bienes duraderos, reparables, compartidos y comunales.
¡Toma las riendas de tu consumo! Encuentra en Alargascencia los establecimientos más cercanos donde puedes reparar tus cosas, intercambiarlas, comprar de segunda mano y alquilar lo que necesitas.Rebélate frente a la obsolescencia y el sobreconsumo de recursos naturales. ¡Larga vida a la materia!
viernes, 11 de marzo de 2016
Cárcel hay muchas más que una
Otro de esos libros necesarios para entender la sociedad en la que vivimos y vamos caminando: "Enclaves de riesgo". Acá van algunos párrafos para entender mejor las funciones y problemas del sistema carcelario:
"En la década de 1990 cabe destacar el constante endurecimiento de las penas, que tendría su concreción más paradójica en el Código Penal de 1995, llamado «de la democracia», pero más duro a efectos prácticos que el vigente en los últimos años del franquismo. A pesar de que tanto el ligero descenso de la delincuencia como las medidas introducidas durante la década de 1990 conllevaron que cada vez menos gente entrase en la cárcel, éstas lo hacían por más tiempo, hasta duplicar la media europea de tiempo de estancia en prisión. Frente a la década anterior, que vio cómo aumentaba el número de presos porque se encerraba a más gente cada año, en esta década aumentó el número total por acumulación, al abusarse de la prisión preventiva, no ser muy proclive a permitir cumplimientos de condena en regímenes de semilibertad (o semiencierro) y haber eliminado la redención de penas. La cárcel se volvía más selectiva pero también más severa.
(...)
El rechazo explícito a introducir los medios necesarios para un consumo más salubre de drogas dentro de la cárcel (por ejemplo, jeringuillas esterilizadas y desechables) provocó que más de 2.000 personas muriesen por sida en las cárceles españolas «de la democracia» (pese a la posibilidad de excarcelación por motivos de salud). Se prefirió no reconocer que había drogas dentro de la cárcel a evitar el contagio de miles de presos.
(...)
En el sistema penal y en la cárcel operan filtros de clase. No es coincidencia que siempre y en todo lugar, la inmensa mayoría de cualquier población penitenciaria esté compuesta principalmente por quienes tienen poco, por los pobres. No únicamente en un aspecto económico, sino también en otros tipos de recursos tales como educación, familia, prestigio, etc. La cárcel afecta principalmente a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad.
En primer lugar, y partiendo ya de la situación en la que a una persona le han detectado delinquiendo, 8 los recursos con los que cuenta son fundamentales para acabar con condena o no, así como para determinar el tipo de condena. Por ejemplo, disponer de dinero ayuda a contar con abogados que le dedican más tiempo al caso; tener más educación, en general, ayuda a ser más consciente de la situación y buscar más recursos; tener más contactos, familia y gente pendiente hace que se pueda contar, a la vez, con los recursos de esas personas; incluso el grupo de pertenencia condiciona el proceso, como los casos de los gitanos y de los políticos ponen de manifiesto. En fin, cuanto menos recursos se tienen, más probable es acabar en prisión cuando se delinque (y prácticamente todos los miembros de una sociedad delinquen alguna vez).
(...)
La cárcel no surgió como una institución para luchar contra la delincuencia, sino para encerrar a los pobres. El hecho de que las cárceles de hoy sigan llenas de pobres parece apuntar, más que a una voluntad de encierro de los pobres en sí, a que la asociación de la pobreza con la delincuencia permite despolitizar un problema relacionado con la distribución desigual de recursos y la dominación de clases. No obstante, correlación no implica causalidad y no debemos aplanar un
problema sin duda complejo.
(...)
La mera existencia de la cárcel ha de actuar como una instancia disuasoria del delito y para que la idea de ir a la cárcel dé miedo, las condiciones de ésta han de ser malas. Unas condiciones de cumplimiento duras, además, ayudan a calmar el sentimiento de venganza que pueden sentir las víctimas o la sociedad en general y que, de hecho, se convierte en una exigencia a los gobernantes. No obstante, la Constitución le pide a la cárcel que rehabilite, algo que es prácticamente incompatible con la función retributiva, de puro castigo: lo que le exige la función retributiva a la cárcel condiciones duras de castigo que generen sufrimiento) es contrario a lo que le pide la función rehabilitadora (la creación de un espacio terapéutico). A su vez, la libertad de movimiento y el contacto con gente e instituciones de la sociedad, imprescindibles para toda rehabilitación, está enfrentada a la exigencia de que quien esté preso no se escape, tanto para que se cumpla el castigo como para evitar que esa persona delinca mientras está encerrada (incapacitación). A su vez, estos principios se concretan en dinámicas institucionales, en los programas de tratamiento (si los hay) e incluso en la estructuración bipolar de la cárcel, que en el día a día se divide entre seguridad y tratamiento, incluyendo la propia división de trabajadores.
En fin, la lista de combinaciones de funciones y la identificación de contradicciones podría seguir, pero la idea es la misma: la cárcel es una institución compleja a la que se le piden cosas incompatibles. Por eso no tiene mucho sentido plantearse su éxito o fracaso y la pregunta por su función habrá de ser en plural y referida a algo concreto."
