domingo, 12 de mayo de 2013

El 15M y lo invisible

Segunda entega de material para reflexionar en torno al aniversario del 15M. Esta vez es el turno de Armando Fernandez Savater, como siempre aportando elementos interesantes en torno a lo que se mueve en las plazas y en las calles:


Mayo es época de exámenes y el 15-M no se libra. Las celebración del segundo aniversario es una ocasión propicia para el juicio mediático: ¿está aún vivo el 15-M, qué queda? ¿Son más, son menos? ¿Y qué han conseguido? Son ojos que ven lo que están habituados a ver: el evento y no el proceso, la identidad y no las metamorfosis, lo espectacular y no lo cotidiano, lo macro y no lo micro, lo cuantitativo y no lo cualitativo, los resultados y no los efectos. Mirada clínica, mirada exterior, mirada del Padre, el mayor problema es que la interioricemos y nos conformemos a sus normas. Por eso, el otro día una amiga protestaba diciendo: “a la mierda el aniversario, luchamos todos los días, lo podríamos celebrar el 3 de febrero o el 11 de junio. Si los medios nos dan por muertos, pues mejor, así trabajaremos más tranquilos”.

El unicornio no es exactamente un caballo. Y del mismo modo, el 15-M, las mareas o la PAH tampoco son movimientos sociales al uso, sino los nombres y las máscaras que se da a sí mismo un proceso verdaderamente insólito de politización social. A la vez el mismo y siempre diferente, en transformación. El desafío no pasa tanto por responder el sinnúmero de mentiras o clichés que se encuentran a diario en los medios, como por aprender a vernos y narrarnos distinto. Saber nombrar, dar valor y comunicar lo extraordinario de lo que estamos haciendo y viviendo.

viernes, 10 de mayo de 2013

Quemar sin llama

Como este fin de semana va a estar marcado por las valoraciones de lo que queda del 15M, de la movilización o no de la sociedad, de si estamos al principio o al final de un proceso... Es un buen momento para reflexiones que apuntan más allá de lo evidente, como esta de Belén Gopegui:


Contraincendioonline.com, página argentina para uso de bomberos y rescatistas, podría ser una página literaria o política pues tiene versos involuntarios: “La puerta cerrada de un cuarto, nuestro último escudo” o “Incendio estructural: combate en compartimentos interiores”, y tiene un curso de incendios estructurales como los de este tiempo.

Llegué a ella buscando información sobre fuegos subterráneos, sobre la acción de arder sin llama. Porque a veces parece que los procesos sólo existen cuando despiertan o cuando se reparten por el terreno con sus resplandores y su libre combustión. Y a veces hay preguntas que traen angustia, desánimo o reproche cuando dicen: ¿de aquellas llamas, qué se hizo? ¿dónde están los resplandores?

Hay tres etapas progresivas en la combustión de un incendio: incipiente o inicial, de combustión libre y de arder sin llama. Hoy, junto a llamaradas que seguirán vivas –escraches con botes de luciérnagas que se convierten en pegatinas de luz, marchas, acciones, huelgas–, ha empezado la etapa, quizá ni siquiera buscada, de arder sin llama y si nos preguntáis en dónde estamos, deberemos decir: sucede. Cuando las llamas dejan de existir en mayor o menor medida dependiendo de la hermeticidad del recinto, “todo el ambiente tiene la suficiente presión como para dejar escapar esa presión por las pequeñas aberturas que queden”. ¿Acaso no sentís cómo escapa la presión, acaso no la veis?

El fuego seguirá en estado latente y aumentará la temperatura por arriba del punto de ignición. Quienes miren desde lejos pensarán que no ocurre casi nada, que todo está más o menos controlado, que el aguante es elástico, y la ventaja de la clase dominante, demasiado grande para que pueda acortarse en meses, ni siquiera en años. Si miran desde lejos. Pero si bajan al terreno, si lo pisan, notarán cómo quema.

