En ese sentido el libro enlaza con las diferentes reflexiones que desde hace tiempo se plantean en torno a la construcción de la "cultura de transición" como artefacto que ha permitido establecer un consenso en torno a unos mitos fundacionales. Así, por ejemplo, resulta muy interesante comprobar cómo, frente a la idea de un golpe de estado llevado a cabo por algunos militares extremistas, en realidad desde meses antes del mismo se fue conformando un sustrato en el que éste se apoyo, y al que todos (o casi todos) colaboraron, aún sin ser conscientes de ello.
Pero al mismo tiempo que el libro desenmascara algunos de estos mitos y construcciones, termina reforzando otros, especialmente al poner en primer y casi exclusivo plano a los que han sido considerados como protagonistas de los procesos políticos de estos años: Suárez, Carrillo, Gutiérrez Mellado, etc.
De esta manera, el libro analiza los comportamientos de los grandes personajes de ese momento, sin los cuáles parece que nada de lo que acontenció en aquellos años hubiera sido posible. No voy a entrar en juzgar el papel de estos actores estelares de la transición, pero sí que me parece fundamental señalar cómo se sigue olvidando e invisibilizando a quienes desde un plano menos público pero no por ello menos importante lucharon también por el cambio de sistema político: los y las vecinxs comprometidxs en sus barrios, con sus gentes; los y las jóvens que buscaban nuevas alternativas críticas al sistema (muchxs de lxs cuales terminaron siendo desactivadxs a partir de la introducción de la droga en los barrios más populares); los padres y las madres que trabajan por hacer posible un futuro diferente para sus hijxs, con justicia, libertad y dignidad. Y como ellxs tantas y tantas personas...
En el libro, de hecho, se juzga con bastante severidad el que apenas no hubiera respuesta ciudadana al golpe de estado. El autor no entra a analizar, como si hace con las grandes figuras de primera línea, los porqués, las cuestiones de fondo y de forma que hicieron que esto fuera así. Simplemente pone en evidencia la ausencia de movilización social en esa jornada concreta. Está claro que profundizar en las razones de todas estas gentes que citaba anteriormente llevaría a una obra inabarcable, como la vida misma. Pero al mismo tiempo, este juego de grandes protagonistas con el pueblo espectador al fondo no hace más que hacerle el juego a quienes pretender el poder sólo para ellxs.
Y no es así. Las gentes se mueven y se paran, se hablan y se escuchan, ponen en marcha procesos de lucha y transformación que son los que luego hacen posible (o imposible) nuevos proyectos apadrinados por estas grandes figuras.
A estas gentes es a las primeras que hay que estudiar para entender mejor nuestro mundo, rindiendo homenaje a sus esfuerzos y apuestas. Por eso son tan interesantes proyectos de recuperación de estas historias de luchas, como por ejemplo la de los movimiento vecinales y la de un distrito popular como es Tetuán.
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