"En la década de 1990 cabe destacar el constante endurecimiento de las penas, que tendría su concreción más paradójica en el Código Penal de 1995, llamado «de la democracia», pero más duro a efectos prácticos que el vigente en los últimos años del franquismo. A pesar de que tanto el ligero descenso de la delincuencia como las medidas introducidas durante la década de 1990 conllevaron que cada vez menos gente entrase en la cárcel, éstas lo hacían por más tiempo, hasta duplicar la media europea de tiempo de estancia en prisión. Frente a la década anterior, que vio cómo aumentaba el número de presos porque se encerraba a más gente cada año, en esta década aumentó el número total por acumulación, al abusarse de la prisión preventiva, no ser muy proclive a permitir cumplimientos de condena en regímenes de semilibertad (o semiencierro) y haber eliminado la redención de penas. La cárcel se volvía más selectiva pero también más severa.
(...)
El rechazo explícito a introducir los medios necesarios para un consumo más salubre de drogas dentro de la cárcel (por ejemplo, jeringuillas esterilizadas y desechables) provocó que más de 2.000 personas muriesen por sida en las cárceles españolas «de la democracia» (pese a la posibilidad de excarcelación por motivos de salud). Se prefirió no reconocer que había drogas dentro de la cárcel a evitar el contagio de miles de presos.
(...)
En el sistema penal y en la cárcel operan filtros de clase. No es coincidencia que siempre y en todo lugar, la inmensa mayoría de cualquier población penitenciaria esté compuesta principalmente por quienes tienen poco, por los pobres. No únicamente en un aspecto económico, sino también en otros tipos de recursos tales como educación, familia, prestigio, etc. La cárcel afecta principalmente a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad.
En primer lugar, y partiendo ya de la situación en la que a una persona le han detectado delinquiendo, 8 los recursos con los que cuenta son fundamentales para acabar con condena o no, así como para determinar el tipo de condena. Por ejemplo, disponer de dinero ayuda a contar con abogados que le dedican más tiempo al caso; tener más educación, en general, ayuda a ser más consciente de la situación y buscar más recursos; tener más contactos, familia y gente pendiente hace que se pueda contar, a la vez, con los recursos de esas personas; incluso el grupo de pertenencia condiciona el proceso, como los casos de los gitanos y de los políticos ponen de manifiesto. En fin, cuanto menos recursos se tienen, más probable es acabar en prisión cuando se delinque (y prácticamente todos los miembros de una sociedad delinquen alguna vez).
(...)
La cárcel no surgió como una institución para luchar contra la delincuencia, sino para encerrar a los pobres. El hecho de que las cárceles de hoy sigan llenas de pobres parece apuntar, más que a una voluntad de encierro de los pobres en sí, a que la asociación de la pobreza con la delincuencia permite despolitizar un problema relacionado con la distribución desigual de recursos y la dominación de clases. No obstante, correlación no implica causalidad y no debemos aplanar un
problema sin duda complejo.
(...)
La mera existencia de la cárcel ha de actuar como una instancia disuasoria del delito y para que la idea de ir a la cárcel dé miedo, las condiciones de ésta han de ser malas. Unas condiciones de cumplimiento duras, además, ayudan a calmar el sentimiento de venganza que pueden sentir las víctimas o la sociedad en general y que, de hecho, se convierte en una exigencia a los gobernantes. No obstante, la Constitución le pide a la cárcel que rehabilite, algo que es prácticamente incompatible con la función retributiva, de puro castigo: lo que le exige la función retributiva a la cárcel condiciones duras de castigo que generen sufrimiento) es contrario a lo que le pide la función rehabilitadora (la creación de un espacio terapéutico). A su vez, la libertad de movimiento y el contacto con gente e instituciones de la sociedad, imprescindibles para toda rehabilitación, está enfrentada a la exigencia de que quien esté preso no se escape, tanto para que se cumpla el castigo como para evitar que esa persona delinca mientras está encerrada (incapacitación). A su vez, estos principios se concretan en dinámicas institucionales, en los programas de tratamiento (si los hay) e incluso en la estructuración bipolar de la cárcel, que en el día a día se divide entre seguridad y tratamiento, incluyendo la propia división de trabajadores.
En fin, la lista de combinaciones de funciones y la identificación de contradicciones podría seguir, pero la idea es la misma: la cárcel es una institución compleja a la que se le piden cosas incompatibles. Por eso no tiene mucho sentido plantearse su éxito o fracaso y la pregunta por su función habrá de ser en plural y referida a algo concreto."
lunes, 7 de marzo de 2016
lunes, 29 de febrero de 2016
Invisibilidad y Transparencia
El problema de la pobreza es que se la quiere hacer invisible.
El problema de la pobreza es que se la quiere hacer transparente.
Parece lo mismo, pero no lo es. Para nada.
Cuando hace 2 años comenzó la trayectoria del grupo de Invisibles de Tetuán, el primero de varios que posteriormente han ido apareciendo con el mismo nombre en la Comunidad de Madrid, fue en respuesta al ninguneo y la invisibilización de quien entonces estaba en la Junta Municipal: para justificar el intento de cierre del banco de alimentos autogestionado que llevaba unos meses en marcha, la concejala se refugiaba diciendo que "en Tetuán no hay casi gente pasando hambre, ni que no pueda pagar las facturas; en todo caso lo que hay es mucha picaresca". Estaba claro que no había paseado mucho por las calles del distrito en las que quienes allí vivimos hemos ido encontrando a lo largo de los años cada vez a más gente rebuscando en la basura. Pero sobre todo, con esta sentencia mostraba que tampoco tenía interés en abrir los ojos a la realidad, y que de hecho esta le molestaba. Por eso su respuesta frente a las necesidades puestas en evidencia por el banco de alimentos fue, simple y llanamente, tratar de cerrarlo. Una manera eficaz de mantener su apuesta por la invisibilización de la pobreza: ojos que no ven, sociedad que no siente.