Todo incendio estructural genera una descarga disruptiva o escalada cataclísmica del fuego a los distintos materiales combustibles. Hace ya mucho que Rilke escribiera: “Querían florecer y florecer es ser bellos; pero nosotros queremos madurar, y madurar significa ser oscuros, y esforzarse”. Hace menos tiempo, en Panfleto para seguir viviendo, Fernando Díaz decía: “Oxidarse violentamente es arder”. Tal vez la mayoría de no­sotros y de nosotras prefiriéramos madurar y no oxidarnos violentamente, pero a veces no basta con preferir no hacerlo.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Participando... ¿es gerundio?

Aprovechando el continuo debate sobre democracia y participación, recojo acá un artículo que ya tiene unos años pero que sigue mostrando una clasificación bastante interesante sobre lo que el autor llama la escalera de participación. Porque no todo lo que metemos en este saco es lo mismo, ni mucho menos... Acá van los escalones:

  1. Manipulación, creando comités conjuntos con la ciudadanía para utilizar esta como coartada.
  2. Terapía, similar a la anterior, creando un entorno dónde la ciudadanía se desahogue pero sin atender a su expresión.
  3. Informativo, estableciendo un canal unidireccional en el que el gobierno facilita información de sus intenciones pero sin dar opción a la réplica.
  4. Consulta, creando un entorno de expresi
    ón de la ciudadanía y atención de la misma, aunque sin expresar un compromiso acerca del tratamiento de sus opiniones.
  5. Apaciguador, aceptando de modo claro propuestas de la ciudadanía que sirvan como muestra de la bondad de las intenciones de la Administración pero sin dejar claro como se toman las decisiones globales
  6. Colaboración, en un proceso de negociación derivado de las demandas ciudadanas pero conducido por la Administración en todos sus ámbitos
  7. Delegación de poder, en el cual los ciudadanos tiene ámbitos cuya opinión prevalece sobre la opinión de la Administración
  8. Control ciudadano, dónde la ciudadanía participa sin tutelaje alguno de la Administración


martes, 7 de mayo de 2013

Los comunes: pasado, presente y futuro


El historiador norteamericano Peter Linebaugh comienza hoy  lunes una gira de charlas que le llevarán por Madrid, Zaragoza y Barcelona para hablar de sus investigaciones sobre los bienes comunes, las formas de acceso a bienes y servicios necesarios para la vida. Linebaugh acaba de publicar en castellano El Manifiesto de la Carta Magna.

Así que este es un buen momento para repasar qué es esto de los bienes comunes, y acá van algunas cosillas sacadas del interesante artículo sobre el tema de la wikipedia, como por ejemplo este vídeo:




Es necesario recordar siempre que esto de los comunes no es algo nuevo ni un invento peregrino, sino una práctica arraigada histórica y geograficamente de maneras muy diversas. Acá va una introducción que hacen los de Madrilonia en Diagonal:

lunes, 6 de mayo de 2013

Sobre crianza, expertos y modelos

Poco puedo decir de esta charla del curso de Crianza, cuidado y comunidad más que me hubiera encantado escucharla hace ya casi tres añitos, cuando Sara se presentó por estas tierras. Más que nada para evitar mareos innecesarios. Aunque bueno, de eso también se aprende, ¿no?

SESIÓN 4: PASE DE MODELOS… DE CRIANZA. by Traficantesdesueños

viernes, 3 de mayo de 2013

Arquitectos insurgentes

Pues sí, esta es la interesante propuesta que lanza David Harvey desde las páginas de su libro Espacios de esperanza, convertirnos en arquitectos insurgentes. Para ello es necesario vencer el pesimismo del "No hay alternativa" y volver a retomar el dinamismo de la utopía que se sueña posible y permite avanzar, lanzándonos así a dialogar con nuestra realidad en todas sus dimensiones para, desde ahí, atrevernos a diseñar otras maneras de ser y estar, otros espacios y tiempos sociales.

Porque una de las ideas más interesantes de este libro (y en general de la obra de este autor) es la apertura hacia la dimensión geográfica, hacia el espacio, como algo esencial en la configuración de lo que somos, y por tanto también de lo que soñamos ser. Así, es necesario entrelazar las propuestas de cambio que se extienden en el tiempo (como es el modelo marxista) con otra
s que nos muestran nuevos espacios y lugares.

