miércoles, 2 de septiembre de 2009

Tocad@s

Estábamos descansando en uno de los puestos del comedor popular que hay dentro del mercado de Masaya, lleno de artesanías e interés por capturar extranjer@s como nosotr@s para comprar y comprar. La sopa de gallina y el pollo con arroz mezclados con el calor sofocante nos terminaron de tumbar. Y en esas llegó él, con sus diez años y su bandeja llena de dulces de plátano, tratando de vendernos con la mejor de sus sonrisas alguno de esos manjares que hace su mamá.


Por todas partes hemos ido encontrando niñ@s que te piden un peso por la calle. Y también otr@s much@s que venden pequeñas cosas tratando de ganarse la vida. Hasta ahora habíamos evitado entrar en el juego del asistencialismo puro y duro.


Y sin embargo, esta vez, nos atrapó. Fue tan simple como pedirnos las sobras de la comida con la que nosotr@s ya no podíamos. ¿Qué le íbamos a decir? ¿Qué no, que nos lo llevaríamos para la noche? ¿Qué mejor le diríamos a la señora del comedor de dárselo a los perros?


Así, sin más, el pequeño vendedor se acercó a mi plato y empezó a comerse el arroz; luego pidió los restos de la gallina. No dejo nada. Tan sólo la tortilla de maíz escapó de sus manos, porque la dueña se lo quitó antes de tiempo.


Así, se comió nuestros despojos, dejándonos sin palabras, herid@s con esa imagen del niñ@ que se acerca pidiendo ser tratado, al menos, como un perro al que le dan las sobras.


Queramos o no, no podemos escapar a lo que nuestra presencia significa acá para mucha gente.


1 comentario:

EDUARDO BARAHONA dijo...

Que duro lo que cuentas, así es nuestra latinoamérica tan sufriente y tan festiva a la vez. A veces aquí en el "primer mundo" me olvido de esa realidad, gracias por campartir y recordárnosla pues es un motivo más para seguir luchando.
Un abrazo desde Madrid!!
EDU