Frente a esta ceguera que se quería imponer, la respuesta fue clara: una campaña en la que poner rostros, cifras e historias a estas realidades cotidianas para tantas y tantos. Y un mensaje claro: las gentes invisibles quieren dejar de serlo, quieren ser reconocidas, cuidadas y, sobre todo, respetadas.
Invisibles, nunca más.
Frente a este impulso desde abajo por dejar de ser invisibles, desde las instituciones y el mundo profesional avanza otra dinámica de visibilización: la imposición de la transparencia, el intento constante de llegar a tener un conocimiento lo más amplio posible de la vida y las costumbres de estas gentes confinadas a los márgenes, o al menos de determinados aspectos de ella. Estas personas que viven en pobreza resultan así invisibles para la sociedad en general, pero los dispositivos que les atienden ansían siempre saber más y mejor de ellos, quitar de en medio todas las opacidades, mentiras y medias verdades que sospechan que pueden darse. Con la excusa de necesitar conocer la realidad lo mejor posible, el derecho a la intimidad salta por los aires: si quieres ayuda, tienes que estar dispuesta a dejar a que quien la gestiona pueda rebuscar la información "pertinente" en tu vida, siempre con la desconfianza a cuestas, "porque siempre te mienten, te dicen lo que quieres oir". Esta frase due el consejo que un compañero me dio el día que empecé a trabajar en un Centro de Drogodependencias. Cuando la escuché, me pareció una falacia; al cabo de un tiempo descubrí que tenía mucho de verdad, pero que faltaba gran parte de la explicación: ante la dinámica "policial" y de cuestionamiento continuo de los profesionales, quienes acudían a nosotros se defendían protegiendo su intimidad y mostrando la realidad más adecuada para conseguir el apoyo que andaban buscando. Nada extravagante, por otro lado, pues anda que no decoramos la realidad unos y otras, por ejemplo, cuando nos relacionamos con nuestros jefes, para así conseguir su aprobación, reforzar nuestra buena imagen o evitar críticas.
Pero cuando vives en pobreza ese es otro derecho que no tienes. La invisibilidad social se complementa con la transparencia total demandada por los servicios especializados en atenderte, como si así se mantuviera el equilibrio: frente a la opacidad social absoluta, la mirada técnica vigilante que pretende atravesar todas las capas protectoras. Además, este conocimiento en profundidad que se pretende de determinados aspectos de la vida de "los pobres" no se construye a partir de la confianza, lo cual podría tener sentido y, sobre todo, ser menos hiriente. Porque el baile de profesionales, mayor además en los lugares de mayor vulnerabilidad, implica que cada pocos meses tienes que estar de nuevo abriendo tu vida y precariedades a nuevos profesionales que aterrizan en servicios en los cuales ni ellos mismo saben cuanto tiempo van a poder estar.
Pocas veces se ha señalado, pero esta búsqueda de la transparencia, termina siendo una de las causas de la persistencia de la pobreza y la exclusión. Su obsesión por evitar engaños y conocer todas las circunstancias determinantes termina poniendo en evidencia las fragilidades, bloqueos y contradicciones cotidianas de aquellos a quienes no les queda otra que buscar en el día a día como salir de los mil y un problemas que tienen. Las soluciones que encuentran nunca son las ideales, y hay muchos elementos de su vida que quieren ocultar (como nos pasa a todas, la transparencia total es insoportable). Pero esta mirada inquisidora no acepta detenerse en su búsqueda de "la verdad", y termina iluminando no las capacidades y fortalezas de la gente, sino principalmente sus miserias y debilidades. Así, finalmente, fuerza la ruptura del vínculo que podría hacernos sentir parte del mismo caminar y facilita el que se pueda señalar a quien se queda en el camino como único/a culpable de lo que le pasa: bajo la lupa quedan expuestas todas las pruebas que muestran que no hace lo suficiente, que no sigue la indiciaciones, que no quiere, en definitiva, salir adelante.
¿Qué pasaría si aplicáramos la lupa en sentido contrario? En caso de que se hiciera, podríamos descubrir como los propios mecanismos administrativos y las condiciones establecidas para dar ayudas, determinadas siempre desde despachos a los que la realidad les queda demasiado lejos, incitan constantemente a quienes no tienen otra opción que solicitarlas a plantearse cómo poder construir un relato que presentar que pueda superar todas las barreras de acceso. Aún así, muchos y muchas se aferran a ir siempre "con la verdad por delante". Desgraciadamente, cuando los problemas y dificultades se acumulan, esto no es garantía de conseguir lo que se necesita, e incluso puede suponer ponerse en riesgo.
Un ejemplo que se presentó hace unas semanas en un foro en Madrid: "Muchas veces te cuestionan tu verdad, pero también te obligan a mentir para conseguir ayudas. Por ejemplo, si tienes un trabajo temporal mal pagado y por eso tienes un complemento de la RMI, tienes que firmar que vas a buscar mejora de empleo. Pero si encuentras uno en el que te pagan 50 euros más, pierdes la RMI, y con ello el complemento para el comedor, y la ayuda de libros… ¿Cómo vas a buscar un trabajo así? Pero tienes que firmar o no te dan la ayuda".
Quienes viven en pobreza no quieren ser invisibles, sino sostener una mirada respetuosa del resto de la ciudadanía.