Esa, según Harvey, es la tarea del "arquitecto insurgente", ese que se atreve a diseñar su propio destino, la de crear nuevos espacios utópicos enraizados en el lugar y en el tiempo en el que vive, señalando así vías  que permitan escapar de este no-lugar cada vez más atosigante en el que nos encontramos.

jueves, 2 de mayo de 2013

Cuarto y mitad de pizarra

Esto de acompañar el crecimiento de una criatura como Sara te empuja a descubrir continuamente nuevos mundos y enfrentarte a grandes retos. Justamente ahora mismo andamos en medio de uno de ellos, enfrentando la gran incógnita de cuál puede ser la mejor manera de saltar del primer ciclo de educación infantil al segundo. ¿Mejor seguir en la escuela en la que está hasta ahora? ¿O mejor cambiar ya a un colegio donde pueda cursar la primaria, para que la adaptación sea más temprana y (sobre todo) para asegurarle una plaza  (ya que si se hace el cambio a los seis años las cosas se complican porque no hay muchos huecos disponibles)?

Estas grandes cuestiones nos han metido de lleno en diálogos con otras madres y padres, profesoras, familiares varios, visitas a colegios, lecturas de programas educativos de los mismos... ¡Apasionante momento! El problema es que con tanta información, dudas y miedos compartidos, junto con la escasez de certezas propias realmente asentadas, la cosa resulta bastante confusa.

Todavía no hemos sido capaces de decidir nada. Pero sí que van apareciendo algunas claves que a mí me parecen importantes. Lo que más me ha llamado la atención es la diferencia entre unos lugares a otros, no ya tanto en las condiciones, proyectos o actividades concretas, sino en aquello de lo que se sienten orgullos@s en cada lugar. Me parece importante, porque supongo que eso habla de algo que les parece que está en primera línea de las preocupaciones o búsquedas de padres y madres, y que al mismo tiempo queda como algo nuclear en lo que se quiere vivir a nivel educativo en el centro en cuestión.

Lamentablemente, me cuesta reconocer mis búsquedas de cara a la educación de mi hija en los "motivos de orgullo" de varios de estos centros. En uno de ellos, tras una visita de 45 minutos por el mismo me quedé sin saber qué proyecto querían desarrollar con l@s niñ@s; lo único que me quedó claro es la cantidad de pizarras digitales (sigo sin entender muy bien qué es lo que aportan de esencial para que se hable (y se invierta) tanto en ellas) y ordenadores que hay por todos lados, como si eso fuera la garantía suficiente que nos permite no preocuparnos por el resto de dimensiones del desarrollo educativo. Otro tanto me pasa con los centros que te reciben con grandes carteles avisándote de que son bilingües, para que te quedes tranquilo sabiendo que, aprenda lo que aprenda tu hij@, mucho o poco, lo hará en dos idiomas. ¡Fenómeno, no nos cuenten más, que si no nos liamos!

Bien es cierto que hay lugares en los que los "motivos de orgullo" me resuenan más cercanos y llenos de sentido. Aunque luego puedan tener sus defectos y deficiencias, me anima ver como algo que me parece realmente esencial cuidar está en el núcleo de lo que se vive en esos colegios. Así, cuando veo cómo en un lugar se cuida y promueve el contacto con la tierra a través del huerto escolar; o cómo en otro te plantean como algo positivo el que haya 25 nacionalidades diferentes de niñ@s, por toda la riqueza que esta diversidad permite; o cómo se apuesta por el juego como herramienta básica de desarrollo y conocimiento (algo esencial desde mi punto de vista sobre todo en esta edad de 3 a 6 años) frente a las ansias de conseguir resultados y éxitos de aprendizaje lo antes posible; o cómo, sencillamente, se priorizan dinámicas de comunicación y celebración que permiten fomentar entre tod@s l@s niñ@s (y adult@s) del centro la experiencia de ser y vivir la comunidad que forman... De repente me anima descubrir que se sigue apostando, al menos en algunos lugares, por dinámicas que aunque no sean las más reconocidas socialmente, apuntan mucho más lejos que estos "imprescindibles" técnico-lingüisticos que se ofrecen como fachada sin saber qué es lo que se esconde tras ellos.

