lunes, 12 de diciembre de 2011

Frente a la inseguridad

Completando la entrada anterior sobre Desigualdades y extrañ@s, acá va otro extracto del libro de Bauman, "Daños colaterales. Desigualdades sociales en la era global" que radiografía muy claramente como el tema de la seguridad y la inseguridad se ha convertido en la piedra filosofal para el poder institucional. 


"La vulnerabilidad y la incertidumbre de los seres humanos es el fundamento de todo poder político. Los poderes reclaman para sí la autoridad y la obediencia prometiendo a sus súbditos una protección efectiva contra estos dos flagelos de la condición hu­mana.

(…)

En la mayoría de las sociedades modernas, la vulnerabilidad y la inseguridad de la existencia, así como la necesidad de ir tras los objetivos personales en condiciones de aguda e irredimible incerti­dumbre, se aseguraron desde el comienzo mediante la exposición de las actividades vitales a las caprichosas fuerzas del mercado. Aparte de proteger las libertades del mercado y en ocasiones ayu­dar a resucitar el vigor declinante de las fuerzas mercantiles, el po­der político no tenía necesidad de interferir. Cuando exigía a sus súbditos la obediencia y el acatamiento de la ley, podía apoyar su legitimidad en la promesa de mitigar el alcance de las ya existentes vulnerabilidad e incertidumbre de las personas: limitar los daños y perjuicios perpetrados por el libre juego de las fuerzas del mer­cado, proteger a los vulnerables contra golpes mortales o excesiva­mente dolorosos, y asegurarlos contra al menos algunos riesgos de los muchos que necesariamente entraña la libre competencia. Tal legitimación halló su expresión suprema en la autodefinición de la forma gubernamental moderna como "Estado de bienestar".

Esa fórmula de poder político está hoy perdiéndose en el pa­sado. Las instituciones del "Estado del bienestar" van desmantelándose y desfasándose de forma progresiva, mientras, se retiran una por una las restricciones antes impuestas a las actividades comerciales y al libre juego de la competencia mercantil, con sus ne­fastas consecuencias. Las funciones protectoras del Estado se res­tringen a una pequeña minoría inempleable e inválida, aunque incluso esa minoría tiende a ser reclasificada de "objeto de asisten­cia social" a "objeto de la ley y el orden": la incapacidad para par­ticipar en el juego del mercado se criminaliza cada vez más. El Es­tado se lava las manos con respecto a la vulnerabilidad y la incertidumbre ocasionadas por la lógica (o la ilógica) del libre mer­cado, redefiniéndolas como errores y asuntos privados, problemas con los que tienen que lidiar y deben sobrellevar los individuos valiéndose de sus propios recursos. Tal como lo enuncia Ulrich Beck, ahora se espera que los individuos busquen soluciones bio­gráficas a las contradicciones sistémicas.

(…)

Una vez que hubo renunciado a su anterior interferencia programática en la inseguridad causada por el mercado (…) el Estado contemporáneo debió buscar otras variedades -no económicas- de vulnerabilidad e incerti­dumbre en las cuales apoyar su legitimidad. Esta alternativa, al parecer, ha sido identificada ahora (…) con el problema de la seguridad personal: las amena­zas a los cuerpos, a las posesiones y a los hábitats humanos, originadas en actividades delictivas, en la conducta antisocial de las "clases marginales" y, en tiempos más recientes, tanto en el te­rrorismo global como -cada vez más- en los "inmigrantes ilegales”.  A diferencia de la inseguridad causada por el mercado, que en todo caso es claramente visible y obvia en lo que respecta a su alivio, esta inseguridad alternativa con la que el Estado procura restaurar su perdido monopolio de la redención necesita apunta­lamiento artificial, o al menos una gran dramatización, para inspi­rar suficiente "miedo oficial" y al mismo tiempo eclipsar o relegar a una posición secundaria la inseguridad de origen económico, acerca de la cual el Estado no puede -ni desea- hacer nada."

1 comentario:

Diego Escribano C. dijo...

Muy lúcidos los extractos que destacas