Quienes viven en pobreza no quieren ser transparente, sino poder decidir a quién abrir su intimidad, poder construir relaciones en la confianza.
Ni invisibles, ni transparentes. Que no es lo mismo ni es igual.
El problema de la pobreza es que se la quiere hacer transparente.
Parece lo mismo, pero no lo es. Para nada.
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Cuando hace 2 años comenzó la trayectoria del grupo de Invisibles de Tetuán, el primero de varios que posteriormente han ido apareciendo con el mismo nombre en la Comunidad de Madrid, fue en respuesta al ninguneo y la invisibilización de quien entonces estaba en la Junta Municipal: para justificar el intento de cierre del banco de alimentos autogestionado que llevaba unos meses en marcha, la concejala se refugiaba diciendo que "en Tetuán no hay casi gente pasando hambre, ni que no pueda pagar las facturas; en todo caso lo que hay es mucha picaresca". Estaba claro que no había paseado mucho por las calles del distrito en las que quienes allí vivimos hemos ido encontrando a lo largo de los años cada vez a más gente rebuscando en la basura. Pero sobre todo, con esta sentencia mostraba que tampoco tenía interés en abrir los ojos a la realidad, y que de hecho esta le molestaba. Por eso su respuesta frente a las necesidades puestas en evidencia por el banco de alimentos fue, simple y llanamente, tratar de cerrarlo. Una manera eficaz de mantener su apuesta por la invisibilización de la pobreza: ojos que no ven, sociedad que no siente.
Frente a esta ceguera que se quería imponer, la respuesta fue clara: una campaña en la que poner rostros, cifras e historias a estas realidades cotidianas para tantas y tantos. Y un mensaje claro: las gentes invisibles quieren dejar de serlo, quieren ser reconocidas, cuidadas y, sobre todo, respetadas.
Invisibles, nunca más.
Frente a este impulso desde abajo por dejar de ser invisibles, desde las instituciones y el mundo profesional avanza otra dinámica de visibilización: la imposición de la transparencia, el intento constante de llegar a tener un conocimiento lo más amplio posible de la vida y las costumbres de estas gentes confinadas a los márgenes, o al menos de determinados aspectos de ella. Estas personas que viven en pobreza resultan así invisibles para la sociedad en general, pero los dispositivos que les atienden ansían siempre saber más y mejor de ellos, quitar de en medio todas las opacidades, mentiras y medias verdades que sospechan que pueden darse. Con la excusa de necesitar conocer la realidad lo mejor posible, el derecho a la intimidad salta por los aires: si quieres ayuda, tienes que estar dispuesta a dejar a que quien la gestiona pueda rebuscar la información "pertinente" en tu vida, siempre con la desconfianza a cuestas, "porque siempre te mienten, te dicen lo que quieres oir". Esta frase due el consejo que un compañero me dio el día que empecé a trabajar en un Centro de Drogodependencias. Cuando la escuché, me pareció una falacia; al cabo de un tiempo descubrí que tenía mucho de verdad, pero que faltaba gran parte de la explicación: ante la dinámica "policial" y de cuestionamiento continuo de los profesionales, quienes acudían a nosotros se defendían protegiendo su intimidad y mostrando la realidad más adecuada para conseguir el apoyo que andaban buscando. Nada extravagante, por otro lado, pues anda que no decoramos la realidad unos y otras, por ejemplo, cuando nos relacionamos con nuestros jefes, para así conseguir su aprobación, reforzar nuestra buena imagen o evitar críticas.
Pero cuando vives en pobreza ese es otro derecho que no tienes. La invisibilidad social se complementa con la transparencia total demandada por los servicios especializados en atenderte, como si así se mantuviera el equilibrio: frente a la opacidad social absoluta, la mirada técnica vigilante que pretende atravesar todas las capas protectoras. Además, este conocimiento en profundidad que se pretende de determinados aspectos de la vida de "los pobres" no se construye a partir de la confianza, lo cual podría tener sentido y, sobre todo, ser menos hiriente. Porque el baile de profesionales, mayor además en los lugares de mayor vulnerabilidad, implica que cada pocos meses tienes que estar de nuevo abriendo tu vida y precariedades a nuevos profesionales que aterrizan en servicios en los cuales ni ellos mismo saben cuanto tiempo van a poder estar.
Pocas veces se ha señalado, pero esta búsqueda de la transparencia, termina siendo una de las causas de la persistencia de la pobreza y la exclusión. Su obsesión por evitar engaños y conocer todas las circunstancias determinantes termina poniendo en evidencia las fragilidades, bloqueos y contradicciones cotidianas de aquellos a quienes no les queda otra que buscar en el día a día como salir de los mil y un problemas que tienen. Las soluciones que encuentran nunca son las ideales, y hay muchos elementos de su vida que quieren ocultar (como nos pasa a todas, la transparencia total es insoportable). Pero esta mirada inquisidora no acepta detenerse en su búsqueda de "la verdad", y termina iluminando no las capacidades y fortalezas de la gente, sino principalmente sus miserias y debilidades. Así, finalmente, fuerza la ruptura del vínculo que podría hacernos sentir parte del mismo caminar y facilita el que se pueda señalar a quien se queda en el camino como único/a culpable de lo que le pasa: bajo la lupa quedan expuestas todas las pruebas que muestran que no hace lo suficiente, que no sigue la indiciaciones, que no quiere, en definitiva, salir adelante.