En el fondo, para mí la clave no es la infraestructura, ni el proyecto o la metodología. Lo único que encuentro realmente esencial es que mi hija pueda tener la oportunidad de crecer en compañía de otr@s, con la mayor diversidad posible para abrirse a las realidades tan diversas que hay en nuestro mundo (sin dejar de lado aquellas más "dolientes"), atreviéndose así desde pequeña a jugar y a descubrir el mundo creando vinculos y ensamblando su vida con la de l@s demás, en un proceso de transformación común y contagiosa.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Haciendo el pato

Un texto a saborear para el día del trabajo, regalo de Eduardo Galeano:

1 de Mayo , día de los trabajadores

Tecnología de vuelo compartido: el primer pato que levanta vuelo abre paso al segundo, que despeja el camino al tercero, y la energía del tercero alza al cuarto, que ayuda al quinto, y el impulso del quinto empuja al sexto, que presta viento al séptimo …

Cuando se cansa , el pato que hace punta baja a la cola de la bandada y deja su lugar a otro, que sube al vértice de esa V que los patos dibujan en el aire. Todos se van turnando , atrás y adelante; y ninguno se cree superpato por volar adelante , ni subpato por marchar atrás.

La justicia y las victimas

Siguiendo con los retos del mundo del derecho, acá va un fragmento de un interesante texto de José Luis Segovia, uno de esos "sabios" en la articulación de vida, compromiso y fratenidad:

De modo mayoritario en el imaginario colectivo, la idea de justicia penal aparece vinculada inexorablemente a la noción de castigo. Tanto que el término "penal" y su derivado "penitenciario" ha acabado pasando del ámbito de cierta teología sacramental al del derecho, en una traducción secularizada de la idea del Dios justiciero que "premia a los buenos y castiga a los malos".
 
El castigo del culpable se tornaba, de este modo, en una auténtica obsesión social que cumplía una serie de funciones simbólicas más que propiamente reales. Por una parte, reconciliaba a la colectividad con la idea de justicia, de otra, pretendía servir de intimidación al culpable y al resto de los potenciales candidatos, finalmente aspiraba a saciar la sed de venganza de la comunidad. Lamentablemente ninguna de estas funciones ha sido efectivamente por el sistema penal.
 
Como dice M. Foucault, primero se castigaron los cuerpos (tormentos, flagelos, galeras, trabajos forzados), después, en un alarde de civilización, se empezó a castigar el alma: surgió la cárcel como respuesta y la privación de libertad como reina de las penas. Sin embargo, castigado cuerpo o alma del culpable, en todo caso se dejaba sin respuesta a quien quedaba en situación de mayor vulnerabilidad: la víctima. Ésta es una mera herramienta –una útil, en cuanto tal, prueba de cargo- al servicio de un proceso ciego las más de las veces. En efecto, por más que se idealice la noción de justicia penal, vinculada al castigo como único fin, acaba ahondando en la condición de víctima tanto de quien ha sufrido el delito como de quien lo cometió, profundizando y cronificando los factores de victimización del uno y del otro. La exclusión social está en la base de no pocos infractores: fundamentalmente jóvenes drogodependientes de la periferia y extranjeros en busca de supervivencia, sin olvidar las minorías étnicas y una no casual sobre-representación de la mujer en la estadística penitenciaria. Las víctimas de los delitos, según reflejan las encuestas de victimización, contrariamente a lo que se cree, se corresponden mayoritariamente a los mismos perfiles.

martes, 30 de abril de 2013

De los derechos humanos a los derechos ciudadanos

Acá va un fragmento de un artículo de Jordi Borja que recoge bien el reto de la actualización de los derechos humanos en el momento actual:

De los derechos simples a los derechos complejos

La tipología de derechos simples heredados por la tradición democrática, tanto liberal como socialista, del siglo XVIII hasta ahora es insuficiente para dar respuesta a las demandas de nuestra época. Para facilitar la comprensión de lo que entendemos por derechos complejos (mejor que decir de cuarta generación) los presentaremos de forma casuística, sin pretender que los siete tipos que exponemos sean los únicos o los más importantes:

Del derecho a la vivienda al derecho a la ciudad. No es suficiente promover viviendas "sociales", ya que puede ser una forma de fabricar áreas de marginalidad. Hay que hacerlas integradas en el tejido urbano, accesibles y visibles, comunicadas y monumentalizadas, en conjuntos o áreas diversas socialmente, con actividades que generen ocupación y servicios. Y sobre todo, con espacio público de calidad.