¿Qué pasaría si aplicáramos la lupa en sentido contrario? En caso de que se hiciera, podríamos descubrir como los propios mecanismos administrativos y las condiciones establecidas para dar ayudas, determinadas siempre desde despachos a los que la realidad les queda demasiado lejos, incitan constantemente a quienes no tienen otra opción que solicitarlas a plantearse cómo poder construir un relato que presentar que pueda superar todas las barreras de acceso. Aún así, muchos y muchas se aferran a ir siempre "con la verdad por delante". Desgraciadamente, cuando los problemas y dificultades se acumulan, esto no es garantía de conseguir lo que se necesita, e incluso puede suponer ponerse en riesgo.
Un ejemplo que se presentó hace unas semanas en un foro en Madrid: "Muchas veces te cuestionan tu verdad, pero también te obligan a mentir para conseguir ayudas. Por ejemplo, si tienes un trabajo temporal mal pagado y por eso tienes un complemento de la RMI, tienes que firmar que vas a buscar mejora de empleo. Pero si encuentras uno en el que te pagan 50 euros más, pierdes la RMI, y con ello el complemento para el comedor, y la ayuda de libros… ¿Cómo vas a buscar un trabajo así? Pero tienes que firmar o no te dan la ayuda".
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Quienes viven en pobreza no quieren ser invisibles, sino sostener una mirada respetuosa del resto de la ciudadanía.
Quienes viven en pobreza no quieren ser transparente, sino poder decidir a quién abrir su intimidad, poder construir relaciones en la confianza.
Ni invisibles, ni transparentes. Que no es lo mismo ni es igual.
lunes, 22 de febrero de 2016
Lluvia que traerá la primavera
No hacen falta muchas palabras de presentación, solo las del título de este documental tan emocionante como necesario: "Cuando las gotas hacen lluvia":
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lunes, 15 de febrero de 2016
Seguridad(es)
Pocas veces nos paramos a pensar sobre modelos alternativos de seguridad. Por eso esta aportación de María Naredo me parece tan sugerente y necesaria:
El modelo hegemónico de seguridad es un sistema basado en presentar derechos enfrentados (seguridad frente a libertad) y una suerte de polarización ciudadana. La represión de sectores sociales “peligrosos” se justifica en base a la defensa de la seguridad de la ciudadanía “de bien”. Tras varios años de profunda crisis económica, política y social, la evolución de la gestión securitaria en el Estado español se ha caracterizado por enfatizar sus rasgos más represivos y su visión de la seguridad “contra”. Quizá la imagen más elocuente del nuevo escenario sean las vallas y los agentes policiales que hoy custodian el Congreso de los Diputados (¿no tendrían que estar las vallas dispuestas en sentido inverso? ¿Quién amenaza a quién?). Esa imagen nos devuelve el rostro más evidente de un modelo de seguridad en el que el objetivo es proteger el “statu quo” y no defender los derechos humanos de las personas. Ya que, precisamente en este contexto, la ciudadanía aparece cada vez más despojada de derechos y abandonada a su suerte frente a inseguridades provenientes del ámbito familiar, laboral, de salud, etc.
Dos modelos de seguridad: policial y relacional
El modelo hegemónico de seguridad es un sistema basado en presentar derechos enfrentados (seguridad frente a libertad) y una suerte de polarización ciudadana. La represión de sectores sociales “peligrosos” se justifica en base a la defensa de la seguridad de la ciudadanía “de bien”. Tras varios años de profunda crisis económica, política y social, la evolución de la gestión securitaria en el Estado español se ha caracterizado por enfatizar sus rasgos más represivos y su visión de la seguridad “contra”. Quizá la imagen más elocuente del nuevo escenario sean las vallas y los agentes policiales que hoy custodian el Congreso de los Diputados (¿no tendrían que estar las vallas dispuestas en sentido inverso? ¿Quién amenaza a quién?). Esa imagen nos devuelve el rostro más evidente de un modelo de seguridad en el que el objetivo es proteger el “statu quo” y no defender los derechos humanos de las personas. Ya que, precisamente en este contexto, la ciudadanía aparece cada vez más despojada de derechos y abandonada a su suerte frente a inseguridades provenientes del ámbito familiar, laboral, de salud, etc.
Por contra, en estos últimos tiempos, amplios sectores de la ciudadanía
han puesto en marcha estrategias propias del modelo de seguridad
“relacional”. El trabajo en red, las propuestas barriales y la respuesta
ciudadana frente a las injusticias policiales (por ejemplo,
movilizaciones vecinales contra las redadas racistas) han supuesto un
cambio notable respecto al pasado. La gente ha tomado las calles, para
manifestarse, pero no sólo; también para reunirse en el vecindario, en
un afán de retomar el espacio público y la política cercana.
En suma, en este tiempo las tensiones propias del sistema de seguridad
hegemónico, apuntadas en la entrevista, se han agudizado y se vislumbran
derivas muy preocupantes relacionadas con una grave perdida de
derechos. La criminalización de la protesta y de la pobreza son dos
tendencias en auge. Pero, a la vez, la defensa de otro modelo de
relación ciudadana y de relación con el espacio público está suponiendo
la puesta en práctica diaria de modelos alternativos de seguridad que
retoman el significado inicial ("securitas" = cuidado de
sí) y muestran al mundo modos de organizarse en red, de apoyarse frente a
las injusticias (por ejemplo, el movimiento stop desahucios o las cajas de resistencia en centros escolares para apoyar a profesorado en huelga) mucho más articulados que hace un tiempo.
Estas tendencias se arraigan en torno a necesidades comunes
identificadas por una ciudadanía que reconoce que en el escenario actual
tiene poco que perder. Uno de los lemas de la plataforma Juventud Sin
Futuro es “sin casa, sin curro... sin miedo”. Este tipo de actitud,
fruto de la propia crisis civilizatoria que estamos viviendo, supone un
golpe central contra el sistema de seguridad hegemónico, cuya base de
legitimación es la existencia de una ciudadanía asustada, cuyo miedo es
la justificación de la represión. En suma, estamos ante un momento
crítico, de contraposición de los dos modelos de seguridad, de
deslegitimación del modelo hegemónico, en el que no sabemos hasta dónde
tensará la cuerda el poder político-económico en su deriva represiva.
sábado, 6 de febrero de 2016
Piedra viva
Nada que decir, mucho que admirar en la obra de Nizar Ali Badr, llena de humanidad y emoción:

Foto: Nizar Ali Badr

Foto: Nizar Ali Badr

Foto: Nizar Ali Badr
martes, 2 de febrero de 2016
Multitud en pantunflas
No me puedo resistir a compartir este fragmento del libro de Beasley-Murray "Posthegemonía", que ofrece un análisis muy lúcido sobre la potencia constituyente y transformadora de la multitud... Si estamos dispuestos a entender qué es esto de la multitud:
"Si la multitud es común, también debe serlo en el sentido de que es democrática y cotidiana; “común y corriente”. (...) El análisis de Linebaugh y Rediker del “Atlántico revolucionario” de los siglos XVII y XVIII subraya igualmente la comunicación y la comunidad en nombre de lo que llaman un “comunismo plebeyo” decididamente opuesto a la esclavitud. Pero las personas que daban sermones o contrabandeaban panfletos, que propagaban rumores o cantaban canciones de rebelión, y que generalmente alimentaban la hoguera de la resistencia a lo largo del mundo del Atlántico, no eran los trabajadores intelectuales de su tiempo, sino predicadores y camareros, los “marineros, pilotos, criminales, amantes, traductores, músicos, trabajadores ambulantes de cualquier tipo [que] producían conexiones inesperadas, en apariencia accidentales, contingentes, transitorias, incluso milagrosas”. Esta era la “pintoresca banda”, compuesta en sí misma de “tripulaciones y bandas diversas que poseían movilidad propia, a menudo independientes de un liderazgo verticalista”, que formaban la “turba urbana y la multitud revolucionaria”. Se trata de la multitud, como una hidra de múltiples cabezas, una colección móvil y variada de hombres y mujeres comunes que luchan en común en protestas comunes y por deseos comunes. No hay nada excepcional acerca de lo común; no es un paraíso antes de la caída ni el resto extraño de una plenitud perdida. Se trata meramente de una cuestión de hábito: “El hábito es lo común en la práctica”, como afirman Hardt y Negri; “los hábitos son prácticas vivas, el sitio de creación e innovación”. En este sentido, tampoco hay nada especial en la multitud, o en el poder constituyente. El poder constituyente no está confinado exclusivamente a momentos excepcionales de ruptura entre constituciones; más bien, estamos siempre en el medio, en un momento de excepción o interregno eterno. La multitud está por todas partes, desbordándose en cualquier lugar y cada vez que miramos alrededor. La multitud es común y corriente.
Lo común está “animado por el amor”, afirma Negri: “El amor es la praxis constitutiva de lo común”; es el “deseo de lo común”. El amor, definido por Spinoza como “la alegría, acompañada por la idea de una causa exterior”, proporciona el ímpetu para maximizar los buenos encuentros. Ver al poder constituyente en estos términos puede parece extraño, tal como lo reconoce Hardt, pero reconoce que a él y a Negri “les gustaría hacer del amor un concepto propiamente político”. El “tiempo revolucionario” del poder constituyente es “el tiempo del amor”. Ni sentimental ni nostálgico, el amor que Hardt y Negri celebran es promiscuo y polivalente; es “el último signo de exposición” al otro, a una otredad impredecible y probablemente hostil. El amor es el deseo de encontrar otros cuerpos, de desenvolverlos y crear nuevos cuerpos con ellos, de constituir la multitud. Es “el cemento ético de la vida colectiva”. El amor es lo que mantiene las conexiones unidas; es lo que transforma el reconocimiento habitual de la comunidad en un proyecto activo de resistencia y constitución. El amor es, sostiene Negri, “el poder ontológico que produce el ser”. El amor, parece estar diciendo, hacer girar al mundo."
"Si la multitud es común, también debe serlo en el sentido de que es democrática y cotidiana; “común y corriente”. (...) El análisis de Linebaugh y Rediker del “Atlántico revolucionario” de los siglos XVII y XVIII subraya igualmente la comunicación y la comunidad en nombre de lo que llaman un “comunismo plebeyo” decididamente opuesto a la esclavitud. Pero las personas que daban sermones o contrabandeaban panfletos, que propagaban rumores o cantaban canciones de rebelión, y que generalmente alimentaban la hoguera de la resistencia a lo largo del mundo del Atlántico, no eran los trabajadores intelectuales de su tiempo, sino predicadores y camareros, los “marineros, pilotos, criminales, amantes, traductores, músicos, trabajadores ambulantes de cualquier tipo [que] producían conexiones inesperadas, en apariencia accidentales, contingentes, transitorias, incluso milagrosas”. Esta era la “pintoresca banda”, compuesta en sí misma de “tripulaciones y bandas diversas que poseían movilidad propia, a menudo independientes de un liderazgo verticalista”, que formaban la “turba urbana y la multitud revolucionaria”. Se trata de la multitud, como una hidra de múltiples cabezas, una colección móvil y variada de hombres y mujeres comunes que luchan en común en protestas comunes y por deseos comunes. No hay nada excepcional acerca de lo común; no es un paraíso antes de la caída ni el resto extraño de una plenitud perdida. Se trata meramente de una cuestión de hábito: “El hábito es lo común en la práctica”, como afirman Hardt y Negri; “los hábitos son prácticas vivas, el sitio de creación e innovación”. En este sentido, tampoco hay nada especial en la multitud, o en el poder constituyente. El poder constituyente no está confinado exclusivamente a momentos excepcionales de ruptura entre constituciones; más bien, estamos siempre en el medio, en un momento de excepción o interregno eterno. La multitud está por todas partes, desbordándose en cualquier lugar y cada vez que miramos alrededor. La multitud es común y corriente.