Del derecho a la educación al derecho a la formación continuada. La educación convencional obligatoria no garantiza la inserción social y profesional. ¡Y tampoco la universitaria! Hay que plantear al derecho universal (es decir, para todos los que lo necesiten) una formación continuada que "ocupe" y "genere" ingresos incluso en los períodos de cambio de actividad o de lugar de trabajo.

Del derecho a la asistencia sanitaria al derecho a la salud y a la seguridad. Las causas que afectan hoy a la salud y al bienestar son múltiples: estrés, drogadicción, accidentes de circulación, alimentación, violencia familiar, delincuencia urbana, etc. El sistema hospitalario y la red de centros asistenciales son importantes, pero es una respuesta muy insuficiente si no se inscriben en un sistema más complejo de prevención, vigilancia, asistencia personalizada y represión de las conductas que afectan a la salud y a la seguridad del conjunto de la ciudadanía.

Del derecho al trabajo al derecho al salario ciudadano. Es cierto que el derecho al trabajo es hoy un derecho "programático", que las autoridades públicas no pueden garantizar, e incluso las políticas públicas son menos eficientes que en el pasado para crear o promover puestos de trabajo. Razón de más para ampliar este derecho hacia el concepto de "salario ciudadano", entendido en cualquiera de las acepciones que se han propuesto actualmente por la doctrina social y económica: salario para todos desde el nacimiento, o solo a partir de la mayoría de edad, o aplicable en períodos de no trabajo, o a cambio de trabajo social, etc.

Del derecho al medio ambiente al derecho a la calidad de vida. El derecho al medio ambiente con frecuencia se entiende exclusivamente desde una perspectiva preservacionista y de sostenibilidad. La calidad de vida va mucho más allá. Entiende el medio como protección, recalificación y uso social no solamente del medio natural, también del patrimonio físico y cultural. Y la calidad de vida como posibilidad de desarrollarse según las orientaciones personales de cada uno, puede incluir derechos tan diversos como la privacidad, la belleza, la movilidad, la lengua y la cultura propias, el acceso fácil a la administración, etc.

Del derecho a un status jurídico igualitario al derecho a la inserción social, cultural y política. Es evidente, y lo hemos tratado antes, que no han desaparecido las exclusiones legales. El solo hecho de que haya una ley de extranjería ya es una prueba de la existencia de una población discriminada, y la aceptación tácita de población "sin papeles" (para facilitar su sobrexplotación) un escándalo de "capitis diminutio" legal hacia un sector cada vez más importante de la población. Pero unificar, igualar el estatus legal de todas las poblaciones que conviven en un territorio, es importantísimo. Pero no suficiente. Hacen falta políticas de acción positiva para promover la inserción y el reconocimiento social de las poblaciones discriminadas, las de origen extranjero, pero también las que sufren algunas deficiencias o handicaps físicos o mentales, los niños, o los ancianos, etc.

De los derechos electorales al derecho a una participación política múltiple, deliberativa, diferenciada territorialmente, con diversidad de procedimientos y mediante actores e instrumentos diversos. Es una paradoja que al mismo tiempo que todo el mundo reconoce la devaluación de los parlamentos y otras asambleas representativas en tanto que las instituciones de gobierno y de bajo nivel de prestigio de los partidos políticos, nuestras democracias otorguen casi el monopolio, o en todo caso el rol principal sobre cualquier otro, a la participación política mediante elecciones de asambleas y partidos políticos. Actualmente hay un desfase entre una doctrina y múltiples prácticas sociales de democracia participativa, deliberativa, directa, etc. Y la resistencia de las instituciones políticas y de los partidos con representación en los órganos de poder para legalizar y generalizar formas de participación política más ricas que las estrictamente electorales.