Lo común está “animado por el amor”, afirma Negri: “El amor es la praxis constitutiva de lo común”; es el “deseo de lo común”. El amor, definido por Spinoza como “la alegría, acompañada por la idea de una causa exterior”, proporciona el ímpetu para maximizar los buenos encuentros. Ver al poder constituyente en estos términos puede parece extraño, tal como lo reconoce Hardt, pero reconoce que a él y a Negri “les gustaría hacer del amor un concepto propiamente político”. El “tiempo revolucionario” del poder constituyente es “el tiempo del amor”. Ni sentimental ni nostálgico, el amor que Hardt y Negri celebran es promiscuo y polivalente; es “el último signo de exposición” al otro, a una otredad impredecible y probablemente hostil. El amor es el deseo de encontrar otros cuerpos, de desenvolverlos y crear nuevos cuerpos con ellos, de constituir la multitud. Es “el cemento ético de la vida colectiva”. El amor es lo que mantiene las conexiones unidas; es lo que transforma el reconocimiento habitual de la comunidad en un proyecto activo de resistencia y constitución. El amor es, sostiene Negri, “el poder ontológico que produce el ser”. El amor, parece estar diciendo, hacer girar al mundo."
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martes, 26 de enero de 2016
La CRISIS de lxs pobres se escribe con mayúsculas
Nuevamente a través de Carlos Galián me llegan gráficas de cambios en la distribución de renta de esos que tan bien trabaja Milanovic (vía LIS).
Desgraciadamente, parece que todo sigue igual, al menos en nuestro país, donde los últimos datos vuelven a corroborar que la crisis económica sobre todo ha afectado no a las tan cacareadas clases medias, sino a quienes viven en mayor pobreza. Así funcionamos, cuanto más pobre, peor te irá.
En el eje horizontal se distribuye la población en función de su situación socioeconómica, quedando a la izquierda los más pobres y a la derecha los más ricos. Y en el eje vertical se muestra la variación en los ingresos. Cuanto más arriba mejor, claro está.
Pero no pensemos que esto es siempre así. Solo hay que echar un ojo a las gráficas en otros países durante este mismo perido. Bastante diferentes.
Desgraciadamente, parece que todo sigue igual, al menos en nuestro país, donde los últimos datos vuelven a corroborar que la crisis económica sobre todo ha afectado no a las tan cacareadas clases medias, sino a quienes viven en mayor pobreza. Así funcionamos, cuanto más pobre, peor te irá.
En el eje horizontal se distribuye la población en función de su situación socioeconómica, quedando a la izquierda los más pobres y a la derecha los más ricos. Y en el eje vertical se muestra la variación en los ingresos. Cuanto más arriba mejor, claro está.
Pero no pensemos que esto es siempre así. Solo hay que echar un ojo a las gráficas en otros países durante este mismo perido. Bastante diferentes.
martes, 19 de enero de 2016
Cuesta arriba
"No todos avanzamos en la vida de la misma manera. Algunas personas, pocas, tienen un camino llano delante de ellas, sin obstáculos. Otras tienen algunas cuestas que subir. Pero algunos tenemos que subir constantemente montañas, bien empinadas. Y no nos podemos parar. Si te paras, te caes abajo. Siempre subiendo".
Con esta imagen tan gráfica trataba de representar un amigo que ha vivido siempre en condiciones muy difíciles lo que es la vida en la pobreza. Y al escucharle me acordaba de una mujer de mi barrio, también luchadora frente a mil y una adversidades, que me contaba como sentía que no podía permitirse el lujo de rendirse, pese a que a veces sentía que no podía más, o que la trataban injustamente cuando iba a pedir ayuda a los Servicios Sociales o a las parroquias: "En el momento en el que dejas de luchar estás acabada".
Vivir en la precariedad exige un ejercicio de resistencia firme y constante. Aunque el agotamiento termina apareciendo constantemente, con consecuencias muchas veces devastadoras. De ahí que se busquen maneras y modos de aguantar, de refugiarse, agarrando muchas veces clavos mentirosos y ardientes. Pero no queda otra: resistir, un resistir que es lo contrario de la dejadez o el inmovilismo, que es compromiso activo por no caer.
De ahí también la importancia de contar con otras personas. Pero no cualquiera. Esto me contaba otro luchador en precario comentando sobre el compromiso de quienes formamos parte de ATD Cuarto Mundo: "Estamos cansados de oir promesas. Con vosotros es diferente, porque os conocemos desde hace años y os hemos visto mancharos con el barrio de las calles. Sabemos que siempre habéis estado ahí".
La pobreza, la miseria, encierran y aíslan empujando hacia un ejercicio autista de supervivencia. Por eso de repente aparece como fundamental la presencia de otras gentes, no solo para recibir apoyos, sino para construir algo que de verdad se sienta con sentido y que lance más allá de la montaña castigadora: "Para luchar por mí, ya lucho yo solo todos los días. Pero lo que tenemos que hacer juntos es luchar por todos, por lo colectivo".
Pues eso. Luchemos.
Con esta imagen tan gráfica trataba de representar un amigo que ha vivido siempre en condiciones muy difíciles lo que es la vida en la pobreza. Y al escucharle me acordaba de una mujer de mi barrio, también luchadora frente a mil y una adversidades, que me contaba como sentía que no podía permitirse el lujo de rendirse, pese a que a veces sentía que no podía más, o que la trataban injustamente cuando iba a pedir ayuda a los Servicios Sociales o a las parroquias: "En el momento en el que dejas de luchar estás acabada".
Vivir en la precariedad exige un ejercicio de resistencia firme y constante. Aunque el agotamiento termina apareciendo constantemente, con consecuencias muchas veces devastadoras. De ahí que se busquen maneras y modos de aguantar, de refugiarse, agarrando muchas veces clavos mentirosos y ardientes. Pero no queda otra: resistir, un resistir que es lo contrario de la dejadez o el inmovilismo, que es compromiso activo por no caer.
De ahí también la importancia de contar con otras personas. Pero no cualquiera. Esto me contaba otro luchador en precario comentando sobre el compromiso de quienes formamos parte de ATD Cuarto Mundo: "Estamos cansados de oir promesas. Con vosotros es diferente, porque os conocemos desde hace años y os hemos visto mancharos con el barrio de las calles. Sabemos que siempre habéis estado ahí".
La pobreza, la miseria, encierran y aíslan empujando hacia un ejercicio autista de supervivencia. Por eso de repente aparece como fundamental la presencia de otras gentes, no solo para recibir apoyos, sino para construir algo que de verdad se sienta con sentido y que lance más allá de la montaña castigadora: "Para luchar por mí, ya lucho yo solo todos los días. Pero lo que tenemos que hacer juntos es luchar por todos, por lo colectivo".
Pues eso. Luchemos.
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lunes, 11 de enero de 2016
Atrapad@s en la escalera
Genial la reflexión de Freinet compartida en su blog por Rafa Cofiño:
"Vais
a buscar muy lejos los elementos básicos de vuestra pedagogía. Son
necesarias consideraciones intelectuales y vocablos herméticos cuyo
secreto poseen solamente los universitarios. Es tradicional referirse a
Rabelais, Montaigne y J.J. Rousseau, para hablar sólo de los pensadores
cuya reputación es, desde hace tiempo, inatacable.
Pero,
¿estáis seguros de que la mayoría de estas ideas que los intelectuales
creen haber descubierto no corren ya por el pueblo desde siempre y de
que el error escolástico no es el que las ha minimizado y deformado en
su esencia para monopolizarlas y esclavizarlas?"
"El
pedagogo había preparado sus métodos minuciosamente; había establecido
científicamente, decía, la escalera que debía permitir el acceso a los
diversos estadios del conocimiento; había medido experimentalmente la
altura de los peldaños para adaptarla a las posibilidades normales de
las piernas infantiles; había colocado, aquí y allá, un descansillo
cómodo para tomar aliento, y la barandilla solícita sujetaba a los
principiantes.
El
pedagogo se irritaba no con la escalera, concebida y construida
científicamente, sino con los niños que parecían insensibles a su
solicitud.
Se
irritaba porque todo sucedía normalmente cuando él estaba presente
vigilando el ascenso metódico de la escalera, peldaño a peldaño,
respirando en los descansillos y agarrados a la barandilla. Pero si se
ausentaba un momento, ¡qué desastre y qué desorden! Solamente seguían
subiendo metódicamente, peldaño a peldaño, agarrándose a la barandilla y
respirando en los descansillos los individuos a los que la escuela
había marcado suficientemente con su autoridad, como aquellos perros de
pastor a los que la vida ha educado para seguir pasivamente a su dueño y
que se han resignado a no obedecer ya más a su naturaleza de perros
franqueando senderos y malezas.
La
pandilla de niños se entregaba a sus instintos y hallaba de nuevo sus
necesidades; uno subía la escalera a gatas; otro tomaba impulso y
trepaba por los peldaños de dos en dos, saltándose los descansillos;
incluso había quienes intentaban subir de espaldas, y, a fe mía,
adquirían en ello cierta maestría. Pero, sobre todo, increíble paradoja,
estaban aquellos –y eran la mayoría- para los que la escalera estaba
demasiado falta de atractivos y aventuras, y que, rodeando la casa,
agarrándose a los canalones, franqueando las balaustradas, llegaban
arriba en un tiempo récord, mucho mejor y más rápido que por la escalera
llamada metódica, y, una vez arriba, bajaban por la barandilla como por
un tobogán... para volver a empezar esta ascensión apasionante.
El
pedagogo persigue a los individuos que se obstinan en no subir por las
vías que él considera normales. ¿Se ha preguntado si, por azar, su
ciencia de la escalera no será una falsa ciencia, y si no habrá otras
vías más rápidas y más saludables, que procedan por saltos y por
zancadas; si no habrá, según la imagen de Víctor Hugo, una pedagogía de
las águilas que no suben por la escalera?"
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