Todos los derechos citados implican, evidentemente, los deberes correspondientes por parte de sus titulares, sin los cuales los derechos pierden eficacia para el conjunto de la ciudadanía. El derecho a la ciudad supone el civismo y la tolerancia en el espacio público, el derecho a la formación continuada supone el esfuerzo individual para asumirla, el derecho a la calidad de vida supone un conjunto de comportamientos para respetar el derecho de los demás, etc.

Para una visión más global del tema, consultar aquí.

lunes, 29 de abril de 2013

Goteando

Hay proyectos que merece la pena apoyar, o al menos me lo parece por cercanía tanto física como social y política a ellos... Acá van un par:



domingo, 28 de abril de 2013

El reto del Cruce de Saberes

Ya pasaron las jornadas que organizamos sobre el Cruce de Saberes como herramienta para la transformación social contando con el conocimiento de quienes viven en la pobreza. No fueron actos multitudinarios, pero en todos ellos aparecieron elementos importantes, y yo me fui con la sensación de haber aprendido mucho y a muy diferentes niveles. Pero más allá de toda la información compartida, de todos los ejemplos e ideas que se pusieron sobre la mesa, lo que más me movilizó fue el encontrar, en cada una de las presentaciones que se hicieron, algunas cuestiones de fondo que no podemos esconder (aunque es la práctica habitual por lo costoso de mantenerlas a la vista) si realmente queremos ser sinceros en nuestro compromiso por construir una alternativa social que no deje a nadie fuera.

¿Cómo no dejarnos llevar por la búsqueda de resultados, rescatando la prioridad de crear las condiciones necesarias para un trabajo colectivo a largo plazo con quienes viven situaciones más difíciles? ¿Qué supone en nuestras prácticas el plantearnos qué ganan con ellas no solo l@s más dinámic@s, sino quienes más dificultades tienen? ¿Cómo permitirnos descubrir la dimensión de ser compañeros, compartiendo objetivos, seguridades, riesgos y beneficios del proceso colectivo, entre personas de orígenes y situaciones vitales tan diferentes?

... Y la lista podría seguir y seguir...

Acá va una de las presentaciones, por si alguien quiere "enredarse" en estas (y tantas otras) cuestiones:

miércoles, 24 de abril de 2013

El día del libro dejó por acá algunas cosas...

... que he podido disfrutar con Sara y creo que hay que recomendar, para que quién pueda se asome a esto que son más que historias, más que cuentos, invitaciones a dejarse llevar por la imaginación gamberra...

Uno de los libros disfrutados ha sido justamente ese, "Un libro", de Hervé Tullet, sencillamente genial en su propuesta de viaje y juego:



Como segundo plato,  "Si un dia juntásemos todas las camas del mundo", de Felix Albo y Marta Lanzón, una histórica propuesta de solidaridad muy bien ilustrada (en todos los sentidos).

Y el último, un libro sencillo y cautivador de Hiawyn Oram y Satoshi Kitamura, "En el desván". Pero como ese libro en concreto no lo encuentro por la nube, acá va otro que permite asomarse a lo que estos dos autores pueden hacer juntos:



 De regalo, una obra de Satoshi Kitamura en solitario "Yo y mi gato".

A disfrutar...

domingo, 21 de abril de 2013

El vacío, los ausentes...

Nos molesta su no-presencia.

Nos incomoda por lo que cuestiona,
por las griestas que abre a nuestro alrededor 
y en el nosotros que vamos construyendo.

Nos tensa el esfuerzo
de mirar hacia fuera, 
hacia atrás,
al espacio vacío que se abre 
entre el sueño y la realidad.
Nos agota buscarles.

Son los ausentes.

Los que no están 
porque no les hemos invitado,
porque no hemos sabido
entreabrir de verdad la puerta de entrada.

Son los que nos obligan
a salir al encuentro 
de nuevas verdades comunes.

Los ausentes.

Quienes nos fuerzan a seguir en marcha.